La Criolla celebró de 50 años de historia

El pasado sábado 17 de octubre se llevó a cabo el aniversario de “La Criolla”, un ícono de la ciudad de Miramar.

Sus orígenes tiene una historia que refleja dedicación, compromiso y sobre todo, un esfuerzo familiar que pasó de generación en generación. Estuvimos dialogando en exclusiva con Matías Kloster, quién nos compartió los comienzos de lo que hoy se convierte en uno de los lugares más tradicionales de la ciudad “ La criolla nace por mi abuelo, quién a raíz de la compra de una casa quinta, a 5 cuadras de la criolla. Mis padres, él alemán, estudiante de sacerdote y ella francesa se enamoraron, él abandonó todo por ella  y  años posteriores deciden venir a vivir a la ciudad escapando de la dictadura.  Ya estado acá se pusieron a pensar en qué podían realizar. En principio fundan el vivero ( La Criolla), llamada así por el nombre que tenía la estancia originalmente y se mantuvo porque era como un referente, una estancia muy conocida”.

Destacó la labor que se realizó , expresó “ mi padre comienza a forestar todo, todos los que conocemos el lugar fue completamente plantado por mi padre, de ahí a que este verdor, este Edén, este paraíso es totalmente suyo”. Además  destacó el desempeño y la experiencia que fue adquiriendo con el paso de los años “con el tiempo mi papá fue capacitándose, contactando viveros de la zona, él se hizo muy conocido como paisajista y vendedor de plantas. Mi papá como pasaba todo el día acá se hizo un horno de barro, para también realizar uno de sus hobbies que era la repostería. Algo que adquirió en el monasterio. Cuando comenzó a hacer sus producciones, la gente venía a comprar plantas y el aroma las tortas se inundaba en la criolla”

Fue así como entrelazó el habito de la repostería que había aprendido en el monasterio, con la realización de strudel, como así el pan de miel alemán, Matías recordó “como cocinaba muy rico y delicioso comenzaron a encargarle, pan de miel y otras tortas. Y la gente cuando venía decía que hermoso, que rico.. que encantaría tomarlo bajo unos arboles y ahí empezó la idea de combinar la repostería con el vivero, yo era chiquito y pusimos unas mesas de madera y de troncos, alguna que otra silla plástica y con vajillas descartables le  ofrecimos a la gente una repostería para que comieran acá en la criolla”

También nos contó uno de los secretos que marca un legado, el té, expresó “mi papá al querer ofrecer algo para acompañar recurrió a sus hierbas aromáticas que tenía plantadas, puso cedrón, melisa, malva rosa, romero, cascara de naranja e hizo una infusión y es nuestro clásico té de la criolla que hasta el día de hoy seguimos ofreciendo en jarras de vidrio para que se aprecien las diferentes hiervas en su interior”

Con el paso del tiempo la gente y los turistas frecuentaban con más regularidad el lugar y fue así como en el año 1998 construyeron el quincho, con la idea de recibir a los visitantes brindándole mayor comodidad “ en ese año construimos el quincho y decido plantar tres mil mioporos, para ofrecer no solo el té, sino también un lugar donde puedan venir a disfrutar con los niños. Construimos el laberinto con el mirador para otorgar los premios de llegada”.

En un momento el vivero dejó de ser una opción que podían seguir sosteniendo debido a los pedidos de plantas fuera de épocas estacionales, por lo cual se dedicaron al quincho y a la casa de té. Con el paso del tiempo, Matías pensó que debía ofrecer otro servicio entonces comenzó la idea de la parrilla “ Desde pandemia que vengo haciendo el proyecto, se me ocurrió incluir parrilla al carbón, para que tengan otra opción. Ampliamos el quincho, separamos las cocinas para que no haya mezcla de olores, diferenciando la de repostería de la de carnes y parrilla”.

Destacamos que es un negocio familiar, con una historia muy bonita de mucho trabajo que hasta el día de hoy continua la labor familiar ofreciéndole servicio de calidad no solo a los visitantes sino a los residentes de nuestra ciudad. Matías recordó a toda su familia Kloster,  pero destacó “Hoy en día papá tiene 84 años y sigue haciendo sus tortas con la misma dedicación y sigue con el mismo entusiasmo en su paraíso, lo vemos con la pala, rastrillando y plantando flores. Es el alma del lugar; papá siempre destaca el molino, un lugar importante que provee de agua y tenemos estanque con peces, es otro de los atractivos que tiene la criolla”.