Detrás de cada vianda hay mucho más que comida: hay tiempo, hay dedicación y una comunidad que elige no mirar hacia otro lado. En General Alvarado, la “Noche de la Caridad” acompaña cada semana a cientos de personas que atraviesan situaciones difíciles. Con el compromiso de sus voluntarios y la solidaridad de los vecinos, la iniciativa busca sostener una tarea que se vuelve cada vez más necesaria. Araceli, una de las referentes, le contó a “El Argentino” cómo nació este servicio, qué realidad encuentran hoy y por qué la colaboración de la comunidad es fundamental para seguir adelante.
-¿Cómo nació la Noche de la Caridad y cómo fue creciendo a lo largo de los años?
Nació a partir de la inquietud y la mirada de nuestra comunidad parroquial al ver a hermanos que atravesaban situaciones difíciles. Inspirados en las iniciativas de la diócesis y en el llamado a salir al encuentro del prójimo, comenzamos cocinando pequeñas cantidades de comida y llevando un plato caliente dos veces por semana.
A lo largo de los años, el servicio se fue organizando y consolidando. Pasamos de ser unos pocos que cocinábamos de manera aislada a conformar equipos fijos de cocina, armado de viandas y recorridas nocturnas por los distintos barrios de la ciudad.
¿Cuántas personas asisten hoy y cómo cambió la demanda en el último tiempo?
Actualmente, entregamos alrededor de 600 viandas semanales. La realidad social ha mostrado una transformación evidente en la demanda. Mientras que en otras etapas la ayuda se concentraba en hogares con viviendas muy precarias y sin acceso a los alimentos básicos, hoy la crisis impacta de lleno en personas y familias que, aun teniendo una vivienda o un empleo informal, o percibiendo una jubilación, no logran llegar a fin de mes ni asegurar la comida diaria.
Se ha incrementado la cantidad de vecinos que solicitan asistencia de manera continua y no solamente ante una necesidad puntual.
¿Qué tipo de ayuda brindan, además de la entrega de comida? ¿Cuántos voluntarios participan?
Nuestra labor no se limita a entregar un plato de comida caliente. Brindamos una asistencia integral junto con Cáritas, que incluye abrigo, calzado, frazadas, camperas, ropa y algunos muebles.
La escucha y la compañía son pilares fundamentales de nuestro trabajo. Dedicamos tiempo a conversar, escuchar sus historias, brindar contención emocional y hacer que las personas se sientan valoradas y queridas por la comunidad.
También acompañamos en la realización de trámites, articulamos con los servicios de salud cuando es necesario y ofrecemos contención pastoral.
Contamos con aproximadamente entre 40 y 50 voluntarios activos, distribuidos en distintas tareas: cocina, reparto de viandas, recepción de donaciones y Cáritas.
¿Cómo se sostienen económicamente y cuáles son las principales dificultades que enfrentan?
Nos sostenemos gracias a la providencia y a la solidaridad de la comunidad.
Recibimos donaciones directas de la comunidad parroquial de San Andrés, como alimentos no perecederos, verduras y carnes. También organizamos colectas especiales durante las misas y participamos en eventos y ferias a beneficio. A esto se suman los aportes de comerciantes y productores locales, como panaderías, verdulerías y carnicerías, que colaboran semanalmente.
Una de las principales dificultades es la inflación y el aumento de los costos de la mercadería. Los precios de los alimentos frescos, como la carne, el pollo y las verduras, así como los de los recipientes que utilizamos para entregar las viandas, hacen cada vez más difícil sostener esta tarea.
¿Hay alguna experiencia o historia que los haya marcado especialmente?
Nos marca profundamente ver cómo la escucha y el respeto pueden transformar vidas.
A través del vínculo que construimos durante las recorridas de la Noche de la Caridad, las personas no solo reciben un plato de comida. También encontramos historias en las que alguien pasa de la desesperanza a recuperar su dignidad y volver a integrarse a la vida comunitaria. Acompañar esos procesos es una de las mayores bendiciones y el motor que impulsa nuestro servicio.
¿Cómo se articulan con Cáritas, el Municipio y otras instituciones para acompañar a las personas en situación de vulnerabilidad?
Trabajamos de manera coordinada para aprovechar mejor los recursos disponibles y evitar duplicar esfuerzos.
Con Cáritas Parroquial San Andrés mantenemos un vínculo estrecho. Cáritas aporta alimentos secos, ropa del ropero comunitario y coordina la asistencia con mercadería mensual a las familias que lo necesitan.
Con el Municipio de General Alvarado, a través de las áreas de Desarrollo Humano y Salud, articulamos la atención de casos de extrema vulnerabilidad médica y de emergencias habitacionales, para que puedan intervenir los trabajadores sociales y las áreas correspondientes.
También mantenemos comunicación con otras capillas y redes diocesanas para compartir criterios de atención y canalizar donaciones extraordinarias.
¿Cómo puede colaborar la comunidad y qué donaciones necesitan actualmente?
Toda ayuda es muy valiosa para que la luz de la caridad siga encendida.
Entre los alimentos que más necesitamos se encuentran la carne picada, el pollo y las verduras, especialmente papas, cebollas, zapallos y zanahorias. También necesitamos alimentos secos, como tallarines, arroz, lentejas, salsa de tomate y aceite, además de recipientes descartables y bandejas térmicas para entregar las viandas.
Otra forma de colaborar es sumándose como voluntario y participando en las recorridas nocturnas.
Las donaciones se pueden acercar a la Parroquia San Andrés Apóstol de Miramar o a la Casa Papa Francisco, ubicada en calle 60 entre 9 y 11, los lunes, miércoles y viernes de 15 a 18.
También pueden comunicarse por WhatsApp al 2291 517481 o contactarse con la secretaría parroquial durante sus horarios de atención.










