Con 22 años y una tradición familiar ligada a la gastronomía, Juana Sosa abrió La Dolce Vita

La gastronomía forma parte de la historia de Juana Sosa desde que era chica. Perteneciente a la familia de “El Pescador Romano”, uno de los clásicos gastronómicos de Miramar, creció entre cocinas, mozos y el movimiento del restaurante. Con formación en Tecnicatura en Servicios Gastronómicos y Pastelería y una marcada inclinación por la repostería y la cafetería, decidió tomar ese legado familiar y darle su propia impronta. Así nació La Dolce Vita, una nueva cafetería y pastelería que recientemente abrió sus puertas en calle 22 N° 1022, una esquina cargada de historia y con el desafío de construir su propia identidad.

La idea comenzó a tomar forma mientras Juana todavía estudiaba. En aquel momento tenía un pequeño emprendimiento de postres que realizaba por delivery y que le permitió comenzar a experimentar con aquello que realmente disfrutaba: la repostería y la pastelería. Con el tiempo, aquella experiencia fue creciendo hasta convertirse en el proyecto que hoy lleva adelante.

Un desafío a los 22 años

Estar al frente de un negocio propio siendo tan joven es, naturalmente, uno de los mayores desafíos. Si bien Juana cuenta con experiencia dentro del rubro, reconoce que abrir un establecimiento propio implica enfrentarse a situaciones nuevas todos los días.

“Para mí siempre el café fue un sueño. Como que todavía no llego a verlo como un trabajo, quizá. Lo más desafiante es la poca experiencia, porque tengo 22 años. Fue entrar a todo un mundo nuevo e ir aprendiendo”, explica.

Su recorrido, sin embargo, comenzó mucho antes de “La Dolce Vita”. Dentro de “El Pescador Romano” pasó por diferentes tareas y conoció de cerca el funcionamiento de un restaurante.

“He estado en la cocina, he estado de moza, he sido jefa de mozas. Y a mí lo que más me importa, más allá de la experiencia, es la buena atención, que sean simpáticos y estén predispuestos. Después se aprende todo, como yo también estoy aprendiendo”, señala.

Esa experiencia también fue importante al momento de formar el equipo que hoy acompaña el funcionamiento del café. Juana decidió asumir personalmente la búsqueda de trabajadores y recurrió principalmente a las redes sociales para recibir currículums y conocer a quienes podían formar parte del proyecto.

“Fui yo. Ahora se usan mucho las redes, así que empecé a ver currículums, a probar y a ver cómo fluía. Y por suerte va todo bastante bien”, cuenta.

En ese proceso, el acompañamiento familiar también estuvo presente. No solamente como parte de una tradición gastronómica, sino como una guía para una joven que decidió dar un paso importante por cuenta propia.

Una propuesta con foco en la pastelería

Quienes llegan a “La Dolce Vita” encuentran una propuesta que combina cafetería tradicional, pastelería, laminados y opciones de brunch. Entre los productos que Juana recomienda especialmente están los laminados, elaboraciones que requieren técnica y varias horas de trabajo.

“Yo recomiendo los laminados. Son un producto que lleva mucho trabajo y mucha dedicación y, la verdad, le ponemos mucho empeño para que sean de calidad”, destaca.

La oferta incluye croissants, panes de chocolate, panes suizos, entre otras opciones de pastelería de inspiración francesa.

En cuanto al café, el local trabaja con la línea Cabrales y no apunta específicamente al café de especialidad. La intención es ofrecer una cafetería tradicional, pero acompañada por productos cuya elaboración requiere tiempo y dedicación.

“Seguimos haciendo una cafetería tradicional, pero con productos que son de elaboración propia, a los que se les dedica mucho tiempo y mucho amor”, explica.

Para Juana, justamente allí está una de las principales características de “La Dolce Vita”. No se trata solamente de sumar productos a una carta, sino de cuidar el proceso detrás de cada uno.

“Cuando no hacés las cosas solamente como un trabajo, el resultado es distinto, porque llevan mucha dedicación, mucho empeño y mucho aprendizaje. A cada producto se le dedica un proceso, un tiempo, y nos fijamos en eso más que nada: en la calidad”, sostiene.

Una nueva propuesta para Miramar

Dolce Vita desembarca en una ciudad donde durante los últimos años comenzaron a multiplicarse las propuestas gastronómicas y, especialmente, los espacios vinculados al café y la pastelería.

Pero la apuesta tiene además un componente que va más allá del negocio: la decisión de continuar emprendiendo en Miramar.

La respuesta de los primeros días fue una de las grandes sorpresas para Juana. Tanto vecinos como visitantes se acercaron al nuevo espacio y, según cuenta, hubo un comentario que se repitió especialmente.

“A mí lo que más me gusta es que la gente se va muy contenta y todo el mundo te dice: ‘Cómo se nota que hay mucho amor atrás de todo esto’”, relata.

Para ella, esa devolución tiene un valor especial. También destaca que muchos vecinos reciben con entusiasmo que jóvenes de la ciudad decidan invertir y desarrollar nuevos proyectos gastronómicos sin tener que buscar oportunidades en otros lugares.

“La gente se pone muy contenta de que se siga apostando un poco por la gastronomía de Miramar”, afirma.

Un sueño que recién comienza

Aunque el local acaba de abrir sus puertas, Juana ya tiene algunas ideas para los próximos meses. Con la llegada del verano, uno de sus objetivos es ampliar el horario de atención y mantener el espacio activo durante todo el día.

“Para la temporada mi idea es estar todo el día y quizá, si Dios quiere y si todo sale bien, sumar algunos tragos a la noche o estirar el horario hasta las 12, porque el verano hay que aprovecharlo”, adelanta.

También piensa en desarrollar otras áreas vinculadas con la pastelería y organizar eventos. Más que multiplicar locales, su intención es hacer crecer el proyecto desde el lugar que hoy ocupa y convertirlo, con el tiempo, en una referencia dentro de la gastronomía de la ciudad.

“No sé si tener más sucursales, porque uno tiene su lugarcito y acá está todo. Mi sueño sería hacer eventos, expandir toda el área de pastelería y poder hacer que, como mi familia tiene El Pescador Romano, Dolce Vita en algún momento pueda llegar a ser un lugar emblemático en la ciudad”, expresa.

La frase refleja también el vínculo entre el nuevo proyecto y una historia familiar ligada durante décadas a la gastronomía local. Juana eligió continuar dentro de ese mundo, pero encontró en la pastelería y la cafetería su propia manera de hacerlo.

Ahora, con “La Dolce Vita” ya en marcha, el desafío será seguir aprendiendo, consolidar una identidad y lograr que aquella idea que comenzó con postres por delivery pueda convertirse en un nuevo clásico de Miramar.

La invitación para quienes todavía no conocen el lugar es parte de ese mismo espíritu con el que nació el proyecto.

“Me encantaría que vengan a conocer. Esto, más allá de un trabajo, es un sueño que tiene mucha dedicación y mucho amor, y me encantaría compartirlo con la gente”, finaliza.

Instagram: dolcevitabakerys