“Un dilema de continuidad”

Hay cansancio sobre todo por la falta de resolución de problemas que deberían estar resueltos desde hace mucho tiempo. Los problemas están allí porque nadie tomó la decisión de empezar a resolverlos. Eso implica que una gestión esta desgastada. Hay que ser muy equilibrado en el análisis porque ha habido muchas cosas “buenas” en Gral. Alvarado, en estos últimos años como el desarrollo del sistema de salud pública que aún no es capaz de sostener las necesidades en materia de atención a los pacientes en su totalidad, y que no se sabe porque extraña razón tampoco logra sostener en el tiempo el cargo de un Director de Salud. El desarrollo turístico cultural que lejos está de ser políticas de estado a largo plazo, ya que solo parecen pequeñas improvisaciones que hacen cada año nuestra localidad pueda competir con otras ciudades turísticas. Otro punto a destacar es la falta de resolución a problemáticas de infraestructura que implique una eficiente prestación de los servicios públicos en distintos barrios de nuestra ciudad como en las localidades de Mar del Sud, Otamendi y Mechongué, además del transporte, la seguridad, la falta de inversión y la falta de trabajo. El cambio no viene por un espacio político o un candidato, viene por la sana rebeldía que va naciendo en cada Alvaradense, que dice: “saltemos a la conquista de eso que nos falta”, “concretemos estas cosas que están allí sin resolución”. Esto solo se podrá demostrar, si se quiere empezar a recorrer un rumbo de cambio en el distrito. Lo importante hoy es cuál es el aporte que podemos hacer para dejarles a nuestros hijos un distrito mejor. Desde que lugar podemos hacer ese aporte y ese aporte nunca puede venir solamente de quien tiene un objetivo individual. En ningún lugar está escrito que todos estos problemas que tenemos en Gral. Alvarado, no se puedan resolver. Si las autoridades municipales cumplieran su labor con eficacia, el número de descontento ciudadano disminuiría significativamente. En realidad, es una apreciación que forma parte del sentido común imperante y que responde en gran medida a los altos niveles de desconfianza social existentes, al escepticismo frente a la falta de legitimidad de una buena gestión por parte del Ejecutivo. No existe un soporte colectivo del Estado local, capaz de prever la emergencia de conflictos y solucionarlos rápidamente una vez que estos aparecen. Las largas esperas para resolver la crisis que día a día se sufren muestran eso. Frente a tales vacíos la candente coyuntura de una gestión de más de 15 años está llevando a la gestión actual, a tomar cartas en el asunto e idear alguna solución al paso, improvisada, sin que se corrijan los aspectos reales en los cuales están fallando.