“Soy uno de ustedes”

Años atrás, en la columna del 8 de septiembre de 2011, me refería al director de cine Ermanno Olmi quien se denominaba “aspirante cristiano”. Omi, una figura entrañable del cine contemporáneo, falleció el año pasado.
Pero, mas allá de sus numerosas películas, no sé si como trabajo póstumo, nos ha dejado una película sobre la figura del cardenal Martini (Marcos Garzonio, Vedete, sono uno di voi”, Ancara, Milane, 2017,92 p.).
Guiado por otro eximio representante de lo mejor de la cultura italiana, vuelve a los temas fundamentales del docu-film del mismo título que es un retrato personal del cardenal, figura emblemática no solo de la Iglesia.
Dice la tapa que “el ojo de Olmi nos revele a un Martini sorprendente”.
“Hice un film sobre Martini porque cada capítulo de su vida representa la ocasión de revivir un capitulo de nuestra propia existencia” confiesa Olmi y, más adelante, que el cardenal “no ha sido solamente un sacerdote sino también un cuidado por su sentido de la fe, la concretes de las necesidades y el realismo de las personas junto a las cuales ha caminado”.
Olmi ya, en 1963, había dirigido una película sobre Juan XXIII, en el momento de su partida (“E venne un uomo”, titulo sacado del prólogo del evangelio de San Juan: “apareció un hombre enviado por Dios”). Confiesa que si bien fue recibido elogiosamente no despertó demasiado entusiasmo.

Atravesar los tiempos oscuros
Sí fue Pier Paolo Pasolini quien le hizo ver que el anciano papa había dado vuelta a todas las estrategias políticas o religiosas y había contribuido a rediseñar las relaciones de fuerza entre los protagonistas de la política y la religión”. Me hacia acordar que, entre nosotros, la película documental de Carmen Guari ni y Marcelo Céspedes, “Jaime de Nevares: último viaje” tuvo más llegada a personas e instituciones no relacionadas con la Iglesia.
Interesante la relación que Olmi establece entre Roncalli y Martini: “Roncalli y Martini tuvieron la capacidad de atravesar los tiempos oscuros sin dejarse contagiar de los aspectos negativos sino llegando a su dimensión interior”. Además, no quiso utilizar otro material que el mismo “Diario del alma” que había escrito el papa. Cuatro años le insumió la realización de esta película. No es un relato hagiográfico sino que ha preferido contar al hombre y al sacerdote. “Un recuerdo personal a la vez que una evocación de los momentos dramáticos de la historia nacional”. Unas palabras del cardenal lo iluminaron: “la historia de la salvación es la del vuelco de las situaciones” porque definen los cambios y las fracturas de los últimos decenios”
Recorre la vida del cardenal desatento+ los nudos y las características de las ciudades en las que ha transcurrido su vida: Turín, Roma, Milán y Jerusalén. Habla Olmi del embarazo que le ocasionaba verlo cuando lo escuchaba porque sentía que Martini expresaba “todo lo que tenía que aprender”

Esperar contra toda esperanza
Hacía tiempo que no encontraba un texto tan intenso. Hay lecturas que tienen la fuerza de poner color a la opacidad de los días.+
No es casualidad porque las películas de este director fueron bautismales en mi etapa romana (llegue en los tiempos que el festival de Venecia lo habrá consagrado por su película “Il posto” que fue como una clarinada profética para una sociedad que se instalaba en la molicie del “benessere”).Ahora, este docu-fil e ha hecho nacer a inmuebles vivencias.
Comprobar, entre ellas, cómo un obispo puede llegar tan adentro de su pueblo. En este caso del adentro de alguien tan sensible como el director pero también que muchas de las intuiciones que continuamente derrama el papa Francisco conforman un todo con aquel discurso de la luna que enloqueció a los romanos la noche del 11 de octubre de 1962.
Relacionar, con mucha emoción, con mucha emoción, con lo que hemos vivido en Mar del Plata al oir al nuevo obispo, decir y hacer lo mismo que Martini: “soy uno de ustedes”…
Marco Garzonio cuenta que cuando presentaron en la cárcel de San Vittore la película escribió una crónica y se la mandó a Olmi. Le ponía: “con los vientos de guerra, de miedo, de insensatez, de indiferencia que soplan inquietantes hago mío lo que escribió Romano Guardini en “El Señor”: “esta desgarrada, destruida, aniquilada sobre la cruz de he despertado y vuelve a latir de nuevo”. Esto es, volvamos a palpitar de nuevo, la vida continua, continuemos sin rendirnos a vivir, a amar, a esperar, a trabajar”. Cuenta que Olmi le respondió con una tarjeta en que un instructor enseñaba a dos esquiadores, que decía: “ni la nieve es la mía, ¿Cómo lo van a ser los hombres?”

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