Para caminar juntos

Presbitero - Hugo Walter Segovia

Presbitero Hugo Walter Segovia

Habían pasado tres años de la clausura del Concilio Vaticano II y el viento de ese segundo Pentecostés llegaba a las comunidades. Pablo VI les decía a los obispos italianos que procurasen que no todo iba a seguir siendo igual sino que dejaran actuar al Espíritu Santo.

El Concilio había significado un rejuvenecimiento de la Iglesia, mucho más profundo que un simple adecuarse a los tiempos. La palabra clave para entender lo que estaba sucediendo fue aquella, “aggiornamento”, con la cual lo definió aquel joven de 80 años que fue Juan XXIII.

En Mar del Plata, también ella diócesis nueva, cuyo obispo había sido Padre conciliar y después promotor inteligente y entusiasta del Concilio, un grupo de sacerdotes tuvo la idea de llevar a cabo un encuentro juvenil con características propias. También había tenido lugar en Medellín una rotunda definición de la Iglesia del continente de lo que se llamo “la opción por los jóvenes” en intima relación con aquella opción primordial por los pobres. Eran los tiempos de un arrollador protagonismo de aquellos que no querían “ni que los retasen ni que les gritasen” como tantas veces se oyó.

Surgió así lo que, con la jerga de la década de los 60 se llamo “Invasión de pueblos”.
Desde 1968 hasta ahora se han ido realizando sin interrupción en las diversas ciudades y localidades de la diócesis. Cada año, con el despertar de la primavera, son “invadidos” los rincones de la diócesis, estos 22,895 km2 que la componen, sin olvidar que esa primavera Invasión tuvo lugar en Maipú que en 1980 entro a formar parte, junto con otras ciudades, de la nueva diócesis de Chascomús

De invasión Al sinodo
Quiero recordar la que tuvo lugar en Miramar (1987) dado que la llegada de un Vicario parroquial, el Padre Alejandro Martínez, facilito hacerlo. Imposible no recordar a aquellos más de 800 chicos y entre tantas experiencias, una creación en la playa justo el día de San Francisco de Asís como el momento de plantar un árbol, cerca de la gruta de Lourdes, con tierra de cada uno de los lugares de donde habían llegado los participantes.
La Invasión de 2018 se hizo en la ciudad episcopal donde fueron recibidos por las parroquias y en la cual hicieron sentir su presencia. El cardenal Martini decía que “era necesario aprender a leer la ciudad con ojos caritativos, pacientes, misericordiosos, cordiales y propositivos”.

El acto central de Invasión 50 fue el lanzamiento del primer Sínodo Diocesano tal cual, en la fiesta de Corpus Christi, el obispo había invitado a participar. Sin duda que esta coincidencia marca un momento de enorme fuerza para la Iglesia de Dios peregrina en Mar del Plata.

Hablábamos de ese “Dios joven que siempre se renueva” tal cual el joven filosofo Thomas Leonocini cuenta que, al oírlo de labios del papa Francisco, le llego con fuerza inusitada en un dialogo valiente, intimo y directo. La Iglesia de Jesucristo debe hacer visible esa “dulce y gozosa experiencia de anunciar a Jesucristo” y hacerlo desde su propia identidad y con su propia mirada.

Esta intuición de embarcar a la diócesis a su primer Sinoso y contarla en la fiesta del cincuentenario de esta experiencia de pastoral de juventud, es también expresión de esa “encíclica de los gestos” de cuya elocuencia mucho se ha hablado. Sin olvidar que, pocos días antes, el 15 de septiembre, también monseñor Mestre había cumplido sus-y nuestros-50 años

Una Iglesia Sinodal
En una colorida celebración en el Estadio Polideportivo y hasta con la participación de los dos obispos que lo precedieron en la conducción de la diócesis, el obispo, en su homilía, desgrano, con indisimulable emoción, las palabras del lema del Sínodo “caminemos juntos en la audacia del Espíritu”.

Durante el año se están llevando a cabo las consultas populares abiertas y las asambleas eclesiales de las que todas puedan participar desde sus parroquias para que en 2019 se hagan las asambleas zonales y así se pueda, a fin de año, elegir a los llamados “sinodales”. Finalmente, en 2020, tendrán lugar las diversas sesiones del Sínodo.

No podemos terminar sin señalar que toda la Iglesia que, según el papa, “Dios espera que la sinodalidad sea su camino en este tercer milenio» está viviendo la XV Asamblea General ordinaria del Sínodo de los Obispos, también sobre el tema “los jóvenes, la e y el discernimiento vacacional».

Podríamos unirnos a él, desde estas costas atlánticas, ofreciéndole la oración que se ha redactado para el nuestro: “Ven, Espíritu Santo, ayúdanos a caminar juntos (hacia el primer Sínodo Diocesano). Ven, Espíritu Santo, ayúdanos a escuchar a todos con un corazón abierto. Ven, Espíritu Santo, ayúdanos a dialogar juntos para responder desde el Evangelio a los desafíos de nuestro tiempo. Ven, Espíritu Santo, ayúdanos a discernir los caminos para una mejor vivencia, transmisión y compromiso de la fe. Ven, Espíritu Santo, para responder con fidelidad en esta hora de la historia”.