Femicidios: la otra pandemia

La cuarentena y las medidas de aislamiento adoptadas para prevenir el Covid-19 desde fines del mes de marzo de este año, ha demostrado que los casos de femicidios y la violencia de género no han bajado, es así como podemos hablar de la “la otra pandemia”.

Semanario El Argentino entrevistó a Eva Cuevas y Barbara González integrantes de “Ni Una Menos” Colectivo feminista del partido de General Alvarado.

Hola, antes de comenzar nos gustaría aclarar algunos conceptos que nos parecen centrales a la hora de hablar de femicidios. Partimos de la idea de que el término Femicidio es político ya que constituye la denuncia a la naturalización de la sociedad hacia la violencia sexista.

El Femicidio es una de las formas más extremas de violencia hacia las mujeres, es el asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad.

Otro concepto importante a tener en cuenta y que fue desarrollado por la Asociación Civil La Casa del Encuentro, es el de “Femicidio Vinculado” que engloba a las personas que fueron asesinadas por el femicida, al intentar impedir el Femicidio o que quedaron atrapadas “en la línea de fuego” y las personas con vínculo familiar o afectivo con la mujer, que fueron asesinadas por el femicida con el objeto de castigar y destruir psíquicamente a la mujer a quien consideran de su propiedad.

Luego tenemos a las “Víctimas Colaterales” que son hijas e hijos que quedaron sin madre, asesinada por violencia sexista, víctimas colaterales del Femicidio. Y por último el “Feminicidio”. Este termino fue incluido por la antropóloga y feminista mexicana Marcela Lagarde.

El término feminicidio incluye al Estado como protagonista, como generador de condiciones al sostener esas situaciones de vulnerabilidad que hacen posible el asesinato de una mujer.

Porque lo que dice Lagarde es que hay feminicidio cuando el Estado no da garantía a las mujeres y no crea las condiciones de seguridad para sus vidas, ni en la comunidad, ni en la casa, ni en los espacios de trabajo, ni en el espacio público.

Femicidio es una figura legal, ergo, femicidio no tiene en su concepción el significado de impunidad, cuestión que sí sucede con el término generado por Lagarde. Feminicidio habla de la impunidad estructural que no sólo genera y habilita la posibilidad de ese asesinato sino que, además, no lo resuelve.

-¿Hay estadísticas oficiales sobre los femicidios en cuarentena en la Argentina?

El tema de las estadísticas de femicidios en nuestro país es compleja ya que los datos oficiales son relevados por el Observatorio de la Corte Suprema de Justicia de la Nación creado en el 2015 que elabora un registro de datos estadísticos de las causas judiciales en las que se investigan muertes violentas de mujeres cis, mujeres trans y travestis por razones de género.

Dichas estadísticas sólo incluyen las causas penales en donde la imputación o condena contempla la figura de femicidio y son publicadas anualmente. Sabemos que aún existen resistencias desde el Poder Judicial para abordar estos casos desde la perspectiva de género y es por ello que desde las organizaciones feministas entendemos que dichos datos son incompletos.

Desde hace varios años distintas organizaciones feministas se han ocupado de recuperar los datos en función del análisis de las publicaciones de los medios de comunicación como por ejemplo la Casa del Encuentro desde su observatorio “Adriana Marisel Zambrano” o el Observatorio “Ahora que si nos ven” de Mumalá. Según este último Observatorio queremos detenernos en algunos datos destacados.

Entre el 1 de enero al 31 de agosto de 2020, ocurrieron 199 femicidios es decir 1 femicidio cada 29 horas. 19 femicidios ocurrieron en el mes de agosto y 118 femicidios durante el aislamiento social, preventivo y obligatorio por COVID 19 entre el 20 de marzo y el 31 de agosto.

El 66% de los femicidios fueron cometidos por las parejas o ex parejas de las víctimas; el 66% de los femicidios ocurrió en la vivienda de la víctima; 35 víctimas habían realizado al menos una denuncia. El 21% de las víctimas fueron asesinadas a golpes. Al menos 178 niñes perdieron a sus madres como consecuencia de la violencia machista en 2020.

-Las mujeres víctimas de violencia se encuentran particularmente expuestas ante el aislamiento social, preventivo y obligatorio ¿Por qué?

En este contexto de cuarentena en los hogares, se ha observado que las víctimas de violencia están más expuestas cuando sus agresores son sus familiares.

La violencia dentro del hogar se prolonga sin que sea interrumpida y se genera una percepción de seguridad e impunidad del agresor. El encierro hace que se incremente el riesgo de violencia contra ellas en la medida en que aumenta el tiempo de convivencia; se generan conflictos alrededor de cuestiones domésticas y familiares.

-En este contexto ¿para muchas mujeres el hogar es el lugar más inseguro?

Tal como se viene afirmando, las mujeres víctimas de violencia se encuentran particularmente expuestas ante el aislamiento social, preventivo y obligatorio.

Muestra de ello es que el 66% de los femicidios tuvieron lugar en sus propias viviendas. Al mismo tiempo, se continúa observando que quienes dicen amarlas son quienes las matan, dado que el 66% de los femicidas eran parejas o ex parejas y en el 12% son otros familiares.

Otro dato no menor y que queremos señalar es que los episodios de violencia suceden la mayoría de las veces delante de sus hijes. Las amenazas de muerte son una constante y las agresiones con las que las lastiman más frecuentes son quemarlas en la casa y asfixiarlas.

Según el reciente informe de intentos de femicidio de la línea 144 de la Provincia de Buenos Aires, los cuatro factores de riesgo más frecuentes en las situaciones de violencia son: amenazas de muerte (87%), lesiones (77%), presencia de menores (70%) y uso de armas (50%).

Más allá de las posibles lesiones estéticas y físicas que pueden llegar a inhabilitar a una mujer para el trabajo o para su libre movilidad, hay otras secuelas con las que las mujeres conviven durante mucho tiempo como el estado de alerta permanente, trastornos del sueño e irritabilidad; revivencia reiterada de los sucesos traumáticos y sensaciones de aletargamiento e incapacidad para sentir y para actuar entre otras.

-¿Los femicidios han aumentado porque el aislamiento hace que los violentos se pongan más violentos?

Para cumplir con el mandato de masculinidad hegemónica el hombre está obligado a mostrar a los otros hombres que merece su lugar de masculinidad y para ello necesita exhibir su potencia, su fuerza, expresada en la crueldad. Este mandato, el deber ser, se construye, reproduce y se incorpora por medio de la cultura machista en la que vivimos.

El 21% de los femicidios en nuestro país fue cometido a golpes, lo que nos habla de la violencia como un proceso que se da a lo largo del tiempo, que puede incluir otros tipos de violencias previas en el marco de la convivencia o la relación afectiva.

Esta modalidad tiene un rol pedagógico en la sociedad ya que el hecho de que una mujer sea asesinada a golpes implica un ensañamiento con la víctima, pero también una suerte de enseñanza o mensaje a los varones violentos para demostrar su fuerza y virilidad.

-¿Por qué los femicidios se mantienen y el resto de los delitos bajaron en comparación a las estadísticas?

El aislamiento lo que provocó fue que los femicidios aumentaran, pero las denuncias por violencia de género disminuyeron debido a que la mujer al encontrarse en la mayoría de los casos conviviendo con el violento, provocó una invisibilidad de estos casos.

No es un dato menor, rescatar el aumento de llamadas a las líneas de contención e incluso el uso de las redes sociales (WhatsApp, Facebook, Instagram, Telegram). En la línea 144 recibieron un 40% más de llamados y en la 137 subió un 20%.

Hasta principios de septiembre se recibieron 6759 consultas en el 144 de la provincia de Buenos Aires por violencia por razones de género, y hasta el 31 de julio, el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad PBA intervino en 1019 situaciones de alto riesgo y casos críticos.

También queremos destacar que la figura del femicidio está contemplada en artículo 80 inciso 11 del Código Penal de la Nación en cuanto establece “Se impondrá reclusión o prisión perpetua, pudiendo aplicarse lo dispuesto en el artículo 52, al que matare. inc. 11: A una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género.”

Esta norma ha sido incorporada al Código Penal a raíz de la modificación realizada en el artículo 80 por la ley 26.791. También se han incorporado en el inciso 1º referido a los homicidios agravados por el vínculo los supuestos de ex cónyuge o la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia.

Por otra parte en el inciso 4º a los supuestos de homicidios cometidos por placer, codicia u odio racial o religioso se agregaron aquellos cometidos en razón de género, orientación sexual o identidad sexual o su orientación.

Estas reformas en nuestra legislación se han realizado en el marco de un contexto jurídico internacional de lucha por erradicar la violencia contra las mujeres.

-Pareciera que en la sociedad cada vez hay más conciencia sobre la necesidad de frenar la violencia de género, pero el número de femicidios sigue creciendo ¿Por qué?

Si bien hemos visto avances entendemos que aún no es suficiente y que los cambios deben ser más estructurales. Muchos sectores de nuestra sociedad oponen resistencia a la deconstrucción más profunda que urge que se produzca.

Como señalamos anteriormente, vivimos en una cultura machista impuesta por el patriarcado como forma de opresión a los géneros y que se encuentra naturalizada en nuestra sociedad, es por ello que es clara la necesidad de abordar los factores económicos y socioculturales que fomentan una cultura de violencia contra la mujer, incluida la importancia de cuestionar las normas sociales que refuerzan la autoridad y el control del hombre sobre la mujer y que sancionan o consienten la violencia contra la mujer; reducir el grado de exposición a la violencia en la infancia; reformar las leyes sobre la familia; promover los derechos económicos y jurídicos de la mujer, y acabar con las desigualdades de género en el acceso al empleo asalariado en la economía formal y a la enseñanza secundaria.

También es necesario ofrecer servicios de atención integral eficientes a las víctimas de la violencia. Es por esto que la implementación de la Educación Sexual Integral no binaria, laica, científica y con información actualizada (ESI) en todos los niveles educativos y en todo el país debe ser un hecho y no una opción ya que sólo así podremos enseñar a construir vínculos cercanos de una manera igualitaria y no violenta.