El Papa entre Nosotros (Padre Hugo Segovia)

Dentro de 74 días tendremos al Papa León XIV entre nosotros.

Surgen muchos interrogantes sobre este viaje que para algunos viene a reemplazar el viaje tan anunciado y postergado del Papa Argentino.

Un tema para analizar sin caer en criterios disímiles como es natural, por otra parte, cuando se trata de un argentino que durante 16 años condujo a la Iglesia y suscitó tan variados, pero, sin duda, también profundas opiniones.

Vendría a ser, por un lado, la cobertura de una omisión, pero no es tan solo ello sino, más profundo, el análisis que requiere.

Se habló, antes del 2013, de los cónclaves anteriores, al de 2005 sobre todo donde, se dice que fue figura preponderante de una elección que el cardenal Ratzinger logró y que además también tuvo un final inesperado y también después de un conclave rápido en el cual tanto tuvo que ver la intervención del arzobispo de Buenos Aires que en las reuniones previas del colegio cardenalicio había dicho unas palabras que captaron a la atención y también la acumulación de votos.

Se trataba de un texto “Bergogliano” que es preciso tener en cuenta no solo por su bondad sino por la repercusión que tuvo entre los lectores. De ello habló al arzobispo de la Habana, el Cardenal Jaime Ortega Alamino que lo dio a conocer sin miedo a las restricciones que sobre estas reuniones tuvo la Iglesia.

LOS PAPA VIAJEROS

Sin duda que los viajes del Papa señalan en la historia contemporánea un capítulo apasionante.

Si partimos de aquel imprevisto viaje a Tierra Santa con el Papa Pablo VI no solo asombró a los obispos reunidos para la segunda sesión del Concilio podemos cubrir sesenta años de vida eclesial ya que fue el primero de los que hizo ese Papa  que pareciera tener un particular vínculo con la armonía ya que sus viajes no tan frecuentes en sus quince años de pontificado.

Los impedimentos físicos del Papa limitaron las salidas de Roma pero, no obstante ellos, y de manera armoniosa (propia también de su cultura y personalidad) cubrieron los cinco continentes desde 1964 hasta 1970 casi como dejando para su sucesor la enorme cantidad de viajes que lo llevaron, en sus casi cuarto de siglo pontifical, a todos los lugares, en sus muchos, más de cien viajes por el mundo.

La misión, la Iglesia en salida no ha sido un programa, una intención a realizar por fuerza de voluntad. Es Cristo quien hace salir a su Iglesia de sí misma. Es la misión de anunciar el Evangelio, tu me mueves porque el Espíritu Santo te empuja y te lleva. Y cuando llegas te das cuenta de que Él ha llegado antes que tu y te está esperando. El se anticipa también para prepararte el camino y ya está obrando.

Con estas palabras el Papa Francisco hablaba a uno de los numerosos entrevistados que tuvo en sus diez años de pontificado. En este caso en una entrevista que le formuló al periodista Gianni Valente en su entrevista registrada en un hermoso libro “Sin Jesús no podemos hacer nada”.

LAS REALIDADES DE LOS PUEBLOS

Todo esto nos ayuda a entender y vivir lo que significa el viaje de León XIV que llegaría a Argentina, Perú y Uruguay.

Pero los pormenores de cada viaje y el entorno socio política de los mismos no nos eximen de las realidades políticas, sociales y hasta geográficas que las rodean.

En este caso surgen enseguida los pormenores que han precedido esta decisión de León XIV en unión con los episcopados de cada país.

No hay duda de las implicancias que tienen en torno a estos viajes las realidades y en este caso la gran inquietud de los argentinos, un pueblo que más allá de en pertenencia, muchas veces pobre y poco comprometida con la Iglesia respeta a la Iglesia y la tiene como referente.

Esto no ha sido obstáculo porque no haya debido de tratar de encontrar una explicación no solo diplomática de esa ausencia.

Si queremos una explicación, aunque haya tantas aristas para analizar, podríamos ver en esta ausencia una expresión del Papa de llegar a muchos lugares con preferencia, lejos del cristianismo dejando atrás lugares como España, Francia y esta problemática realidad argentina que Francisco prefirió acercarse a pueblos pequeños, con la pequeñez de los niños a quienes debemos asimilarnos para ser verdaderos hijos de Dios y miembros de su pueblo.