Padre Hugo Segovia
Habíamos apenas salido de la conmoción que nos causó la muerte de Pedro Casaldaliga cuando nos llegó la noticia de la partida del Padre Julian Zini, otro incisivo poeta que, con sus poemas y sus canciones, era como el pregonero de la Iglesia del Noreste.
“Pregonero soy/ vengo a cumplir/ lo que en mi oración/ ya te prometí” le decía a la Virgen de Itatí desde el fondo de su corazón.
Así fue el cantor de las luchas y las esperanzas del pueblo correntino no como el hombre culto que acerca la cultura a la gente sino como el que escucha las voces y los sonidos de esa gente en intima comunión.
Era el legado del Concilio Vaticano II: “cultura en el estilo de vida común de los grupos humanos y se origina en la manera de servirme de las cosas, trabajar, expresarse, practicar la religión, comportarse, establecer leyes, instituciones, desarrollar las ciencias, las artes y cultivar la belleza”.
Como lo fue Casáldaliga no dejo nunca Zini de soñar asemejándose a los judíos del salmo 125 que, cuando volvían del destierro, cantaban: “creíamos a soñar cuando el Señor cambio la suerte de Sion”. Los sueños que ahora tiene el Papa Francisco como lo manifiesta en “Querida Amazonia” que abarcan lo social, lo cultural, lo ecológico y lo eclesial.
IGLESIA CREIBLE
Ya en los años del seminario platense, Zini era poeta y cantor como lo había sido otro correntino, Rolando Camozzi, que en los años oscuros tuvo que exiliarse en Madrid donde fue reconocido en los círculos literarios.
Su diócesis de Goya había sido erigida en aquellos años previos al Concilio y su primer obispo, monseñor Alberto Devoto, la gobernó durante 24 años densos y arriesgados ya que había entrado en el meollo del Concilio. El dio alas a los sueños conciliares ya que, viniendo del Barrio Norte, supo sintonizar a fondo con el pueblo encomendado. Muchos todavía recuerdan cuando el presidente Illia lo encontró con los pies en el agua cuando, con motivo de una gran inundación, había viajado a Goya como para no creerle al obispo….
Durante esos primeros años se fue gestando la experiencia del Padre Zini que tampoco estuvo exento de incomprensiones que, de todos modos, nunca lo amedrentaron como pastor y escritor, como cantor cotidiano de las sencillas aunque muchas veces dramáticas realidades, siempre prestando sus manos y su voz frente a muchos silencios, gritos y dolores.
Lo recuerdan en los lugares en los que desarrollo su actividad sacerdotal que fue pasando por CuruzuCuatia y Mercedes donde fue párroco durante 17 años y Vicario General del Segundo Obispo, monseñor Luis Stockler y Victorio para la Cultura en el episcopado de Monseñor Ricardo Faifer.
Todo ello sin dejar de recorrer pueblos y ciudades junto con el grupo de músicos y cantores “Neike chamigo” infaltable en los festivales nacionales del chamamé del que fue activo promotor y cuya presencia engalanaba cada año con el estusiasmo y la fuerza que derramaba a manos llenas.
Era todo como una versión de la liturgia del cómo, el concilio la había imaginado, precisamente en el primero de sus documentos.
Algo que había comenzado con la Misa Luba que niños africanos, aunque todavía en latín, llevaron a Europa con ritmos africanos.
APURATE, VAMOS ADELANTE
Si no conociéramos tantos poemas y canciones del haber del Padre Zini nos bastaría con lo que, en la última entrevista que le hicieron el 3 de agosto, manifestó él en lo que sería una despedida.
Allí sintetiza su vida y su misión asumidas hasta las últimas consecuencias.
Brota de allí la ternura de su corazón, su itinerario de resistencia y cruz y su fidelidad a la Iglesia y a su pueblo que nunca aparecieron divorciadas.
El nombre de su conjunto musical es una expresión guaraní: quiere decir “apurate, vamos, adelante” y seguramente en muchos momentos le habrán dado la fuerza del viento de Pentecostes que seguiremos escuchando con el tono de su voz.
Dije allí: “¿de dónde pude sacar yo el cariño que la gente dice que le dí”. Lo saque de la gente, se lo pedí prestado y se lo devolví”… “los poetas no inventan a la criatura, como la partera la ayudan a salir del vientre de la madre y se la ponen sobre el pecho. Ellos ayudan a sacar lo mejor de las entrañas de un pueblo y se lo devuelven y así son reconocidos”.
Termina diciendo que ojala su tarea y su servicio humilde y sencillo haya sido así.
Podemos decir que así ha sido, gracias a Dios.