PADRE HUGO SEGOVIA
En los primeros días de septiembre, mientras nos llegaban los ecos de la situación de Afganistán y arreciaban las campanas para las PASO, una nueva entrevista que el Papa Francisco había dado a la radio española COPE nos lo mostró en esa dimensión humana que lo hizo heredero de su porteñidad.
Para asombro de los que piensan que un Papa debe situarse en una dimensión transcendente. El Papa decía: “extraño Buenos Aires tanto que no es algo melancólico, el Buenos Aires otoñal, eran los días nublados, de, mucha niebla donde no se veía a diez, metros desde la ventana y no escuchando a Piazzola. En mí un poco la extraño pero Roma tiene días de niebla. “Nostalgia no, pero ganas de ir de una parroquia a otra caminando”…
Entre las tantas cosas que estas palabras sugieren, a mí también vinieron a recordarme que no había cumplido con el propósito de referirme a Piazzola en el año de su centenario.
También recordé que en la visita que el presidente hizo a Roma, uno de los obsequios protocolares que le hicieron a Francisco, había un libro sobre Discépolo. Para más, en esos mismos días era noticia que el grupo vocal Abba, después de 40 años, hacía efectivo su regreso holográfico y, por otro lado, nos conmovía la noticia del fallecimiento de Mikis Theodorakis, ese artista que fe como el ícono de un tiempo impresionante al que interpretó no solo con su música sino también con su propio testimonio tal como el de muchos que esos mismos años fueron capaces de demostrar cuanta necesidad tenemos de la música y la poesía frente a los defensores de un monopolio cultural que ridiculizaba, más aún, castigaba como indigno y despreciable todo lo que se opusiese a sus intentos monopólicos.
LAS RAICES DE LA CULTURA
La imagen de Papa en su dimensión humana que tanto molesta a algunos detractores que solo ven en él la imagen de un demagogo populista, como el caso del implacable Loris Monsta, nos hace ver que la raíz de las culturas es eminentemente popular.
En los claustros no hay nada que no haya estado antes en las calles. Y los pueblos de todos los lugares y de todos los tiempos suministraron la materia prima necesaria para que la cultura se desarrollase y adquiriera su personería.
Ahora mismo el Papa ha tenido muchos de esos gestos en su colorido viaje a Hungría y Eslovaquia como el que lo mostró haciendo detener el auto que lo conducía para bajarse de él y salir al encuentro de algunas madres que le presentaban a sus hijos para que los bendijera.
Es una cultura, y tiene alcance universal. Tiene latidos, tiene sangre porque es vida. Me presenta el nombre de la calle, al que muchas veces se les niegan las puertas de las pandemias o se obstaculizan su llegada a ellas.
Son los esnobismos pero todos los grandes de la historia conocieron esta verdad extraída es la única tierra fértil que es la del pensamiento y el lenguaje de la gente modesta. Humildad que es sinónimo de autenticidad y no se rinde a expresiones foráneas por más bisones que puedan exhibir.
BALADA PARA UN LOCO
Hablaba de Mikis Theodorakis que está asociada a “Sorba el griego” que lo constituyó en signo de un pueblo porque, siendo estudiantes en academias de París, recurrió al folklore de su patria y combatió en la guerra mundial y sufrió el exilio y la persecución de la Junta militar que, en los mismos tiempos se lo que padecimos nosotros.
En 1964 había compuesto la música de aquella película de Michael Cacoyannis protagonizado por Antonhy Quinn (aquí imposible olvidar a Hector Alterio bailando con sus “hijos” en “Cenizas del paraíso”)-
Su obra más importante es aquella que cuenta el martirio del poeta Lakovos Kambanelis en el campo nazi de concentración. Hasta su apellido, traducido, quiere decir “pequeño regalo de Dios”.
Ese Mario Benedetti a quien el Papa cita en una de sus exhortaciones apostólicas viene en nuestra ayuda: en el espectáculo “A la izquierda del roble” entrega muchos de sus poemas que han sido musicalizados por Serrat, Silvio Rodriguez, Daniel Vigletti, Pablo Milanés y Alberto Favaro.
Piazzola volvió a quedar olvidado aunque, para terminar se remontó a un casamiento que bendije en aquellos lejanos 60,; tuve la osadía de que, en sintonía con mi amigo Lito Carbonel, lo sorprendí con la música de “Balada para un loco” que había sido un suceso impresionante gracias al gran músico y a los versos de Horacio Ferrer.
Aunque pequeño el espacio que el gran músico se merecía quedo cubierto. También éste es “un pequeño regalo de Dios”.