Adviento significa presencia de Dios ya comenzada.
Nuestra mirada hacia lo que ha pasado también implica, una mirada hacia lo que va a pasar.
Alegrará el día en que la luz, ahora imaginada, será total.
Ello sucede sin que hagamos ruido decían los salmos: que en esos días florezca la justicia y abunde la justicia porque el pobre quedara liberado y también el que no tenía protector.
El Señor nos invita a convertirnos dando frutos de esperanza en la familia, en el trabajo, en el barrio, en el pueblo en cada jornada.
Así nos lo dice la liturgia: “en ese día brotará un renuevo y con equidad será tratado el pobre y habitará el lobo con el cordero como nos enseñaba el profeta Isaías.
Pensemos en las personas y en las situaciones que nos desesperan y en los que no hacen vivir angustiados.
Hay un llamado a la conversación y a la vez un llamado a conversión como pedía el apóstol Pablo: “Dios nos permite estar en comunión, estar de acuerdo entre nosotros” en el perdón y el compromiso de todos los días”.
El evangelio nos prepara para la venida del Señor sobre todo con la mirada puesta en Juan Bautista un hombre austero vestido con piel de camello con una correa de cuero a la cintura.
CAMBIO DE VIDA
Llama a la conversión con mucho rigor para cambiar nuestra forma de vida diciendo conviértanse porque el Reino de Dios esta cerca porque quien quiere encontrar a Dios ha de convertirse interiormente y todo ello se extenderá a nuestro modo de comprender nuestra vida.
Debemos dar una nueva orientación y trabajar por la evangelización mostrando que la fe es fuente de gozo y esperanza, una forma de vivir en la ley creativa y solidaria y que logra que el león y el ganado puedan sentirse juntos esforzándose por la reconciliación y propone la hermosura de Cristo y de su Iglesia.
Juan predica que la intervención de Dios está cerca.
A él llegaban fariseos y saduceos que tenían forma de ser hombres de bien, pero él les decía: raza de víboras quien les ha enseñado a escapar de la ira que viene.
No importa que vengan a hacerse bautizar con el agua, sino que deben ser frutos de conversión.
Hoy nosotros somos hábiles por nuestro amor propio y así escondemos actitudes bajo la apariencia de bienes, pero Dios que ve en lo profundo de los corazones escuchamos sus invitaciones a la conversión porque “el árbol que no da buen fruto será echado al fuego”.
Juan Bautista anuncia la venida de alguien más grande que él “yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias” mientras que el que viene los bautizará en el Espíritu Santo y el fuego”.
PLENITUD DE GRACIA
También presenta al Mesías como juez, el trigo lo reunirá en el granero, la paga la quemará en el fuego que no se apaga.
Jesús vendrá lleno de misericordia divina.
Es preciso confiar en Dios que nos da paz en nuestro camino de conversión de este Adviento.
Nos da fuerza para afrontar las cruces y practicar la misericordia y el perdón.
En el camino de Adviento que este domingo empezamos a recorrer, la Inmaculada Concepción que celebraremos el 8 de diciembre es la única persona desde el comienzo de su existencia, plenitud de gracia como anticipo de la Encarnación de su hijo que nos alegra y nos llama a reconocer que Dios nace como esperanza para que este mundo sea capaz de decir: “Ven pronto, Señor, ven Salvador”.