Uso de barbijos en la era del covid: ¿prohibido cuestionarlo?

La alevosa censura de la información contraria al discurso por estos días aceptado como el «correcto» -en base a los postulados de distintos organismos de salud-, volvió a quedar en evidencia la semana última luego de que el operador político Steve Cortes publicara en su cuenta de Twitter algunos extractos de un estudio científico que advierte que «tanto los barbijos médicos como los no médicos son ineficaces para bloquear la transmisión de persona a persona de enfermedades virales e infecciosas como el SARS-CoV-2 y covid-19, lo que brinda fundamentos contra el uso» de estos elementos.

En concreto, Twitter envió un mensaje a Cortés exigiéndole que eliminara el tweet y advirtiéndole que rompió las reglas de esa red social específicamente por «violar la política sobre difusión de información engañosa y potencialmente dañina relacionada con covid-19».


Pero eso no fue todo: el miércoles último la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford -a la que figuraba como afiliado Baruch Vainshelboim, el autor del estudio científico, según se consignó en la revista Medical Hypotheses donde fue publicado en noviembre de 2020- salió a aclarar en otro tweet que esa casa de estudios «apoya fuertemente el uso de mascarillas para controlar la propagación del covid-19» y remarcó que Vainshelboim no pertenece a la Universidad desde 2016.

Ahora bien, el trabajo científico en cuestión, que puede encontrarse en la página del National Center for Biotechnological Information (NCBI) del gobierno estadounidense y fue sometido a la revisión por pares, cita 67 fuentes que apoyan las conclusiones a las que se arribó. 


Los principales aspectos que destaca Vainshelboim son:


* Se ha demostrado que el uso de barbijos tiene sustanciales efectos adversos tanto a nivel fisiológico como psicológico. Estos incluyen: hipoxia (falta de oxigenación del cerebro), hipercapnia (aumento de la presión parcial del dióxido de carbono en la sangre), falta de aliento, aumento de la acidez y toxicidad, activación de respuestas de miedo y estrés, aumento de las hormonas del estrés, inmunosupresión, fatiga, dolores de cabeza, deterioro del desempeño cognitivo, predisposición a sufrir enfermedades virales e infecciosas, estrés crónico, ansiedad y depresión.

* Las consecuencias a largo plazo del uso de barbijos pueden causar deterioro de la salud, desarrollo y progreso de enfermedades crónicas y muerte prematura.


Por ello, el autor enfatiza que «los gobiernos, los formuladores de políticas y las organizaciones de salud deben utilizar un enfoque próspero y basado en evidencia científica con respecto al uso de mascarillas, cuando éstas son consideradas como una intervención preventiva para la salud pública».


Quizás el interés desmedido de las redes sociales por silenciar y «hacer desaparecer» todo tipo de información, incluso trabajos con evidencia científica que cumplieron con los procedimientos y revisiones a los que suelen someterse previo a su publicación en revistas especializadas, brinda una pista sobre qué es lo que quieren ocultarnos. Bajo el pretexto de «proteger» a las sociedades de la «desinformación», la censura se ha convertido en un mecanismo no solo aceptado sino aplaudido por quienes en otros tiempos hubieran denunciado fervientemente tales prácticas. Gracias a Dios, aún quedan personas con pensamiento crítico, sentido común y la capacidad de comprender lo que leen, que no están dispuestas a quedarse sólo con lo que Twitter les da.