Esta conmemoración del Concilio de Nicea del que se cumplen nada menos que 1700 años nos lleva a introducirnos, aunque en pequeña medida, con la historia de la Iglesia.
Nos cuesta entender que la Iglesia que en el año 313 había recibido de parte del emperador Constantino la libertad en el Imperio Romano fuera capaz de organizar y celebrar este Concilio.
“Somos de ayer y ya llenamos el mundo” es una expresión que explica esa comunidad que sufrió persecución haya podido llegar a la realización del primer Concilio que contó con la participación de los representantes de las Iglesias que hoy llamamos particulares.
Esto nos da a nosotros, tantos siglos después la ocasión de avivar nuestra pasión por la unidad que en sus aspectos fundamentales ya en Nicea se hizo visible y que también lamentablemente ha sido rota y la cual se ha intentado recomponer sobre todo con el Concilio Vaticano II que fue un momento clave de esta historia.
Ahora que ya había soñado el Papa Francisco y que lo lleva a su primera salida de Roma y seguir el camino itinerante de los papas que fue inaugurado por el Papa Pablo VI en su histórica visita a Tierra Santa en 1964 y que ha ido llenando de la visita papal en todos los continentes y en las circunstancias más variadas.
1700 AÑOS
Nos llama la atención que se conmemora al Concilio de Nicea que, a pocos años de la declaración del emperador Constantino de 313 ya había una Iglesia en camino y ya envuelta en cuestiones teológicas y litúrgicas que hablan de caminos recorridos aun en medio de las persecuciones teniendo en cuenta que el emperador murió en 337, que la lengua hablada en el Concilio fue el griego, el y algunos firmantes en etiópicos.
Nos llama también la atención que tantos siglos atrás era muy elaborado no solo el lenguaje sino todo el aparato teológico, las notas en pie de página asi como la inclinación de figuras como las de Arrio y los obispos Alejandro de Alejandría y Eusebio de Cesarea, así como cartas de los obispos de Melecio. Pero también la carta de Constantino convoca al Concilio, así como la comunicación del cambio de sede Ancira a Nicea, así como un texto del emperador uno de los obispos del Concilio poniendo en tela de juicio sus conclusiones.
Sobre todo, desde los tiempos de Juan XXIII y del Concilio se ha caminado mucho en el camino de la unidad como prueba el hecho de que todos los años en dos oportunidades (la fiesta de San Andrés y la de San Pedro y San Pablo) se encuentran en Roma y en Ankara las Iglesias de Roma y de la ortodoxia además de todos los otros encuentros de oración y reflexión sobre el drama de la división de los cristianos.
“Macro evento ecuménico” ha sido la mejor definición de esta etapa del viaje de León XIV asi como “escandalo de las divisiones” desde 1054.
CONTINUIDAD SIN REPETICION
Tenemos todos ellos de gran importancia y que no podemos ignorar aun cuando los problemas de nuestro tiempo van haciendo otros recorridos y pareciera que llegamos a esa paz que tanto necesita nuestro mundo más allá de todas las diferencias que parecen adquirir personas en lugar de ayudarnos a reconocer en ellas la capacidad de incluir a los hombres.
Nos falta una reflexión sobre la otra etapa del primer viaje del Papa León que llego a otra tierra, también sufriente, el Líbano del cual recibimos ecos bíblicos tan elocuentes.
Mientras tanto miramos la figura del nuevo Papa y agradecemos la continuidad no repetitiva con el Papa Francisco, el cual, sobre todo, tenía programada su llegada para el gesto ecuménico de encuentro como el que pudo concretar León XIV.
Ha servido este viaje para mostrar la riqueza de las personalidades que han sido elegidas para gobernar la Iglesia cuyo objetivo es que, respetando las costumbres, los modismos, la historia y las culturas, forman una sola humanidad, aquello que está expresado en el tema de este primer viaje del nuevo Papa, un Señor, una fe, un bautismo.










