El 28 de abril cuando, por invitación del párroco de San Andrés, Padre Pablo, Boldrini, celebró misa en la iglesia San Andrés además de la gran emoción que experimento después de tanto años (creo que la última vez que lo hice fue en enero del año 1998 cuando nos reunimos para orar por ese gran amigo, Adrian Barrera, que había fallecido el 3 de noviembre pero recién entonces pudimos hacerlo porque yo viaje a Roma con motivo del Sínodo para América) me encontré con la comunidad como si me hubiera despedido la semana anterior .
“El Argentino” publico una crónica muy cordial de ello y yo le asocio a lo que había ocurrido el día anterior para la beatificación de los mártires ya que a mí me hubiese gustado tanto participar del reconocimiento que la Iglesia hacia de esas vidas que nos están mostrando el camino a seguir.
Esa mañana, en la misa, se oró por la Mutual Circulo Italiano Joven Italia que festejaba sus 130 años nacida junto con la ciudad y que esa tarde festejaría el asentamiento con todo el calor y el entusiasmo propios de comunidad italiana a la que bien cabria el nombre de “melliza” de la ciudad por haber nacido juntas.
Un hermoso legado
Isabel Martínez me había pedido que, aprovechando mi visita a Miramar, participara de esa celebración. Muy a pesar mío no pude hacerlo porque yo tenía a la tarde en Necochea un compromiso que no podía soslayar. Pero quise dejar un mensaje a Nelly Smorlesia de Asili, su actual presidenta. Muchos motivos me movían a acompañar a esa institución que brindo a la ciudad toda la fuerza de la italianidad.
Más todavía cuando me informo que le podrían el nombre de Vicente Asili a una nueva sala.
Les mandaba una entrañable bendición porque todo ello me remontaba a dieciséis años de mi vida en la cual nunca falto la dosis de amor a Italia que les Asili, así como tantos otros, me brindaron ratificando mi amor por Italia a través de sus gestos de permanente apoyo y cercanía tanto en la paz personal como en la comunitaria al servicio de la parroquia San Andrés.
Los italianos fueron parte de esa historia y han trabajado por mantener y acrecentar el milenario legado de Italia “miramarizado” podríamos decir ya que supieron hacer la síntesis, esa inculturación de la que somos herederos.
Días antes del 7 de julio recibí una invitación que me colmó de alegría. La Comisión Directiva de la Asociación del Puerto de Mar del Plata me invitaba a participar del almuerzo del 64 aniversario de su fundación que se llevaría a cabo el 7 de julio y, como lo vienen haciendo, en el transcurso del mismo harían un agasajo a personas que se han destacado por su obra a favor de la institución y la comunidad. Me habían incluido a mí como una de esas personas.
Ll mio amore Italiano
Confiese que me alegró mucho esta invitación, más allá de lo merecido, o no, de esta distinción.
El recuerdo de todo lo que yo recibí de la comunidad italiana desde que me acuerdo. En Punta Alta, mi tierra natal, estuve siempre en contacto con italianos siendo yo miembro de una familia de origen hispánico. En el mismo seminario de La Plata era una festiva jornada cada año la Manno nuestra en la que la homilía, en italiano, mostraba a monseñor Trotta desplegaba los más hermoso de su italianidad.
Pero cuando pase dos años como alumno de la Universidad Gregoriana de Roma fue como la confirmación de todas esas vivencias, al punto que siempre he dicho que, sin encontrar entre mis ancestros ninguna atisbo de italianidad, puedo decir que siento que mi corazón puede llamarse italiano.
Cuando saludaba a un amigo del alma, Raffaele Vitiello, por su elección como presidente de la Casa D`Italia agradeciéndolo su cercanía y la de sus dois familias, la de la sangre y la de la patria, le manifestaba que esperaba un encuentro, “magari nella Casa d´Italia”. Le pedía hacer llegar mi abrazo a todos, el abrazo de un italiano de corazón.
Ahora le he podido hacer personalmente y junto con esas sos mujeres que han compartido conmigo esta distinción, María Elena Arómelo ( traductora desde hace muchos años de la institución) y Liliana Barragan (catequista de la parroquia de los italianos Sagrada Familia y San Luis Orione) experimentar, a manos y corazón llenos, el calor de esa Italia que amamos.
He querido unir estos momentos de mi vida y compartirles con los lectores de esta columna. Y repetir lo que el 7 de julio, en la casa d´Italia que ahora, como nunca, puedo llamar “Casa Mia”, decía, tomado de una canción de Mario Lanza: “mi ha fatto per semore ternare al mio amore italiano”.
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