La inquietante elección de Bolsonaro en Brasil, las de Peñera en Chile, Duque en Colombia, Abdo en Paraguay, López Obrador en México, Miguel Díaz Canet en Cuba, como las de Pedro Sánchez en España y Giuseppe Conti en Italia; el promisorio acercamiento de las dos Coreas que llega hasta casi una invitación al papa Francisco para visitar a la del Norte; el drama sin fin de los inmigrantes en Europa, en Estados Unidos y hasta en Sudamérica; los problemas de Venezuela y Nicaragua; el acuerdo de China con el Vaticano después de tantos años que aparecía en las esperanzas; la recuperación de los chicos budista en Indonesia; el asesinato del periodista Kashogi en Estambul; el Sínodo de los obispos sobre los jóvenes; la espantosa realidad de la pedofilia y la memorable Carta al pueblo de Dios sobre el mismo del papa Francisco; el debate sobre la interrupción del embarazo en Argentina; las divisiones en el seno de las iglesias ortodoxas; la despedida de Manu Ginobili; el gesto de los obispos argentinos respecto del sostenimiento económico de la Iglesia; la declaración sobre el martirio de monseñor Angelelli y sus compañeros.
Entre miles y miles de noticias, tantas de ellas en la categoría de “fakenews”, van surgiendo estas en las postrimerías de un año difícil. Al mismo tiempo encontraremos unos versos que nos ayudan a entender mejor la realidad. Son del poeta español Enrique GarcíaMárquez: “yo, más viejo cada año/y tu, cada día mas Niño/yo cada vez mas de barro/y tu, cada vez mas divino/cuando termine el camino/ y llegue un día al portal/pondrás un soplo de espíritu/sobre mi carne mortal”
Lo último que se pierde
“La esperanza cada mañana me da los buenos días” decía Chales Peguy. Cuando nos decimos “feliz 2019” estamos expresando lo que esperamos. Alguien, tan entrañable como Leonardo Favio, decía que “cuando los sueños colectivos se desmoronan es impracticable la felicidad personal”.
Como pueblo, y los cristianos como pueblo de Dios por más molesta que resulte esta presión, podemos desear que la convocatoria del papa Francisco a los presidente de todos los episcopados resulte un hecho decisorio en el problema de los abusos; que pueda concretar el mismo su visita a los países en que está confirmada como en los que se esperan (Panamá, Marruecos; primero a los Emiratos Arabes; Japón, Rumania, Bulgaria, Mozambique; Madagascar); que la jornada Mundial de los jóvenes de Panamá muestre” los cambios decisivos, inmediatos y radicales” que el Sínodopedía; que en Mar del Plata vayamos descubriendo lo que significa “caminar juntos en la audacia del Espíritu”; que también el Sínodo de la Amazonia contribuya a vivir las implicancias de “Laudato Si”; que los ojos de la Academia de Hollywood se posen sobre una película argentina; que las angustias por las que pasa nuestro pueblo, el hambre, la desocupación, los jubilados, los enfermos condenados a no ser atendidos, la indiferencia y la ostentación de los pocos que tienen acceso a los bienes inspiren a todos en un año decisivo de elecciones nacionales
La Herencia de 2018
No es fácil elegir lo que llamamos la foto del año y por más que procuramos no reducirnos al mundo de los religiosos es tan rico el, más allá de las falencias que nos negamos, que encontramos material abundante. No ignoramos, de todos modos, que hay muchas imágenes elocuentes en todas partes.
El presidente de Corea del Sur, MonnJae-in entrega al papa como recuerdo de su visita una escultura con el rostro de Jesús coronado de espinas representado el sufrimiento del pueblo así como la de una Virgen con el rostro de una mujer coreana.
Pero también conmueve la imagen del papa presentando, en la plaza de San Pedro, un gran cirio con el nombre grabado de los lugares en que se dan los grandes conflictos, como etapas de un siempre reiterados vía crucis.
¿Palabras? Un discurso del presidente de los obispos argentinos (entre tantas palabras vacías no hubo mucho mucho espacio para ellas) monseñor Oscar Ojea, obispo de San Isidro, nos llamaba a “escuchar de modo nuevo el corazón del que está enojado con la Iglesia”… “a tener valentía para afrontar los cambios y hablar libremente y con verdad incluso en la adversidad”… y “aprender a desprendernos del reconocimiento social que teníamos porque es hora de renunciar a los primeros puestos en el banquete”.
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