Todo el hombre adentro

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

El beso a la tierra riojana que monseñor Enrique Angelelli le dejo aquella tarde del 24 de agosto de 1968 no fue un gesto ritual. Era la manera de expresar que La Rioja era su esposa y ya intuía lo que iba después a escribir: “honduras de quebradas y silencios, arenales sedientos y bravíos, cardonales vigías en horizontes, lloros de cerros “escondidos, así es el alma de mi pueblo”.

Angelelli llegaba a La Rioja al mismo tiempo que Pablo VI inauguraba en Colombia la Conferencia del episcopado del continente lo que nos permite decir que, como Juan Bautista, él llegaba para preparar los caminos de Medellín. Pocos meses después los obispos en San Miguel hablaban de una pastoral, solo para los pobres sino desde ellos.

Lo dice el prólogo de la elección de sus poesías que, con motivo de la beatificación de los mártires riojanos, se ha publicado (Enrique Angelelli, “Encuentro y mensaje”, Secretaria de Cultura, La Rioja, 2019,23p.): “se hizo miembro de un pueblo contemplativo, artista, poeta y cantor”.

Se trata de una recopilación que a pocos meses del martirio del obispo había publicado, casi en las sombras, el sacerdote que lo acompañaba la tarde del 4 de Agosto de 1976. Ahora se pone al alcance de la comunidad con el agregado de un oportuno subsidio, sobre todo para ser utilizado por los grupos juveniles.

Hemos acompañado la partida de dos exponentes del compromiso sacerdotal hecho poesía que han terminado su peregrinación; el obispo Pedro Casaldaliga (“fue y seguirá siendo un icono de la defensa de los pobres y toda esta tierra, por él tan amada que llamo de mística y poesía, seguirá buscando… decía el presidente del C.E.L.A.M.) y el Padre JulianZini (“perfumo a toda Corrientes con su ramillete de canciones coloreadas con el azul y blanco del monto de María” en palabras de nuestro obispo de Quilmes) y ello con confirma lo que leemos en el prólogo de esta recopilación: “la poesía fue para Angelelli casi una necesidad, un suspiro de su espíritu siempre inquieto y un medio para decirse a si mismo sus secretos y dar rienda suelta en silencio a los sentimientos que no podía comunicar a los demás”.

ESCUCHAR A LOS POETAS

El Cardenal Martini, nos dice ErmannoOlmi, director de la película sobre su vida “Vedete, mono uno di voi” que creía mucho en los poetas y en la poesía y aspiraba un papel profético a la vez que lamentaba la ambivalencia de la Iglesia respecto de los poetas”. Lo manifestó cuando, en las postrimerías de la vida del Padre David Turoldo, se le entrego el premio Lazzatti y hablo de un acto de reparación: “se hizo cargo de lo que califico de sepultura a los profetas que muchas veces hemos practicado”.

El sacerdote, que había afrontado difíciles momentos por su valiente compromiso, dijo entonces,” para entender a los tiempos es preciso escuchar lo que dicen los poetas y Martini es alguien dotado de ese carisma”.

Imposible no pensar en Atahualpa Yupanqui cuando decía que “no comprendía a los que miran la tierra con ojos turísticos”… “soy un paisano que canta por el mundo”. Recordaba que había inventado muchas de sus coplas en los largos viajes a caballo: “me hacía liviano el camino crear versos y luego memorizarlos porque al otro día se acordaba de algunos porque los otros habían quedado en la tierra”… “lo mío es abrirse y que salga la sangre de las venas; de pronto miro el perfil de mi caballo y nace un verso”… “el hombre puede emocionarse ante el amor a un cerdo, un yuyo, un ave ¿Sera poesía?… “cuando estoy afuera de la tierra es porque la tierra está adentro de mi”…

UN CITADO, UN PUEBLO, UNA MISION

“Encuentro y mensaje” nos ofrece estos versos que si no son muchos nos muestran además de la compenetración con el paisaje sus estados de ánimo a lo largo de un duro trajinar. Así leemos: “Señor, déjame que te cuente/ que dura es la cuenta/ llega la tarde, las piedras lastiman/ espero que hables/ yo busco tu luz para poder amarte”. También: “los hombres me hablan de técnicos y artes/ no quieren la paz/ no quieren amarse/ la noche los envuelve/ no saben jugarse/ están tristes, pobres sin coraje”.

También se percibe sobre todo en sus poemas con motivo de sus bodas de plata sacerdotales y sus doce años de episcopado. En el primero, su confesión,; veinticinco años vividos por esos caminos de Dios/ con fidelidad de hijo/ y debilidades de pecador/ con las manos metidas/ en la tierra del hambre/ de este pueblo tuyo/ que no entregaste, Señor”.

Y en la de su episcopado: “todo esto soy yo, Señor/ un poco de tierra y un Tabor/ Veinticinco años de carne/ ungida con un cayado/ un pueblo y una misión”.

Emociona ese pedido: “déjame que les cuente/ lo que se me quema por dentro/ el amor que me hizo carne/ con cayas y dolor del pueblo/ ¿Saben? Lo aprendí junto al silencio/ Dios es trino y uno/ una vida de tres y un encuentro/ Aquí la historia es camino/ y el hombre un proyecto siempre”.

En un poema que título primero “Rioja soñadora” pero que paso a ser” A La Rioja querendona” y que tal vez sea el primero que escribió como obispo de La Rioja se hace portavoz de las postergaciones que sufre la provincia: “quebradas y llanos/ cansados y sedientos/ el alero del rancho se lo llevo el viento/ dicen que anoche silbando el silencio/ ¿no escuchan el grito de los de tierra adentro?”.

Un precioso regalo del cual dejamos apenas unas muestras aunque no podemos pasar por alto lo que, sin pensarlo, era como lo que de él podemos decir también: se trata de versos inspirados por un anciano, Don Indalecio, que le hablaba de alguien que había partido: “así cuentan los viejos,/ los carros/ y el paisaje/ de un hombre/ que se fue/ con todo el hombre/ adentro”.