La importancia de Mar del Plata quedo evidenciada en los últimos días previos al acto electoral del 27 de octubre: los principales candidatos hicieron en ella los actos de cierre de la campaña.
La autora de una novela que fue best-seller hace unos años, “la canción del mar”, decía: “Mar del Plata es un espejo del país. Lo veo así porque es algo eterno, todos los argentinos pensamos en ella, todos alguna vez hemos veraneado o hemos soñado con veranear en Mar del Plata y tuvo muchas etapas en ese sentido en distintos momentos en que, por tal o cual cambio, el verano se vivió de manera diferente, como cuando apareció la ruta 2 que se abre como etapa diferente de una época problemática”.
Es la séptima ciudad del país en lo que se refiere a población la cual se multiplica en los veranos en los cuales viene a ser como la capital del país ya que políticos, artistas y deportista recalan en ella aunque, también, durante todo el año es la sede de innumerables congresos de las distintas disciplinas.
También, lamentablemente, es la ciudad que tiene más desocupados. Es la sede, desde 1957, de una diócesis que no se reduce a ella si no que abarca los partidos de Alvarado, Balcarce, Lobería, Madariaga, Necochea, Mar Chiquita, Pina mar y Villa Gesell.
Es lo que en su primera pastoral monseñor Mestre señalaba bellamente: “el mar y sus playas, las sierras y los fértiles campos pero de manera particular la variedad de su gente venida de distintos lugares geográficos, culturales y existenciales que enriquecen a nuestra Iglesia”. Palabras que, a lo largo de dos años le permitirían repetir aquello del Padre Bróchero: “conozco al oeste de la tierra como a mi sotana”.
ALGUIEN QUE NOS CONOCE
Ahora Mar del Plata ha recibido la noticia de que el papa Francisco la ha considerado en condiciones de contar con un obispo auxiliar. El 5 de noviembre eligió el Padre Darío Rubén Quintana de 45 años que no es alguien lejano ya que, nacido en Buenos Aires, tenía 7 años cuando su familia se radico en la ciudad y aquí curso sus estudios primarios y secundarios como algunos del colegio de la Obra Don Orione.
A los 18 años ingreso al postulantado San Ezequiel Moreno de la Orden de los padres Agustinos Recoletos cursando los estudios de filosofía y teología en la universidad Católica hasta ser ordenado sacerdote en 1997. Diversas tareas en San Martin y Buenos Aires y desde 2009 hasta 2012 como párroco de Nuestra Señora de Fátima de nuestra ciudad.
Después fue vicario de la provincia Santo Tomas de Villanueva de la Orden de los Agustinos Recoletos y, en el momento de esta elección, prior del Seminario de su Orden y a la vez párroco de Nuestra Señora de Lujan en la diócesis de San Martin.
Sabemos que los obispos auxiliares que asignan por diversos motivos como pueden ser la extinción de las diócesis o la multiplicidad de tareas que deben atender el obispo diocesano aunque también puede ser por la edad o sus problemas de salud, cuestiones que no se dan en este caso.
GRACIAS A FRANCISCO
En 1975, Pablo VI designo a monseñor Rómulo García como auxiliar de monseñor Pironio que era también entonces presidente del C.E.L.A.M y se lo requería con mucha frecuencia como lo demuestra, por ejemplo, para predicar los Ejercicios espirituales de Cuaresma al papa y a la Curia romana así como su participación en el Sínodo de 1974 para la evangelización.
Además eran tiempos muy sombríos y bastaría recurrir a su meditación para tiempos difíciles” para tener un testimonio de ello. Esta elección se entrecruzo con la elección que el mismo Pablo VI hizo monseñor Pironio para hacerse cargo de la prefectura de la Congregación para los religiosos. Monseñor García fue ordenado el 24 de septiembre en Bahía Blanca mientras que, en enero de 1976, fue elegido para sucederlo.
En la columna del 22 de agosto hablábamos del cumulo de tareas, no solo a nivel diocesano, de monseñor Mestre. No obstante la importancia de la ciudad con lo cual comenzábamos, nuestra obispo, al anunciarnos la elección del auxiliar nos habla de la pequeñez evangélica de la misma y nos da pie para agradecerle al Papa Francisco, más aún, esta elección de ahora.
Monseñor Quintana entra a formar parte del colegio apostólico y nos ayuda ello a hacer visible algo que decía el cardenal Etchegaray: “la fraternidad episcopal es una realidad sacramental”. En este tiempo de preparación para el Sínodo diocesano también nos ayuda a entender mejor la gracia y el don de la sinodalidad.
Siendo monseñor Quintana miembro de una Orden religiosa, que tiene historia rica y exigente, es como si nos remontáramos a aquel Pironio que tanto tuvo que ver con la vida religiosa en el pos concilio. Pensábamos también en las muchas veces que, el ahora nuestro obispo auxiliar, habrá enseñado lo que Santo Tomas de Villanueva decía de los obispos: “un buen pastor debe reunir cuatro condiciones: el amor, la vigilancia para estar atento a las necesidades de las ovejas, la doctrina y la santidad de vida. Un prelado debe tratar con los justos y con los pecadores”.
Todo ello nos da alegría y entusiasmo para repetir: ¡tenemos obispo auxiliar!