Techo, tierra, trabajo

Por Padre Hugo Segovia.

Al cumplirse 90 años de la publicación de la encíclica “Rerumnovarum”, considerada como el puntapié inicial del pensamiento social de la Iglesia, el Papa Juan Pablo II, en su encíclica “Laboremexercens”, hablaba del taller de Nazaret como imagen del mundo.

El había vivido en su juventud la experiencia del mundo de trabajo como obrero de las canteras de Solvay y de ello dejó un impactante testimonio en uno de sus poemas.

Ya en 1955 el Papa Pío XII decidió establecer para el 1 de mayo la fiesta de San José Obrero.
La Iglesia, a lo largo de los siglos, aunque podamos discutirlo, ha procurado inculturarse a los tiempos y a los lugares.

Se trata de un proceso muy complejo que exige una transculturación que sería un repaso de ciertos aspectos de la propia cultura.

“Dios entrego al hombre al universo para que lo trabajara y ayudarse a la naturaleza a producir. Así el trabajador es el que hace la riqueza del mundo. Es como los brazos de Dios que continúan creando. Con Dios el trabajador es el dueño del mundo.

Tendría que serlo pero sucede que los dueños del dinero, de la política y las armas se apoderan del fruto del trabajo y ponen al trabajador en tal sujeción que lo transforman en animal de carga”.

Así decía el obispo Pedro Casaldáliga en una pastoral con motivo del 1 de mayo.

LA ERA DE NAZARET

San Jose Obrero nos muestra que Dios lo hizo capaz de ser un verdadero padre que busco el primer refugio para que naciera, que lo salvó de Herodes, que fue la cabeza de su casa, que le enseño a ser carpintero hasta el punto que mereció que, despectivamente lo llamaran “el hijo del carpintero”.

Dice el Padre Bernard Marechaux: “bajo los ojos de José Jesús aprendió su vida de obrero y todas las gracias que acumuló durante 30 años las volcaré sobre la multitud de los hombres a los que la necesidad de ganar el pan de cada día mantiene la frente doblada sobre el surco del labrador o sobre el banco del artesano. Es por ello que la Iglesia no podía desestimar el trabajo oscuro sin renegar de sus orígenes porque salió de la casa de Nazaret en la que José, María y Jesús vivían del trabajo de sus manos”.

“El humilde José es así el patrono de los millones de hombres y mujeres que trabajan pero también de la humanidad entera sometida a la ley del trabajo como llego a decir el apóstol Pablo: “que todo el que no trabaje que no coma”.
Sin duda que en José se da lo que Jesús predicara después ensalzando a los humildes y rechazando a los soberbios ya que por, encima de los emperadores, los legisladores y conquistadores, emergerá la fisonomía del artesano José de Nazaret.

LA IGLESIA DEL CARPINTERO

El 13 de marzo, al cumplirse el octavo aniversario de la elección del Papa Francisco, en Lujan, militantes y dirigentes de movimientos populares peregrinaron.

Manifestaron su rechazo a un sistema que excluye y no olvidan la alegría de compartir y no de acumular tal como el Papa no se cansa de predicar para que las finanzas no dominen al mundo.

Los integrantes de las “Misiones de Francisco” presentaron un cucharon de madera que usan en los comedores y merenderos, unos cuadernos de los talleres de apoyo escolar, un pesebre de madera de las cooperativas de trabajo y una remera confeccionada por mujeres.

El arzobispo de Mercedes – Lujan, monseñor Jorge Scheinig les pidió que pusieran una mano en el corazón para bendecir las luchas y después, tenderlas hacia la virgen de Lujan para pedirle por el trabajo. Les dijo: “tomados de la mano, después de pasar alcohol gel, le pedimos por el Papa Francisco y por una patria más fraterna”.

En este año que ha sido consagrado a San José esta fecha del 1 de mayo es una ocasión para que vayamos descubriendo esta pedagogía de la Iglesia que no puede estar al margen de los procesos históricos.

Así lo interpreto el Papa Pio XII al instituir la fiesta de San José Obrero para reconocer no solo la dignidad del mundo del trabajo porque ella también puede ser conocida con el mismo nombre con el que, queriendo disminuirlo, trataron a su fundador: “la hija del carpintero”.