PADRE HUGO SEGOVIA
Cuando el Cardenal Stefan Wysznski llegaba en tren a Roma desde Varsovia, la comunidad polaca lo recibía alborozado.
En los años previos al Concilio viajaba con frecuencia porque era miembro de la Comisión que preparaba el evento.
Con flores de los colores de su bandera saludaban a ese hombre que era como el símbolo que expresaba de un pueblo que tanto sufría.
Me toco una vez estar en Termini y participar de esa recepción y experimentar la seducción de esa figura.
Estamos ahora asistiendo a la beatificación del cardenal que casi como ofreciendo su vida por la de su discípulo Wojtyla moría a pocos días del atentado de 1981.
Su firmeza en la defensa de una Iglesia acosada nunca fue más firme que su amor por todos.
Solo un ejemplo de ello lo encontramos en una predicación suya al despedir a una peregrinación al santuario Mariano de Czestochowa: “dentro de poco abandonaran el santuario para ir hacia las ovejas dispersas, fortalecidos por el mismo poder de Dios y bajo la protección de la Reina de los apóstoles. Irán hacia todos y no negaran a nadie el amor ya que Dios ama a todos los hombres y hace brillar sobre todos los rayos del sol y no cierre el corazón a nadie”… “consideren a todos los hombres, sin excepción amigos y enemigos, como aquellos a los que Dios nunca niega su amor. Siendo así ¿cómo podrían ustedes obrar de otra manera?. ¡No digan jamás que alguien es su enemigo!. Recuerden que la enemistad no depende tanto del que odia como del que responde al odio con el odio.
HIJOS DE DIOS, HIJOS MIOS
Nacido en 1901 pasó su infancia y adolescencia en una Polonia ocupada. En 1924 fue ordenado sacerdote en una ceremonia que apenas pudo sobrellevar a causa de la tuberculosis que fue con todo el signo de una férrea voluntad que le permitió afrontar su trabajo pastoral dándole importancia a las encíclicas sociales. Descubrió así a la J.O.C. y se dedicó también a la enseñanza.
La guerra y la resistencia lo obligo a dar cursos y retiros ocultamente ya que fueron 2500 los sacerdotes ejecutados y recién en 1941 se pudo reabrir los seminarios. En 1946 fue nombrado obispo de Lublin y entonces dijo un emotivo sermón: “Por la gracia de Dios soy el obispo de ustedes y así soy padre de la gran familia de Dios”… “quiero dedicar todo el vigor de mi cuerpo y de mi alma únicamente a la gloria de Dios para todos los que me han sido confiados.
En 1948 fue trasladado a Varsovia y como primado de Polonia tiende la mano al gobierno comunista procurando llegar a un acuerdo. Decía: “con el diablo no se puede dialogar pero sí con los hombres”.
Fueron años de desencuentros y Pío XII lo eligió cardenal en 1953 poco antes de la muerte de Stalin. Defendió entonces al obispo encarcelado de Kielce y pronuncio aquellas palabras que le valieron el destierro: “pueden acabar con mi cuerpo pero nadie puede matar mi alma”.
Cuando fue arrestado y le pidieron que retirara sus pertenencias dijo: “entre pobre en esta casa y pobre quiero salir”.
EN LA UNIDAD DE LA FE
Tres años de prisión que lo llevo a distintos lugares ya que el régimen sabia de su prestigio y tuvo que liberarlo en 1956 cuando después de la rebelión de Budapest temían en Polonia una igual y sola la figura de Wysznski podía evitarla aunque cada vez que pretendían someterlo con dadivas respondía: “nunca lamentaremos ser la Iglesia de los pobres”.
En el aula conciliar ocupaba su lugar. De él afirmaba: “desde aquí puedo ver todos los escaños. ¡Qué alegría produce ver a todos los obispos venidos del mundo entero, de todos los continentes, de todos los colores: solamente los negros son más de 250. Así es como el Concilio ha reunido a todos los pueblos en la unidad de la fe porque todos los obispos no tenían la unidad de la fe porque todos los obispos no tenían más que una inquietud: Cristo y la Iglesia. Esto no estorbaba que se diese una gran variedad de opiniones que cada uno podía expresar con toda la libertad y con la certeza de ser escuchado con atención y respeto.
Para nosotros polacos, que tanto amamos la libertad, este parlamento fue motivo de enorme consuelo”.
Además: como el Concilio había abierto sus brazos a la humanidad entera desde el principio decidimos no condenar a nadie ni votar nuevas medidas disciplinarias ni lanzar excomuniones sino más bien suavizar la disciplina en lo posible aligerando las estrecheces y las angustias que aqueja a la gran familia humana. Nos propusimos eliminar las barreras de todos los caminos de buena voluntad con el objeto de unir a todos los hijos de Dios en el amor y la paz”.
Palabras que ahora adquieren todo su valor al ser proclamado obispo así como otras que lo muestran en su dimensión de obispo: “extraigo de mi corazón cuanto en él ha puesto el mismo Dios para ustedes, sentimientos de fe, confianza, amor en un servicio que deseo sea de los más humildes porque no los sirvo con mis propias fuerzas sino con la de Dios”.