“Ser guardavidas es una profesión dónde los valores de la vida se agudizan y el servicio se enaltece”

Ariel “Pitu” Álvarez tiene 60 años, y más de 40 años de trayectoria como guardavidas de nuestra ciudad. Se recibió en la primera camada de Guardavidas de Miramar en el año 1984 y nos transmitió su pasión por una profesión que brinda la entrega incondicional por el otro.

¿Cómo fue tu niñez en Miramar? ¿Cuándo y por qué decidiste ser guardavidas?

Mi recuerdo de la niñez es de muchos juegos, aventuras y amistad. Mi papá fue unos de los primeros buzos deportivos de Miramar y me sumaba a sus aventuras, me enseñó a respetar y amar al mar. Conocí el surf desde muy chico, para mí el mejor lugar era la playa. Mis primeros trabajos como carpero fueron marcando el camino como guardavidas.

Recuerdo que al mediodía ponían bandera roja (prohibido bañarse) hora de descanso de los “bañeros” (así le decían) y en las escolleras recién hechas había situaciones a toda hora. En una oportunidad a unos niños se lo llevó la correntada y los guardavidas estaban en su descanso, los vi y tuve que intervenir hasta que llegaron ellos. Me felicitaron y me alentaron para seguir está tan sentida profesión de la que soy parte desde los 19 años de edad.

¿Qué es lo que más se disfruta de la profesión?

Es una profesión dónde los valores de la vida se agudizan y el servicio se enaltece en la entrega incondicional por el bien del otro. A la vez el agradecimiento gratifica mucho.

¿Cuáles son los valores principales que tiene que tener un buen guardavidas?

Los valores se van afianzando con el tiempo, según quién, pero de un rol de figura heroica al humilde reconocimiento que somos guardianes y protectores al servicio de todos. Siempre por protección de la vida y el bien común. Debe tener actitud alerta y sentido de la responsabilidad. Capacidad para mantener la calma y actuar adecuadamente en casos de urgencia.

¿Qué le brinda la Escuela de Formación Profesional de Guardavidas a Miramar y la zona?

Soy primera promoción de la escuela de guardavidas de Miramar del año 1984.
Antes rendíamos una prueba en noviembre en el mar y nos habilitaba esa temporada a trabajar como guardavidas. Siendo carpero la rendí tres temporadas, la última hubo un mar muy complicado y tuvimos que rescatar algunos aspirantes. Por lo cual al año siguiente por orden de Provincia, la Municipalidad nos becó y se hizo el primer curso de guardavidas.

En Miramar no había pileta acá íbamos en el colectivo de “Monín” a la pileta cubierta de Mar del Plata. Desde ese entonces creo que se encuentra la escuela.
Creo que Miramar no renueva mucho sus plazas laborales, habría que trabajar e

n abrir más playas, municipalizar el servicio de seguridad, entre otros cambios que veo factibles para mejorar el trabajo en esta profesión.

Los guardavidas de Miramar son reconocidos en el exterior y muy valorados por su capacidad y educación. Y esa es una opción para los que no encuentran trabajo en nuestra ciudad o la zona.

¿Tenés alguna anécdota que haya marcado tu carrera?

Hace unas temporadas atrás yo estaba trabajando en la orilla y se me acercó un señor con dos adolescentes y me da un abrazo afectuoso, yo sin poder reconocerlo me di cuenta que cuando eran chicos los hijos que lo acompañaban los había rescatado y habíamos pasado un momento muy angustiante. Me dijo que siempre me tuvo en sus oraciones, los dos hijos me abrazaron en profunda emoción y eso fue muy reconfortante para mí. De todos modos, tengo muchísimas anécdotas que recuerdo con mucho amor por mi profesión.

¿Qué mensaje le transmitirías desde tu experiencia a las próximas generaciones de guardavidas?
Un mensaje a los guardavidas es que amén todo lo que hacen y sobre todo la vida. La unión hace la fuerza (lo vivimos en cada rescate) sean fraternos y personas de bien.

Es importante que tengan en cuenta que: “Si se puede prevenir no es accidente es incidente”: siempre prevenir es la mejor opción.