S.E.G.A

SOCIEDAD DE ESCRITORES DE GRAL ALVARADO

La sanación

La población de Cabo Trémulo se había reducido a la mitad. Algunos de los muertos eran ancianos pero la mayoría tenía entre veinticinco y cuarenta años. Los más sabios dictaminaron que se debía beber ajo fermentado en alcohol. Los demás, llegaron a convencerse de que la cura estaba en otro lado. No había trabajo, no había comida. Los brazos fuertes estaban enterrados y los pocos hombres que quedaban, yacían postrados con dolores en el pecho y los labios azules. El alma estaba enferma y el cuerpo lo expresaba.
Wayra salió temprano hacia el monte. Lejos del pueblo, hizo un pozo en la tierra y un fuego con leñita seca. Quemó la yerba y las especias que llevaba en el morral mientras invocaba a los dioses. Volvió al rancho entrada la noche. El silencio de la madrugada se interrumpió con relinchos y la descarga de una lluvia densa que prometía no menguar. Pero al mediodía el sol radiante secó la tierra y los enfermos se levantaron asombrados.
Esa tarde hubo fiesta, proyectos de siembras y de hijos. Wayra levantó los ojos al cielo. Todo había pasado. Volverían a ser como antes, un pueblo feliz.

María Guillermina Sánchez Magariños

Sueño de niño

De la Antología “Cónclave de sueños”, 2021

Repetidas vacaciones en la casa de su abuela. El perfume de los tilos, la rama sosteniendo sus siete años y la vida que no podía ser mejor. En el silencio de la siesta, bajo un cielo sin nubes, se adormeció.
Una voz ahora lo llama:

¡Vamos borracho, a dormir a otro lado!
Levanta sus cincuenta y seis de la calle, la mirada sonriente… La locura no le permite bajar de aquel árbol.

María Guillermina Sánchez Magariños