Responder a Francisco

Por Padre Hugo Segovia

Escribir el 27 de febrero ya que debo enviar el artículo que, de acuerdo con la práctica, debe salir publicado el 6 de marzo.

“Ayer, hoy y siempre” tiene muchos años de vida pues comenzó estando yo todavía en Mar del Plata en los tiempos en que Juan Pablo II era el Papa y se ha prolongado gracias a muchos factores superando holgadamente las mil emisiones.

Casa salida trata de ubicarse en el tiempo que se publica y es lo que ahora trato de hacer ya que había pensado que el 13 de marzo sería la fecha del presente.

Si bien hay mucho por comentar una de las cuestiones fundamentales es que coincida con el tiempo litúrgico, pero también con lo que sucede en los tiempos que se van sucediendo.

Muchas veces en estos mas de veinte años he manifestado que me gustaría que la columna saliese diariamente pues muchos hechos, figuras, aniversarios han pasado de largo por ser semanal la columna.

Ella ocupa un lugar importante en mis efemérides, y nunca será lo elocuente que merece mi agradecimiento por la paciencia que ha tenido conmigo la gente de un medio tan importante de Miramar haciendo notar que ya en Mar del Plata, allá por los años 92, hubo 1.025 en que “Iglesia hoy” me dio la oportunidad de que semana a semana expresarme.

UN PEDAZO DE NUESTRO CORAZON

No podía dejar de hacerlo en el momento que vive la Iglesia con el tema de la salud del Papa Francisco a quien no me ha resultado difícil referirme innumerables veces.

Ahora, en momentos de esperanza y preocupación, quiero hacerlo ya que si no lo hiciera sentiría el peso de una ingratitud personal junto con una descortesía histórica.

Leo en una carta de lectores de un diario muy importante, entre tantas opiniones y versiones de toda índole, una que me ha movido a referirme para la columna del 6 de marzo a lo que una lectora me ha movido a expresar.

Dice que el 13 de marzo de 2013 la historia la sorprendió y un grito se hizo himno en las calles, en los bares, en las casas: ¡un papa argentino! Como si, de repente, la fe y el país se fundieran en un abrazo.

Llama la atención el lenguaje de esta lectora: Jorge Bergoglio, el hombre de los trenes y el mate en los andenes se convertía en Francisco y en un instante los millones de argentinos sentimos que un pedazo de nuestro corazón llegaba a la silla de Pedro. ¿Qué era esa emoción que nos recorría? ¿Era orgullo? ¿Era esperanza? Tal vez un poco.

Sigue: “pasaron los años y Francisco no se convirtió en un papa de mármol sino en un papa de carne y hueso, de zapatones gastados y mirada inquieta”.

“Su pontificado ha sido un Evangelio vivo de los que no tienen voz, los pobres, los refugiados, los descartados del mundo. Lo vimos abrazar a los enfermos sin miedo, llorar con los migrantes, denunciar una economía que mata y reclama, con la fuerza de un profeta, que nadie puede ser indiferente ante la injusticia”.

Insistente y exigente continúa: “cuando miramos hacia atrás ¿Qué n os queda de aquel 13 de marzo? ¿Mantenemos viva la emoción de aquel día?

Francisco no pidió nunca honores, pidió gestos.

Nos desafió a ser una sociedad que no olvida a sus caídos en la pobreza, que no se acostumbre al hambre ajena, ¿Nos animaremos a responderle?

Termina “tenemos que agradecerle por su entrega, su palabra, su ejemplo y convoca a la oración para que tenga la fuerza necesaria para seguir guiando a la Iglesia con su luz y su compasión.