¿Qué es el amor? (Parte II)

por: Licenciada Alicia Digón

Hola, sigamos con el amor, afecto que salva de cualquier hecatombe, de cualquier pandemia, en fin.

Que el amor salva lo sabemos todos. Pero qué pasa en esta época de incertidumbre y en la que la sociabilidad se ha restringido a unos pocos y en algunos casos a dos, las personas mayores que acostumbradas a la visita de nietos, hijos, amigos, o en el mejor de los casos vecinos, fueron quienes más tuvieron que encerrarse por el riesgo que se corría. (Y todavía se corre) Enfermedades diversas, dolencias de la edad, en fin, los etcéteras que ya todos conocemos.

El amor siempre está. Claro, ¿llega el verano y qué hacemos? Vamos, ¿nos arriesgamos? Salimos? Algunos prefieren quedarse otros salir. Por supuesto con los cuidados que se ameritan y cumpliendo ciertas normas sencillas de higiene distanciamiento, prudencia, se puede no sólo salir e ir a playas a paseos, a la distracción que todos y todas nos tenemos merecidos.

Playas familiares, de niños, esos espacios en los que aún se encuentra cierta paz para quienes buscan un descanso, un mar transparente, una salida a la tarde donde se hace que reine el respeto por el otro, hecho difícil de conseguir en oportunidades hasta por quienes son gobierno, pero si buscamos la tan ansiada paz y que nuestra biología se estabilice qué mejor que elegir una playa poco bullanguera, donde reine la vecindad, donde el amor se huela en las veredas del atardecer, en los que la vegetación antigua nos hable de épocas planas sin mayores sobresaltos, sin epidemias sin dolores, es decir de las épocas de la infancia y la adolescencia en lo que todo era esperanza y tiempo por venir.

El amor se construye. A cualquier edad y en cualquier momento si nos encontramos en paz con nosotros mismos.

¿No es preferible un lugar que se parezca a un pueblo con mar y distracciones tranquilas, que la euforia de este año en particular y la locura del no saber qué pasa y qué pasará?

Nos ayudaría un espacio donde el conglomerado irrumpa con el ruido y la matraca del “se acaba el mundo” gocemos.

¿Ese goce es amor?

Las investigaciones sobre la química del cerebro han llevado a interesantes descubrimientos en el ámbito de las interacciones sociales a través de lo que nos manifiesta Sue Carter sobre la oxitocina. En otro momento nos expandiremos sobre los efectos que tiene en las relaciones humanas.

Ahora vamos a observar el éxodo de la gente desde las grandes urbes a pueblos más tranquilos. Los departamentos de la capital han bajado sus precios y por qué? Porque la gente toda la gente aún ciertos jóvenes que buscan la salud y la paz, entendieron que en el ruido no está la clave.

Y vamos a cambiar en vacaciones? Dónde ir? A una playa tumultuosa? O vamos a elegir un pueblo con mar y tranquilidad para recuperar todo lo que se nos escapó con el stress de año.

No quiere decir que ya estemos fuera. Justamente, mantener lo logrado.
Una salud alimentaria, de sueño y de distracción, no de locura y corrida y encierro.

Elijamos para vacacionar no la playa de moda. No. Miremos esos espacios en el que el pasado vuelve en forma de música tranquila, en forma de arboleda y bosques naturales.

En fin el amor es posible a cualquier edad. De esto también ya hablaremos en su momento y hasta el próximo número que espero que en enero se empiecen a resolver algunos encierros y a seguirse cuidando con paz y tranquilidad, que ayuda, claro que ayuda en un porcentaje que ni nos imaginamos.