Promesas y esperanzas (Padre Hugo Segovia)

¡Cuantas veces el Papa Francisco aludió a la situación de China y a las dificultades que llevaban consigo el trabajo de la diplomacia vaticana en lo referente a la cuestión!

Me animo a decir que es uno de los problemas que más lo han preocupado y el mismo en muchos coloquios con los periodistas durante sus viajes manifestó su deseo de poder llegar allí.

Se me ocurre pensar en un jesuita como él, San Francisco Javier que no llegó a entrar en la China en el siglo XVI.

Francisco deseaba llegar a China actualizando la fe desde entonces cuando el jesuita Matteo Ricci fue protagonista de una experiencia misionera todavía inconclusa.

Han pasado 500 años desde que este misionero aprendió no solo el chino, sobre todo, la cultura de ese mundo tal cual aprendíamos en aquella novela (Ricci descubre China”) de un autor famoso por ser el referente de aquella película protagonizada por Gregory Peck, “El buen pastor”.

La historia de la relación del cristianismo y China suele entenderse desde aquí.

Ricci y los jesuitas además de hacer propia la cultura China intentaron transmitir además la ciencia médica la astronomía, la matemática y la filosofía.

UN LARGO CAMINO

Los jesuitas habían abierto un camino de convivencia, podríamos decir, pragmático sobre todo en lo que hacía al culto a los antepasados que fue duramente cuestionado en Europa que dio como consecuencia la condenación ya en el siglo XVII por parte del Papa Inocencia X lo cual causó el disgusto por parte de China con leyes y prácticas anticristianas.

Pasó mucho tiempo hasta 1939, en que el Vaticano abrió las puertas a nuevas etapas con la promoción de obispos autóctonos y hasta la llegada al cardenalato, por parte de Pío XII, del arzobispo de Pekín, Thomas Tien quien a la era de Mao con una expulsión de misioneros y la ruptura de relaciones diplomáticas lo cual dio como resultado una nueva iglesia patriótica u obediente a Pekín.

Giancarlo Zizola relata los intentos de Juan XIII en los años de preparación del Concilio para lograr la presencia en un momento en que decía de uno de cuatro hombres en chino.

No tuvo éxito y los esfuerzos diplomáticos quedaron los resultados. Los papas que lo sucedieron en largos años trataron de llegar a acuerdos con escaso resultado hasta los años de Juan Pablo II y sobre todo de Benedicto XVI mientras que se llegó a acuerdos parciales sobre todo en el arduo espacio de la elección de obispos hasta la situación actual en la que hay progresos, pero también retrocesos.

ATRACCION, NO PROSELITISMO

Cuatro siglos han pasado desde que Ricci escribiera en chino el “Tratado de la amistad” en el cual diseña como un nuevo mapa en el cual China, el “Reino del Medio, aparece en el centro y no Europa.

De allí se puede deducir que un Papa venido también del fin del mundo tenga la misión de poner en el centro no una Iglesia eurocéntrica sino en diálogo con el continente como Francisco dijo, a pocos meses de su elección desde Corea siempre en términos fraternales.

Así lo afirmó hablando en Hanoi con los obispos del continente desautorizando para ello intentos imperialistas con palabras muy claras: “los cristianos no vienen a romper la identidad y solo necesitan un diálogo constructivo. Amistad, diálogo fraterno, apertura sobre todo lo que conduce a un verdadero, abierto a recorrer juntos el camino de una comunicación de valores sin proselitismos. Como pedía el Papa Benedicto “la Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción”.