Pironio y su tiempo – (IV)

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

Padre Hugo Segovia

A medida que nos acercamos al 3 de diciembre en que se cumplirá el centenario de su nacimiento vamos completando los apuntes que nos proponíamos como humilde contribución a su recuerdo y a promover tantas facetas como adornaron su personalidad.

Nos quedarían consideraciones sobre los años de su servicio en la Curia romana desde 1975 hasta su muerte en 1998.

En el Consistorio del 24 de mayo de 1976 el Papa Pablo VI lo incorporó al Colegio Cardenalicio y le asignó la diaconía de los Santos Cosme y Damián.

En 1995 paso a pertenecer a la orden de los cardenales obispos con el título de obispo de obispo de Poggio Mirteto.

En numerosas oportunidades, tanto Pablo VI como Juan Pablo II, le encargaron misiones especiales y, teniendo en cuenta su notoriedad como obispo latinoamericano, es imposible no tener en cuenta que, por citar algunas, las que le toco asumir en México en 1976 cuando se consagro la nueve basílica de Guadalupe como la que en 1986 asumió al ser enviado a presidir el Encuentro de la Iglesia cubana llevado a cabo en La Habana y que bien puede considerarse como el punto de partida de una actualización de la Iglesia en el país.

Nosotros lo recibimos ese mismo año 1976 en su promoción cardenalicia en Mar del Plata, donde también llego en l979, en 1973 con motivo del cincuentenario de su ordenación sacerdotal y en 1995 donde en su carácter de presidente del Pontificio Consejo de los laicos el encuentro Nacional de las Comunicaciones.

Hemos recordado su visita a Miramar, aunque privada en 1979 y, sin temor a la repetición, mencionar lo mucho que tenía entre los mejores momentos de su vida la Confirmación que celebro como último servicio pastoral como obispo de Mar del Plata.

PREGONERO DEL CONCILIO

“Responder a los tiempos” decíamos al anunciar la beatificación de Fray Mamerto Esquiú así como a estos desordenados apuntes los llamábamos “Pironio y su Tiempo”.

Su figura nos inspira para ver a este obispo como un fiel testigo de hacerse todo para todos partiendo de una presencia tan fuerte de Dios en su vida. En otras ocasiones he recordado algo que el cardenal Mercier decía del gran maestro de vida espiritual Columbia Marmion después de cada confesión: “Don Columba nos hace tocar a Dios”.

Ello le daba identificarse tanto también con las realidades que le toco afrontar entre las cuales la de hacerse cargo de los errores o de otros y de esa tentación de acallar a los profetas.

Para comprender a los tiempos. Así fue en Mar del Plata adonde estuvo tres años y medio y mostro lo que es ser obispo y ciudadano y en los años en que, con los religiosos y los laicos, preferentemente los jóvenes, se hizo repón pascual del Concilio.

Llama la atención en sus escritos la nitidez de sus palabras y el recurso permanente a la Palabra de la que es portavoz y junto con ello la cercanía de los que caminan juntos rompiendo distancias. Me llamo la atención, y no solo a mí, el aplauso que pidió en la ordenación episcopal de monseñor García, una costumbre que entonces llamaba la atención.

Imagen mucho más deudora a su relación con la Palabra de Dios y en acción sanadora que a la suma de actividades que hacen a la tarea de un obispo. Ese hombre que, etimológicamente, debe ser vigilante, guardián, guía, pastor.

PIRONIO EN MI VIDA

No quiero terminar estos apuntes que son un humilde homenaje a alguien tan representativo cuyo proceso de beatificación está en camino.

Son algunos recuerdos que afloran con motivo de este centenario de su nacimiento.

A raíz de la enfermedad y el fallecimiento de un joven sacerdote que había compartido en Roma con Pironio años de formación llego él a Bahía Blanca y mi mama tuvo ocasión de conocerlo porque acompañaba a la madre del Padre Silverio Rosso. Entonces se conocieron y el nunca olvido que cumplían años el mismo día y que además compartían el segundo nombre: el, Eduardo Francisco; ella, Ramona Francisca y muchas veces llegaba su saludo que yo conservo con mucha veneración.

He constatado que fue quien envió la revista “Vida pastoral” una semblanza que había escrito sobre el Padre Rosco.

El 24 de Setiembre de 1975 en el estadio de básquet del Club Estudiante de Bahía Blanca tuvo lugar la ordenación episcopal del Padre Rómulo García de la cual fue ordenante principal. Días antes, el 3 de septiembre, yo había sufrido un atentado en mi caso de Punta Alta. Cuando estábamos en el estadio esperando la entrada de los ministros fue sorprendido porque Pironio salió del cortejo y se abrazó diciéndome: “Hugo, ¡como te he tenido presente estos días!”.

Y en 1997, ya postrado, pude verlo varias veces en Roma. Aunque ya lo he contado, puedo volver a decir lo que fue la última vez: el 23 de diciembre, 45 días antes de su muerte, fui a despedirme y el último gesto fue tomarnos las manos y rezar un Ave María.