Con apenas 19 años, el miramarense Patrizio D’Osualdo dio un paso importante en su carrera al participar en la clasificatoria del World Paella Day en Piriápolis, Uruguay. Fue el competidor más joven y el único argentino en una instancia que reunió a cocineros con amplia trayectoria internacional. Aunque no logró clasificar, la experiencia le dejó aprendizaje, vínculos y proyección.
Criado en una familia gastronómica y actualmente parte del equipo de Socarrat, “Pato” viene construyendo su camino entre tradición, formación y nuevas oportunidades. En diálogo con “El Argentino”, repasó sus inicios, el rol de su entorno y lo que significó esta gran competencia.
-Sos muy joven, ¿en qué momento la cocina pasó de ser un hobby a un camino profesional?
Siempre estuve en la cocina desde chico, pero durante mucho tiempo lo tomé como algo paralelo a mis estudios. Iba a la Escuela Técnica con orientación en Informática y pensaba que mi camino iba por ese lado. Hasta que en el último año del secundario hice un clic: empecé a disfrutar mucho más la cocina, a sentir que era lo que realmente quería hacer. Ahí decidí empezar a estudiar Gastronomía en paralelo, entonces terminé el secundario en el Colegio Luján para poder dedicarle más tiempo a la carrera.
-Venís de una familia gastronómica. ¿Cómo influyeron proyectos como Bocaya y Mucho Gusto en tu formación?
Influyeron muchísimo, porque crecí literalmente dentro de ese mundo. Mi papá siempre estuvo en la cocina y mi mamá en la parte administrativa, y eso me permitió ver cómo funciona todo desde adentro. Con proyectos como “Bocayá” o “Mucho Gusto” fui entendiendo no sólo lo que pasa en una cocina, sino también cómo se arma un concepto, cómo se maneja un negocio y cómo se piensa una propuesta gastronómica. Todo eso te forma, incluso sin darte cuenta en el momento.
-¿Cómo fue el paso de trabajar con tu familia a salir a otros espacios como Merci y después Socarrat?
Fue un paso importante. Yo trabajé varios años con mi papá y aprendí un montón, pero llegó un punto en el que él mismo me dijo que necesitaba salir a otros lugares para seguir creciendo. Me sugirió que escuche otras devoluciones y que me enfrente a otras formas de trabajo. Ahí empecé a buscar y entré en Merci, donde estuve unos meses haciendo panificados y aprendiendo otra dinámica. Después me llamaron de Socarrat, donde había dejado currículum antes, y se dio justo en el momento indicado. Fue un cambio que me sirvió mucho.
-¿Cómo se da tu llegada al rol de paellero y la posibilidad de competir?
En Socarrat me ofrecieron el puesto de paellero. Me probaron, vieron que respondía bien y me quedé en ese rol. Durante el verano hice más de mil paellas, así que fue un aprendizaje muy intenso. En ese contexto, Juani Kittlein me pasó la información del clasificatorio y me dijo que me anote. Había una preselección y cuando me llamaron entendí que les había interesado mi perfil, sobre todo por la edad. Desde ese momento lo tomé con mucha seriedad.
-¿Qué rol tuvo Juani Kittlein de Socarrat en todo este proceso?
Fue muy importante. Desde el primer momento me acompañó, no solo en lo técnico sino también en cómo encarar la competencia. Me ayudó a entender tiempos, decisiones y a tener una mirada más estratégica. Además, al haber tenido experiencia en este tipo de certámenes, su acompañamiento te dio seguridad. Fue clave tanto antes como durante la competencia.
-¿Qué te dejó la experiencia de competir en Uruguay?
Me dejó muchísimo. Más allá de que todos íbamos por el mismo objetivo, se generó un ambiente muy bueno, con respeto y compañerismo. Cada uno tenía su estilo, pero también había colaboración. Pude conocer a otros cocineros, ver cómo trabajaban y aprender desde ese lugar. Me llevé contactos y una experiencia que realmente superó lo que esperaba.
-¿Te interesa seguir compitiendo o pensás enfocarte más en el trabajo diario?
Me interesan las dos cosas. Las competencias son una buena forma de crecer y de medirse, pero también el día a día en la cocina es clave. Creo que voy a ir viendo qué oportunidades aparecen, pero siempre con la idea de seguir formándome como cocinero en general.
– ¿Cómo ves la gastronomía en Miramar y qué creés que falta?
Creo que hay potencial, pero todavía cuesta un poco salir de lo clásico. La gente muchas veces elige lo que ya conoce, y eso hace que sea más difícil instalar propuestas distintas. De a poco eso va cambiando, como pasó con el café de especialidad, donde ya hay otra valoración. Es un proceso que lleva tiempo y también depende de que haya más propuestas y de que la gente se anime a probar.
-Para cerrar, ¿qué le dirías a la gente que te apoyó y a tu equipo?
Estoy muy agradecido con toda la gente que estuvo siguiendo y apoyando. La verdad que fue algo que me sorprendió mucho. Y también quiero agradecer especialmente a todo el equipo de Socarrat, a Juani que me dio la oportunidad y me acompañó en todo este proceso, y a Wally (Walter Behotats), mi jefe de cocina, que desde que llegué me enseñó las bases de la paella. Gran parte de lo que logré tiene que ver con ese apoyo.