Sin duda alguna es innegable la importancia de Estados Unidos en el mundo.
Una de las grandes potencias de la cual se puede decir que dependen, muchas de las decisiones más importantes y desafiantes del mundo.
No solemos hacer referencia en esta columna a las características y los estudios sobre su influencia en la vida de la Iglesia Universal.
Más aún, queda una sensación de relaciones no precisamente cordiales con el Vaticano, sobre todo en las últimas décadas y, más aún, cuando se analizan las relaciones con el Vaticano que en otras etapas históricas eran, sin duda, mucho más cercanas y cordiales.
El hecho de que un norteamericano sea ahora cabeza de la Iglesia no es, por sí solo, señal de un cambio demasiado importante en este sentido. Sí la certeza de un Papa, que, siendo oriundo de ese país, le da un sabor especial a la relación.
Ya desde los tiempos de la guerra mundial en 1937 a 1945 la influencia del episcopado yanki ha sido importante y hasta decisivo.
Aparece la imagen de aquella película basada en una novela de Maston Robinson que terminaba con la imagen del Cardenal que volvía del Conclave con la idea de que él sería el papa elegido en un próximo conclave.
EL ALMA DE LA CIUDAD
Ahora ha llamado la atención el arzobispo de Chicago, Blase Cupich, que ha tenido una fuerte intervención en el tema urticante de la política migratoria que está en las opciones más destacadas del presidente Trump.
No era de llamar la atención que el episcopado norteamericano si bien opuesto a la política que en ese aspecto llevaba adelante el episcopado de Estados Unidos si bien en otras épocas había sido opositor no lo era, sobre todo en los últimos tiempos, en términos realmente dignos de atención.
No esta demás tener en cuenta que el cardenal es oriundo de la misma ciudad que el Papa León XIV.
El estilo sobrio que utiliza el cardenal no le impide ser contundente y también coincidente con el estilo de otros episcopados: “les hablo no solo como pastor de ustedes sino también como compañero peregrino que comparte el dolor de muchos de nuestras comunidades inmigrantes. Muchas familias están siendo destrozadas, hay niños que se quedan en el miedo, comunidades que son sacudidas por las redadas y detenciones. Todas estas acciones hieren el alma de nuestra ciudad”.
Como es habitual el video ha sido bilingüe, en inglés y en español.
CRITICOS NO COMPLICES
La iglesia, afirma el cardenal “está con los migrantes. Está con las madres que cruzan fronteras para alimentar a sus hijos, con el padre que trabaja en silencio para construir un futuro mejor, con el joven que sueña con seguridad y un futuro mejor”.
Afirma: “nuestras iglesias y escuelas no rechazarán a los que buscan un consuelo y no nos quedaremos callados cuando se niegue, la dignidad”.
Les habla a los inmigrantes sin documentos, muchos de ellos han trabajado duro durante años, han formado familias, han contribuido a esta nación y merecen el respeto mayor”.
Con firmeza dice: Insistiré como arzobispo de Chicago en que sean tratados con dignidad”.
Este testimonio es reconfortante y no resulta de suma importancia ya que nos muestra la palabra y los gestos que necesitamos “para dar sentido a nuestra fe y saber responder, con hechos concretos, no solo al silencio cobarde que muchas veces nos domina ante situaciones en las que está en juego la dignidad de las personas y la necesidad de ser nosotros críticos y no cómplices de todo lo que condice con la dignidad humana.










