Cuando llegan estos días de las fiestas de fin de año, afloran recuerdos y expresiones de nuestra vida.
Siempre aparece algo que, desde la infancia, aparece siempre que se acerca el fin de un año.
Con mis primos veíamos a este amigo de nuestros abuelos que repetía siempre lo mismo: “los años pasan, me pesan y me pisan”.
No entendíamos entonces lo que esas palabras expresaban tanta elocuencia con esa sabiduría que los años nos van brindando.
Aunque también a mí me motivó mucho después de muchos años una expresión que Daniel Burman pone en los libros del nieto de una abuela judía que le recuerda lo que fue viviendo en el campo de concentración, sembrado, le dice a su abuela: “¿Cómo viviste tanto tiempo?”. Además, esas palabras que le devuelven el ritmo de algo que ella contaba en ese horrible hogar.
Estos días finales de un año me hacen también volver a lo que en otro tiempo atendía en la parroquia y era un encuentro de hermanos que agradecíamos a Dios lo que habíamos vivido en esos 365 días y no solo eso sino también tratando de buscar en nuestra la historia motivos para nuestra esperanza para el año que estaba a nuestras puertas.
LOS HECHOS Y LAS PERSONAS
Recuerdos y esperanzas que fue repitiendo en esta columna del último jueves de cada año.
Tal vez el año y las consecuencias de la pandemia por un lado y las dolorosas circunstancias en que cayeron nuestro panorama político sin pasar por alto el clima de guerra y violencia en que el mundo parece haber encontrado al ritmo de su vida haya contribuido a que buscáramos otros caminos para nuestra reflexión,
No quiero, sin embargo, renunciar a esa revisión de vida personal y comunitaria de nuestra realidad y recordar aquel pasear, “pasar, pisar y pisar” del amigo de mis abuelos. Tampoco renunciar a la actitud del nieto de la película que se admira del tiempo y de las cosas que ha vivida la abuela como también de la otra parte de su asombro: ¿Cómo hizo?
Más que remitirnos a nuestra memoria es bueno poner el corazón en el recuerdo. Aquello era algo más, parecido a un trabajo de investigación periodística.
Yo, por ejemplo, no puedo olvidar que este año ha sido el de la enfermedad y la muerte del Papa Francisco que puso al mundo en la admiración y la gratitud. Ese, “todos” que él repetía sin entrar en lo rutinario tuvo entonces tan vez una humanidad que a veces las distintas formas de ver la realidad parecían ignorar.
Pero no quiero desvincular de ello y a nivel personal, aunque compartido con muchos amigos y conciudadanos el dolor que nos causó la muerte del Cholo Ciano, el Cholo de Mar del Plata como también la partida en vísperas del fin de año de otro maestro eximio de vida como fue Héctor Alterio de quien tantos gestos artísticos de películas emblemáticas como los de su vida pública revivimos con emoción y gratitud.
EL ABRADO DEL AÑO NUEVO
Pero preparando este último encuentro del año aparecen en la mente y en el corazón unas palabras de la liturgia del tiempo de Adviento nos han ido regalando.
Como solemos hacer este encuentro de fin de año nos lleva a elegir las palabras y la imagen del año que termina.
La de este año 2025 puede ser una palabra con la cual el nuevo Papa saludó a Roma y al mundo al presentarse en la plaza de San Pedro: “la paz esté con todos ustedes de la que nos quedó la fuerza de ese “todos” que también había utilizado el Papa Francisco. Esa imagen y esas palabras nos sirven ahora para el abrazo de año nuevo para que no ayuden día a día a renovar el compromiso de esforzarnos porque ese “todos” no sea una expresión protocolar sino el empeño de hacer que puedan leerlo en la vida de cada uno de nosotros: “todo el Evangelio en toda la vida”.