A fines de los años 50 un libro llego a ser durante muchas semanas un best seller.
Se trataba de “Oraciones para rezar por la calle” y su autor era un sacerdote francés, Michel Quoist, muy relacionado con América Latina en aquellos años en los que se podía notar la fraternidad de las iglesias europeas en el problema de la escasez de vocaciones que se daba en el continente. Autor, además, de importantes títulos muy relacionados con el tema de la oración. Recuerdo, aunque no de su autoría, uno con titulo sugerente: “Oraciones para los días inaguantables”.
Tal vez aquella expresión de la doctora de Ávila: “entre los pucheros también anda el Señor” puede haberlos inspirado. Lo cierto es que la necesidad de quitarle a la oración todo un cerco de acartonamiento, tan lejos del maestro que partía, en sus parábolas, de las realidades que los discípulos Vivian.
Todavía el aire fresco del Concilio no había entrado por las ventanas de las comunidades pero el Espíritu Santo sopla donde quiere y, a través de los más diversos caminos, aportaba tanto a que comprendiéramos aquellos que, volviendo otra vez a ella, había dicho Teresa de Jesús: “Orar es hablar de cosas de amor con aquel que sabemos que nos ama”
Caminos que se encuentran
No me puedo olvidar, al respecto, lo sorprendido que quedó Facundo Cabral cuando, hace algunos años, tuve ocasión de conocerlo en Mar del Plata. Le había dicho que sus canciones me habían ayudado en la predicación de los domingos: a uno de sus acompañantes les dijo:” ¡mirá lo que me dice!”. Y así era porque había terminado el Concilio y uno de sus legados era el dialogo con el pensamiento y las vivencias profundas de los tiempos para escapar a la cerrazón de una mirada individualista lo que después de cincuenta años el papa Francisco llamaría “autorrerencialidad”.
Por otra parte, una fe que había inspirado en siglos anteriores un acerbo cultural impresionante se había truncado.
Buscábamos encontrar puntos de encuentros cayendo, es preciso reconocerlo, en concerdismos poco convincentes. Pero el esfuerzo valía la pena y muchos de los momentos de nuestra vida iban a quedar impregnados de esos acentos,
Uno de los que me inspiro a conocer autores de distinta procedencia fue el arzobispo de Milán, cardenal Montini que en sus pastorales los citaba dándole importancia más al mensaje que al mensajero.
A lo largo de las ochocientas semanas de esta columna los lectores habrán descubierto la importancia que tuvieron tanto en mi vida personal como en mi actividad pastoral. Caminos, por otra parte, que no han marchado divorciados.
Al predicar en la iglesia San Andrés el 28 de abril cuando suplí al párroco, Pablo Boldrini, que había viajado a La Rioja para la beatificación de los mártires mencionaba a monseñor Angelelli, poeta el también que se enamoro del paisaje y del estilo de su pueblo y por ello congrego también entonces a muchos cantores y poetas
También “Los redondos”
El sacerdote y escritor español Pablo d`Ora ha escrito que Rilke, Destuievski, por citar escritores, pero también Van Gog o Rothkp como pintores o Chopia, Mahler o Bach por referirse a músicos “lo acompañaron durante su juventud mucho más que los mal llamados autores espirituales”
Una buena preparación literaria y artística seria darle a los sacerdotes mucho más útil que un semestre de latín”… “no se trata de ser eruditos pero yo creo que el culto cristiano puede celebrarse con un mínimo de cultura y sensibilidad”.
Incisivas opiniones de este miembro del Pontificio Consejo de la Cultura. Agregaría que es preciso estar atentos a las veces que expresan los hombres y los hechos de los tiempos.
Contribuyen a ello libros que voy descubriendo. Uno al cual ya me he referido en la columna el que refleja el pensamiento de Carlos Carella que bien puede servirnos para conocer un tiempo y una respuesta concreta de actores que fueron prohibidos dejando al país sumergido en una oscuridad intelectual que el paso de los años no ha logrado subsanar.
Otro, el enorme libro de memorias del Indio Solar, “Recuerdos que mienten un poco”. Dice allí que “setenta años ven pasar muchas cosa”.
He hablado mucho respecto de temas pendientes que esperan su hora.
En lo referente a la música y la literatura la alegría que me causo una presentación de un año atrás en la cual monseñor Mestre en su predicación cito a Eladia Blazquez…
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