El cardenal Carlo Martini ha sido, sin duda, uno de los personajes más reconocidos no solo en los ambientes eclesiásticos sino también en los culturales de las últimas décadas.
Elegido como, arzobispo de Milán por Juan Pablo II durante dos décadas fue arzobispo de Milán, sede a la cual lo eligió Juan Pablo II cuando ejercía la docencia en el Instituto Bíblico de Roma después, se dice de haberlo oído en el saludo que le brindé en la universidad gregoriana de Roma en el momento en que él lo recibía en su visita a la universidad en 1980.
Ocupó la cátedra de San Ambrosio durante veinte años que bien se puede decir que han quedado impregnados y que si coinciden con los tiempos también intensos de papa polaco al cual muchos veían reemplazado por quien se veía como sucesor de quien gobernaría la Iglesia hasta 2004.
Reconocido experto en Sagrada Escritura al renunciar a la sede de Milán por la legislación vigente en la Iglesia se trasladó a Jerusalén una ver terminado su episcopado y desde allí siguió ejerciendo su magisterio docente durante varios años hasta que el paso de los años lo obligó a volver a Europa donde pasó sus últimos años, incluido el capítulo de lo que muchos pensaban sería el de su elección a la sede de Roma que veían enriquecida con su figura.
LA ELECCION DE LA FE
Experto en Sagrada Escritura no dejó en ningún momento de su episcopado de seguir siendo enamorado de la Palabra de Dios lo cual dio, además, particular profundidad a su misión episcopal.
En un libro publicado en 2009, “El hombre en busca de la elección de la fe”, se recoge el último curso dictado en Jerusalén, que recoge el curso de ejercicios espirituales dictados por el cardenal a los sacerdotes sobre la carta de San Pablo a los romanos que se refiere a la ira de Dios, al misterio de Israel, la fuerza del bien y la liberación de mal.
Sobre todo, este último aspecto ha sido muy comentado, páginas que invitan a un profundo examen de cada uno indicando el camino para recuperar fuerza y vigor moral.
Partiendo de la carta a los romanos de San Pablo el cardenal enseña que Dios no castiga como había enseñado nada menos que Dante con penas directas.
El hombre abandonado es capaz de lo peores males pierde la luz de la inteligencia, pierde el sentido de los valores morales. Es la historia del pecado.
CAMINO DE SALIDA
De su experiencia con jóvenes el cardenal saca el tema de enfermo del corazón.
Hay jóvenes a los cuales es preciso reconocerles la necesidad que tienen de tener como enseña el mismo Evangelio que muestra a un Jesús que invita a los discípulos a ir a un lugar aparte a descansar un poco de la actividad desbordante y cansadora del mundo.
Soledad, escapar del mundo que no obliga a vivir existencias paralelas, una exterior en las que aparece como seguro de sí, desenvuelto, profesionalmente serio y comunicativo y otra interior incapaz de encontrar caminos de salida.
Es necesario recrear unidad entre el mundo exterior y lo que sucede en el interno de cada vida
La Palabra produce efectos benéficos en grado de regenerar nuestro humor y nuestras energías consumidas por la desesperación.
Pocos testigos de pan bíblico nos nutren de sabiduría, iluminan el sentido de la vida y nos hacen conseguir el mayor equilibrio.
Un cuaderno para apuntar los propósitos, los estados de ánimo, los logros como las frustraciones.