Pánico. Crisis. Respiración

Lic. Alicia Digón

En alguna nota nosotros hablamos de las crisis de pánico. Luego pasamos a la literatura como un modo de conjurar el miedo, o quizá justamente el pánico, el pensar siempre en cuestiones que nos llevan a sentimientos de susto y a veces también en situaciones de pandemia, al pánico.

Ya el hecho de decir “cuarentena” “pandemia” nos transporta a la más remota antigüedad. A epidemias en las cuales las fotos nos muestran gente con el rostro cubierto y en el peor de los casos cayendo muertos por las calles.

Estas son imágenes que el inconsciente guarda de las clases de historia antigua de la secundaria y en algunas carreras también de la universitaria, pero arrancan allá por las clases de la escuela primaria, donde esas imágenes en la mentalidad infantil o adolescente golpeaban mucho más. Era muy fácil pensar, “son cosas de la historia y a mi acá, en la modernidad, no me va a pasar”.

Y de repente la historia se dio vuelta y sí, estamos en medio de una “pandemia mundial” en las playas, en todos los países del mundo ocurre lo mismo y ahí nuestra atención empieza a focalizarse y se profundiza y el corazón late más aceleradamente, los pensamientos se agolpan, la respiración se acelera, el aire se nos va y nos vemos en medio de un torbellino de ideas confusas y queremos “salir” y salir no sirve y pedimos auxilio, y nadie responde porque no entiende. No nos entienden.

Si hablamos de esto con alguien, para nuestra sorpresa, en mayor o menor grado a mucha gente le está ocurriendo esto. Después comprobamos que nadie se murió y por un tiempo o bien prudencial o no, en el peor de los casos, no nos vuelve a atacar y de pronto, sin esperarlo, quizá, pensamos sin motivo aparente, ahí nos da otra vez.

Hoy vamos a empezar a pergeñar algunas técnicas que ayudan a tranquilizarnos y si estamos solos, con más razón tenemos que tener cerca algo, alguna soga de la cual tomarnos para que la tranquilidad ayude al cuerpo a la ansiada relajación.

La primera soga que vamos a tentar es la de la respiración.

Quienes sufren trastornos de pánico tienden a castatrofizar: hacer más grande y terrible de lo que el hecho es. Es decir piensan que están teniendo un infarto o un ataque cardíaco y que están prontos a morir, cuando lo que está ocurriendo es que están asustados o con un pánico. En realidad hay que empezar a pensar cuan derrotista nos comportamos con nosotros mismos. Cuántas suposiciones irreales tenemos y también innecesarias y autoderrotistas que malos somos con nuestra respiración, cuánto le negamos.

No disponemos de nadie. De un psicólogo a mano y esto ayuda a que se profundice el terror. ¿Qué hacer ante una situación de tal envergadura?

De lo primero que tenemos que echar mano es de la respiración. Sí, de la res pi ración. ¿Cómo? Recostados. Nunca acostados, en una silla con un almohadón o en un silloncito bajo (al menos al principio de este ejercicio) o bien, quien se anime,  en posición de yoga o loto, y  tratar de fijar con los ojos cerrados, un punto en blanco en el entrecejo y aspirar y expirar siempre por la nariz, despacio y pensar, “mi mundo es tan perfecto que nada de nada de lo que yo quiera va a suceder” esta frase tiene que ser dicha interiormente y de no quedarnos dormidos, pronto vendrá en nuestro auxilio el control tan deseado.

Es una técnica sencilla cuando no tenemos a nadie que nos pueda ayudar si estamos solos y de no estarlo debemos hablar antes con quien nos acompaña y enseñarles como nos tiene que tranquilizar SIN TOCARNOS sólo hablándonos y recordándonos que sí, que somos capaces de salir solos y de que solos llegamos a la crisis. De malos con nosotros mismos.

La respiración bien ejercitada es nuestra arma fundamental en el pánico y no debemos esperar a que esto suceda, sino que todos los días una media hora debemos ejercitar “el punto de paz”. Somos respiración y sólo si estamos muertos ella no está. Es nuestra compañera, nuestra aliada, nuestro todo.

Antes de llegar a una medicación, que nunca es aconsejable, empecemos todos los días a manejar nuestra respiración, a respetarla, a beber líquidos, aunque sea tarde y nos olvidemos de beber, bebamos, practiquemos todos los días este simple ejercicio de respiración y tratemos de manejarnos con la respiración sólo nasal.

Aspiro  y expiro sólo por nariz. Intento llevar la calma a todo el cuerpo. Utilizo la respiración para entrar en calma.

Utilizo la respiración para todo, para responder una pregunta, para no apurarme. Utilizo la respiración para tranquilizarme.

Respeto mi respiración y por ello todos, todos los días le doy un espacio en mi vida.

Para eso, para que mi vida siga estando en paz.

Recuerden “somos respiración”.