Nuestros señores los pobres

Si bien resulta difícil encontrar el título para estas reflexiones y en un momento en el que el dolor y la esperanza se aúnan surge este que se atribuye tanto a San Vicente de Paul como al insigne orador Bossuet.

En los doce años que van desde aquel sorprendente 13 de marzo de 2013, hasta este lunes de Pascua de 2025 no ha pasado mucho tiempo sin que no nos haya sacudido algún gesto o alguna expresión del Papa que ya desde el comienzo de su misión había acudido al mundo de tantas maneras.

“Francisco de Buenos Aires” lo llamábamos en la columna del 18 de abril de 2013 a partir de la cual no pasó mucho tiempo sin que no nos refiriéramos a él en este espacio en el cual tratamos de seguirlo lo cual resultaba casi imposible pues han sido doce años de continuas enseñanzas traducidas en gestos cotidianos o circunstanciales.

Hasta último momento esperábamos que, superara las deficiencias de su edad y salud y pudiera continuar en muchas tareas y emprender otras que estaban en su mente y en su corazón aun cuando nos resultara casi imposible que volviera a ser el hombre totalmente entregado en cuerpo y alma a la misión que le fuera encomendado.

El protagonismo

Muchos eran los títulos que acudían para nuestras reflexione desde la mañana del 21 de abril que nos dio la noticia de su partida.

La herencia del Papa Francisco es de dimensiones enormes y ahora se está descubriendo lo que ha dejado a la humanidad en un universal plebiscito que también repara muchas críticas interesadas que parcializaron su magisterio que no lograron doblegar su compromiso el que comenzó a perfilarse cuando el arzobispo de San Paulo, el Cardenal Hummes le dijo, al llegar al número de votos que requería su elección le manifestó plenamente convencido: “no te olvides de los pobres”. Y no solo no lo olvidó, sino que hizo historia a través de su magisterio, como antes lo había hecho como pastor de Buenos Aires.

Así lo llamábamos en esta columna el 18 de abril de 2013 cuando ya de muchas maneras era noticia la vida y los gestos de aquel que había venido desde el fin del mundo y que también estaba jalonando el fin del mundo mas parecido al que Jesús perfiló en el Evangelio.

El Buenos Aires querido

Así como el Evangelio de San Juan termina con la afirmación de que ni en el mundo entero podrían caber los libros que narren las palabras y los hechos de Jesús y, sin caer en odiosas simplificaciones, también es ingente la cantidad de ellos que jalonan estos doce años de pontificado nos quedamos admirados de esa vida que ha iluminada a raudales a los hombres y a los hechos de nuestro tiempo.

Nos queda un interrogante, sobre todo a los compatriotas de Jorge Bergoglio los argentinos que bien sabemos su amor por la tierra, la historia y los hombres, sobre todo por sus veinte años de episcopado porteño, como auxiliar de Buenos Aires y desde 1998 hasta 2013 como arzobispo de Buenos Aires.

Nos cuesta entender que no haya podido concretar su visita muchas veces prometida y hasta punto de hacerse realidad.

Podemos, en esta hora tan particular, y tan difícil de afrontar, intuir una explicación.

Allí veremos que para él había sido doloroso no poder volver a su Buenos Aires querido pero la desunión y los problemas de un país que no logra encontrar caminos de paz y justicia y al que le cuesta tanto llamar “señores” a los pobres y le hubiera dado ocasión de empezar a hacer real aquello de “las penas y los olvidos”.

¿Podrá lograrlo ahora como intercesor?