Padre Hugo Segovia
De San Valentín se cuenta que fue un obispo del siglo III que sufrió el martirio a causa de la gran capacidad que tenía por acercar a la fe cristiana a los paganos. Había llegado a convencer hasta el Prefecto romano y su familia a hacerse cristiano.
Pero de él se destaca, sobre todo, que unió en matrimonio a una joven cristiana, Serapia, que se había enamorado de un soldado pagano, Sabino.
Un amor al que se oponían los padres de él que termina por hacerse cristiano pero que no puede concretar su amor por ella se enferma gravemente y muero no sin antes unirse en matrimonio porque Valentín quiere así mostrar que el amor es más fuerte que la muerte.
Esta historia que envidiarían los autores de los grandes melodramas, ha inspirado a que el santo sea considerado protector de aquellos que soportan toda clase de obstáculos porque se aman.
Su fama se ha extendido por todo el mundo y es muy reconocido en los países árabes, los japoneses, los chinos y en muchos países africanos.
San Valentín fue obispo de Terni, en Italia, y monseñor VincenzoPaglia que fue obispo hasta que el papa XVI lo llevó a importantes tareas en la Curia Romana, le dio gran impulso a su devoción.
Allí dio pie a lo que llamó “la fiesta de las promesas” que “en un tiempo de precariedad sentimental como el que vivieron”, obtuvo un gran suceso.
LA FIESTA DE LAS PROMESAS
Este Obispo muy relacionado con el mundo de la cultura y ha escrito numerosos libros cumpliendo durante muchos años la asistencia espiritual de la Comunidad de San Egidio, sin olvidar que ha sido nada menos que postulador de la causa de canonización del mártir Monseñor Romero, explica el sentido de esta devoción.
“Se trata, dice, de un momento importante porque habla de una profunda necesidad que tienen estas parejas de una respuesta pastoral”.
Así como el 14 de Febrero se celebra su fiesta ha organizado lo que llama un día de bendición del noviazgo y consiste en una fórmula que leen los dos, antes de que el obispo pase, bendiciéndolos.
Cuenta cómo muchos dejan una tarjeta con un pensamiento o una intención y después se recogen porque expresan todas, de una u otra manera, la necesidad profunda de amar y ser amados.
Monseñor Vincenzo, como todos lo llaman, dice que “en estos años se advierte una necesidad creciente de la tristeza de que el amor puede terminar. Este es el nudo central:
“la cultura de lo pasajero, de lo comercial no permite expresar abiertamente esa profunda necesidad del “para siempre” porque no somos máquinas con ruedas que se consumen, el corazón no se consume, late hasta el final”.
Ello no rompe la posibilidad del divorcio pero sí se quiere subrayar otro aspecto. Se trata de que el noviazgo sea un momento de profundización del amor. “Es un tiempo de reflexión que sirve para construir no solo para un día”.
AMAR Y SER AMADOS
“Todo lo contrario de una fiesta comercial por que la construcción del amor, alrededor de la figura de San Valentín, subraya la figura de un pastor atento, una persona que se preocupa del otro. Por ejemplo, se cuenta que Valentín tenía un jardín lleno de rosas y allí los pequeños jugaban. Cuando él fue arrestado mandó desde la prisión la clave para poder entrar a través de una paloma mensajera.
“Todo esto, historia y leyenda al unísono, contribuyen a reforzar el eje principal, que es la intuición profunda de la perennidad del amor. No solo el que se da en la relación entre las personas sino también que se extiende y se convierte en amor por la paz y por toda la humanidad”.
“El santo del “para siempre” titulaba la revista “Jesús” de la cual hemos obtenido los conceptos que se vuelcan en la columna.
Nos llama la atención que, siguiendo la línea de Juan XXIII no se habla de condenaciones ni la de Francisco quejas o reproches a los criterios en boga, sino repuestas a profundas necesidades de la cultura actual, Más, aún que palabras, actitudes de cercanía y acompañamiento sobre todo a una juventud tantas veces víctimas de eslóganes y proyectos pasatistas.
No necesitamos que a los pastores de hoy les caiga adecuadamente lo que le decían a uno de ellos: “el Padre No”.