Padre Hugo Segovia
El mismo 27 de marzo en que el Papa Francisco oro por todo el mundo, se anunciaba la constitución de la Comisión para afrontar las consecuencias de la pandemia.
Refiriéndose a lo ocurrido en la plaza un conocido vaticanista dice: “ni Spielberg lo hubiera hecho mejor”. Para expresar la preocupación y el amor de la Iglesia por la familia humana frente a la pandemia a través del análisis y la reflexión sobre los desafíos sociales, económicos y culturales del futuro y la propuesta de pautas para enfrentarlos”.
El Cardenal Peter Turkson, oriundo de Chana, prefecto del dicasteriopontificio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral esta también al frente de esta Comisión que consta de cinco grupos de trabajo.
El primero está dedicado a escuchar a las iglesias locales en cooperación con Caritas Internacional, la Limosnería apostólica, la Congregación para la
Evangelización y la Farmacia del Vaticano; el segundo a investigar y estudiar la pandemia y su incidencia sobre la sociedad y el mundo posterior con referencia particular al medio ambiente, la economía, el trabajo, la salud, la política, la economía y la seguridad; el tercero a la comunicación con las Iglesias ayudándolas de manera autentica y creíble a responder al mundo posterior; el cuarto, a apoyar a la Santa Sede en sus relaciones y actividades con los países y los organismos internacionales y comunicarles los frutos de la investigación y el dialogo. En fin, el quinto, responsable de la financiación y la asistencia a las iglesias locales así como de sus actividades de investigación, análisis y comunicación.
MARCISISMO, VICTIMISMO, PESIMISMO
Esta comisión, en cada uno de sus grupos, tendrá el apoyo de los respectivos dicasterios que componen la Curia Romana. Ello no solo será una invalorable colaboración sino que mostrara también la dimensión de la Iglesia en su aspecto organizativo que abarca la multiforme complejidad del mundo actual.
Pero, además, pondrá en escena el permanente magisterio del Papa Francisco.
Precisamente, el domingo de Pentecostes, el hacía mención de los que llamaba tres pecados en que solemos incurrir, particularmente con lo que está padeciendo nuestro tiempo.
En primer lugar hablaba del narcisismo que consiste en la preocupación que tenemos frente a nuestras necesidades y la consiguiente indiferencia ante las de los demás que nos lleva también a no admitir nuestras fragilidades y errores.
Hablaba, después, del victimismo, esa diaria letanía del “todo está mal en la sociedad, en la política, en la iglesia”. Y también del pesimismo que arremete contra todo pero a la vez se mantiene apático porque le parece que no sirve para nada darse.
Así el gran esfuerzo que supone comenzar de nuevo “¡que dañino es ver todo negro y repetir que nada será como antes!. Lo que no regresa es la esperanza. Pero en la Iglesia es el Espíritu Santo quien hace la unidad y así nació la Iglesia en la cual somos diversos pero unidos”. Por eso, dice el Papa: “empecemos de nuevo mirando a la Iglesia no como la mira el mundo reduciendo todo a derecha o izquierda, con esta ideología u otra, como conservadores y progresistas”.
MOSTRAR NUESTROS SUEÑOS
El magisterio del Papa Francisco ha sido muy elocuente en estos siete años. Se trata no solo de la enorme cantidad de documentos, de lo que podríamos llamar el magisterio hablado, pero acompañado por gestos lo que ha hechos que se hablara de la encíclica de los gestos.
Esta decisión de crear una comisión para responder a este tremendo grito poniendo en juego todo el potencial de la Curia Romana a la cual ha prestado atención preferencial y cuya reforma se encuentra en camino nos lo muestra.
Se trata de una Iglesia que no cierra sus oídos a las crisis de los tiempos. Así lo dice: “ en sus momentos trágicos siente el llamado a volver a lo esencial del primer amor… no tenemos que ser bichos raros” sino hermanos y cercanos pero, también que no seamos, por ello, incapaces de mostrar otros sueños que este mundo no ofrece”… los jóvenes “nos reclaman, que escuchemos más, que no nos la pasemos condenando, siempre en guerra con dos o tres temas que le obsesionan”…
Después de muchos años de un brillante camino intelectual Monseñor Eugenio Guasta sintió el llamado de la vocación sacerdotal. Ingreso al Colegio Mexicano de Roma y le pidió al rector el reglamento del Colegio.
Este tomo el Nuevo Testamento que tenía sobre el escritorio y se lo mostro diciéndole: “es este”.
Francisco dice: “no significa que lo hayamos comprendido plenamente sino que tenemos que crecer siempre en la comprensión de ese tesoro inagotable.