PADRE HUGO SEGOVIA
Durante 38 días hemos estado absorbidos por una realidad que despierta toda clase de conjeturas y opiniones, tal vez de una índole única en el mundo.
Tanto los católicos como los que ven a la Iglesia desde los más diversos aspectos la noticia de la enfermedad del Papa Francisco ha sido tema de opiniones incontables.
Si ahondamos en el tema, podemos también afirmar que, en las últimas décadas, nunca se ha dado esta situación.
Partiendo de Pío XII (1939-58) podemos afirmar que fue rápido el desenlace de su vida, aunque ya había habido momentos delicados respecto de su salud: el se encontraba en esos fines de septiembre y principios de octubre en las tradicionales vacaciones papales en Castel Gandolfo donde falleció el 9 de octubre de 1958.
Sucesor suyo Juan XXIII de cuyo extremo estado de salud se hablaba ya en octubre de 1962 al comenzar el Concilio Vaticano II, estuvo internado pocos días después de haber vivido muy importantes momentos como la entrega del premio Balzan de la paz, ocasión que marca una fecha clave en lo que hace a las relaciones de la iglesia con Rusia centrados en la publicación de la encíclica “Pacem in Terris”.
LOS PAPAS DE NUESTRO TIEMPO
Pablo VI (1963-78) apenas tuvo una agonía de un día pues también en Castel Gandolfo falleció el 6 de agosto en la fiesta de la Transfiguración del Señor y una fecha también muy simbólica pues el 6 de 1945 había sido la explosión de la primera bomba atómica.
Juan Pablo II (1978-2004) si descontamos el tiempo de su internación por el atentado del 13 de mayo de 1981 y sus varias incursiones en el hospital Gemelli (al cual definió por ello Vaticano III) pasó un largo y doloroso tiempo de enfermedad hasta su muerte, el 2 de abril de 2.004.
La muerte inesperada de Juan Pablo I en 1978 así como la renuncia de Benedicto XVI (2004-2013) escapan así a esta emergencia.
El caso del Papa Francisco nos hace entrar en un mundo nuevo tal cual podríamos identificar con otras características también inéditas de su personalidad partiendo de su origen, pero siguiendo por tantos aspectos de su pontificado.
EL RIESGO DEL CAMINO
Ahora, en esta esperanzada espera de su total recuperación, recurrimos a uno de los innumerables textos que nos ayudan a perfilar una personalidad tan tica y matizada.
Difícil tarea, también, pues exigirá una dedicación que no podemos otorgar.
El 7 de diciembre, en su homilía en la misa de institución de los nuevos cardenales, el Papa recurriendo al episodio que narra el evangelista Marcos (1932-45) habló “En la vida espiritual como en la pastoral, corremos el riesgo de concentrarnos en lo extremo olvidando lo esencial y así las exterioridades prevalecen sobre lo realmente importante no sume en actividades que consideramos urgentes sin llegar al corazón. Lo que debe animar su servicio como cardenales es el riesgo del camino, la alegría del encuentro con los demás, el cuidado de los más frágiles” les decía el Papa a los nuevos cardenales y les presentaba a María en tres aspectos como hija, esposa y madre como la apuesta de un proyecto bello y concreto, el modelo plenamente realizado de nuestra humanidad a través del cual todos podemos contribuir a mejorar nuestro mundo”.
Mientras con esperanza encomendamos al Papa en nuestra oración junto con toda la Iglesia y sin exagerar, de todo el mundo en este momento de preparación para Pascual.










