Muchos en uno

No solo por el hecho de ser los primeros pasos del Papa León como cabeza visible de la Iglesia sino por la variedad y el estilo de sus intersecciones ha sido la causa de que nuestras columnas similares se están enriqueciendo por su presencia y por su discurso, un lenguaje que tiene la riqueza de ensamblar lo antiguo y lo nuevo.

Partiendo de su lema episcopal, “In Illo uno unum” es decir, “aunque los cristianos seamos muchos en Cristo somos uno” y no perdiéndolo de punta de referencia se trata de un discurso que nos da una versión “franciscana” en forma explícita como también, muchas veces, implícitas.

Se ha dicho que la rapidez en la que el Conclave se inició el 7 de mayo y ya a la tarde del 8 habían encontrado quien sería el nuevo obispo de Roma y ello viene a dar una explicación del desarrollo de los pasos que lo habían preparado.

León lo dijo: “fue Francisco quien recordó magistralmente y actualizó magistralmente el Concilio como se ve en “Evangelii gaudium”.

No viene entonces sino a ratificar todo esto el hecho de que estamos a sesenta años de la clausura del Concilio.

Pablo VI había dicho que sobre el mundo entero debía pasar la luz de la fe y del amor que iluminara todos los hombres de buena voluntad allanando los caminos de la colaboración recíproca y traiga sobre la humanidad la abundancia de la buena voluntad divina la fuerza misma de Dios sin cuya ayuda nada es santo”.

LA IGLESIA Y LAS CALLES

Imposible registrar en una columna semanal las palabras y los gestos del nuevo Papa, así como me ha ocurrido en oportunidad del comienzo de los pontificados de Benedicto XVI y de Francisco.

Trataré, con todo, sintetizar la abundante información que sobre el nuevo pontífice estamos recibiendo.

Así, por ejemplo, son ejemplares las palabras que el 25 de mayo dijera en la asunción que tuvo lugar en la iglesia de Sa Juan de Letrán y lo muestran en esa dimensión humana que tanta adhesión le reporta y nos confirma en la capacidad que tiene la gente de captar no solo la esencia del discurso sino también entrar en comunión con el transmisor.

Decía: “les pido que me ayuden mediante un esfuerzo común de oración y de caridad recordando las palabras de San León Magno: “que todas las cosas que hacemos rectamente Cristo es quien realiza la obra de nuestro ministerio. No nos gloriamos en nosotros que nada podemos sin El sino en aquel que es nuestro poder”. Y a estas palabras quisiera agregar las del beato Papa Juan Pablo I que el 23 de setiembre de 1978, con el rostro sereno y radiante que le había ganado enseguida de “papa de la sonrisa” saludaba a su nueva familia diocesana San Pío X, al entrar como patriarca, en Venecia, exclamó: “que sería de mí, venecianos, si no los amara. “Algo parecido les digo yo a los romanos puedo asegurarles que los amo, que solo deseo servirlos y poner a disposición de todas mis pobres fuerzas, todo lo que tengo y que soy y eso lo confió a la intersección de los apóstoles Pedro y Pablo y a la de tantos otros romanos cuya santidad ha iluminado la historia de esta Iglesia y las calles de esta ciudad.

LA FE Y EL BIEN COMUN

Hermosa también su referencia tal como hacía Francisco a la dimensión materna de la Iglesia y sobre las características propias de esa maternidad la ternura, la disponibilidad al sacrificio y esa capacidad de escuchar que le permite no solo socorrer sino, a menudo, prever las necesidades y las expectativas antes, incluso que se formulen”.

No es posible pasar por alto el saludo que León XIV recibió del alcalde de Roma a los pies de la colina del capitolio a cuyo saludo respondió: “al inicia oficialmente mi ministerio como pastor de esta diócesis siento la grave pero apasionante responsabilidad de servir a sus miembros teniendo en el corazón ante todo la fe del pueblo de Dios y, por lo tanto, el bien común de la sociedad … enseguida después de mi elección recordé a todos los reunidos en la plaza de San Pedro que soy con ellos cristianos y para ellos obispo, de modo especial hoy, puedo decir que para ustedes y con ustedes soy romano”… “desde hace dos milenios la iglesia vive en Roma anunciando el Evangelio y dedicándose a la educación de los jóvenes y la asistencia a los que sufren y al cultivo de las artes como expresión del cuidado de la dignidad humana que debemos sostener en cada momentos especialmente los pequeños, los débiles y los pobres”