Recuerdo que mi primer contacto con Mamerto Menapace en aquellos violentos años 70 fue con un libro suyo que califique de fascinante.
Además de original por el estilo y la forma de describir el misterio de la salvación me llamó la atención el atractivo que tenían los textos de Menapace en los jóvenes, lejos de relatar superficiales y tantas veces reiterativos.
Fue a ocasión que tuve de conectarme con este autor este benedictino que nos acaba de dejar cargado de un casi infinito número de escritos como de charlas se extendieron por todos los rincones y que lo han hecho taquillero, pero no solo en un sentido cuantitativo sino magisterial pero también sin ningún atisbo doctoral ya que tenia la virtud de que sus textos eran lo contrario a lecturas piadosas o apologéticas con rasgos moralistas y tan lejanos de una realidad que se pretendía evangelizar.
También llamaba la atención la vida de este monje benedictino que durante más de medio siglo ha sido uno de los autores más taquilleros más aun con su llegada a los medios de comunicación y a sus presencias atrapante en las innumerables jornadas de juventud que tuvieron su inolvidable expresión en una Córdoba que cotó con otro experimento de lo que es la llegada de la Iglesia al mundo muchas veces esquivo a lo religioso como fue el hoy beato cardenal Pironio.
UN DIOS RICO DE TIEMPO
Por ello asombra que muchos de los comentarios sobre su partida utilicen la expresión “concilio” para referirse a su lenguaje que me animaría a calificar tal exageradamente de original.
Tengo en cuenta además a otros títulos de su fecunda inspiración como “Madera verde”, “Cuentos rodados”, “El paso y la espera”, “De yerbas y otros cuentos”, “Solidaridad”, “Cuentos del reino” por citar algunos además de todo el material que a lo largo de tantas décadas fue brotando de sus intervenciones radiales y televisivas en particular con los comentarios bíblicos semanales que hacía por radios locales.
¿Cómo olvidar su presencia constante en la emisión de cada sábado por TV que tuvo a su cargo durante décadas?
Hablábamos de su participación siempre reclamada en encuentros, congresos y jornadas en todos los cuales su presencia era “taquillera” como se suele decir.
Presencia familiar en la cual jugaban a la topar la profundidad de su sencillez con los nos y la voz propia de un avezado comunicador.
EL COMUNICADOR
Menapace había nacido en Malabrigo en la provincia de Santa Fé en 1942 y habiendo entrado en la vida religiosa como aspirante de la Orden benedictina recibió la ordenación sacerdotal en el monasterio chileno de Los Condes.
Su vida sacerdotal además de los cargos de conducción a nivel local y sudamericano se desarrolló durante décadas en un lugar que ha quedado impregnado de su persona en la abadía de Santa María de Los Toldos.
Ella esta asociada a la vida de este artista singular que bien podemos decir sino miedo a exagerar enriqueció a la Iglesia de estos difíciles años.
No es posible olvidar que su presencia, la del escritor y transmisivo mediático nunca separadas de su vocación monástica han visto pasar muchas de las personas y los hechos que han jalonado nuestra historia.
Santa María de Los Toldos ha sido el esfuerzo de tantos que buscaban una explicación para sus vidas y sobre todo en Mamerto (con cuyo nombre sabía mostrar su rasgo humanístico) que estuvo a la vanguardia, incluso afrontando evangélicamente las consecuencias de sus opciones.
Sin entrar en lamentos estériles no podemos silenciar que Menapace no predicaba una huida del mundo y sus realidades sino una realización del plan de Dio en la historia.