Mar del Sud-Boulevard Atlántico

Pablo Grigera, arquitecto

Los pisos de pinotea

Los entrepisos del hotel estaban construidos por un sistema de vigas de madera sobre los cuales se ubicaban tablas machihembradas de pinotea.


Estas estructuras ocupaban la totalidad de la planta alta del edificio a excepción de las galerías exteriores cuya estructura era de bovedillas de ladrillos y perfilería metálica. La superficie total ocupada por dichos entrepisos era de aproximadamente 540m2.

Esta solución constructiva también será adoptada para cubrir el sótano sobre el cual se desarrollaba el salón comedor que ocupaba una superficie de 150m2. Sumadas ambas plantas existían en el edificio 690m2 de pinotea más los tirantes y vigas que la soportan.
La pinotea es originaria del sudeste de los Estados Unidos.

Es un árbol de gran porte y su altura alcanza entre los 24 y 30 metros y su diámetro es de aproximadamente 60cm. Estas especies adquieren una gran resistencia mecánica debido a su lento crecimiento y son poseedoras de altos contenidos de resinas.

Su madera es blanda y liviana y se trabaja con facilidad obteniéndose a partir de su cepillado una buena terminación enfatizada por las características decorativas propias obtenidas a partir de los distintos serrados.

En nuestro país se han producido cultivos, principalmente en la región del litoral desde la Provincia de Buenos Aires hasta Misiones, pero con valores menores de resistencia a las importadas.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, y con la llegada de barcos que recogían carnes o cereales, estas maderas serán introducidas en el país como lastre de las embarcaciones, convirtiéndose en un material que se integrará rápidamente a nuestros usos constructivos.

En febrero de 2012 se inició el desguace del Hotel Boulevard Atlántico de Mar del Sud. Este puede dividirse en dos etapas perfectamente determinadas: una primera, en que se desmantelaron todos los pisos de las galerías de las alas de habitaciones constituidos por aproximadamente 260 m2 de pinotea e innumerable cantidad de tirantes.

La venta de la madera generaba también un rédito económico sustentado en la no consideración del contrafrente en el proyecto de puesta en valor del edificio; por ello se contaba con el vía libre para su desguace. El proyecto fracasará tempranamente perdiendo así el hotel medio edificio.

Con el fracaso del proyecto a finales del 2013, nuevos responsables continuarán con las tareas. Se iniciará así la segunda etapa del desmantelamiento de los entrepisos siendo levantados los del salón comedor y la totalidad de la planta alta del cuerpo central del edificio que ocupaban una superficie de 150m2 y 280m2 respectivamente.

En este caso se justificaba el desmantelamiento con la aparición de un nuevo proyecto de puesta en valor que finalmente reemplazará los forjados de madera originales del edificio por una estructura de viguetas pretensadas y ladrillos de telgopor apoyados en un sistema de vigas y columnas de hormigón.

La madera será descartada y vendida, o entregada a particulares. Hoy en día se puede observar pinotea del hotel reutilizada como cercos en zonas rurales, como decoración en pisos alisados en viviendas de la localidad, o utilizada en la confección de amoblamientos o souvenirs.

Cuando observamos la terminología utilizada en la comercialización de este material: “pinotea de demolición”, se hace referencia principalmente al lugar donde se la obtuvo. La dificultad de encontrar pinotea, debido a la falta de madera nueva en los bosques, encarece un producto que es muy buscado y que se utiliza principalmente para la restauración de otros pisos o la realización de amoblamiento o decoración.

Para tener una idea del real valor del expolio cabría recordar que al día de hoy, agosto de 2020, se cotiza el m2 de pinotea en 1800$/m2 es decir aproximadamente 13,00U$S y en 350$ el metro lineal de tirantes, recordando que los de las alas de habitaciones oscilan entre los 4,20 y 4,50 ml de acuerdo a su ubicación.

Si realizamos un cálculo rápido veremos que los valores obtenidos por la comercialización, en cada una de las etapas descritas, son realmente pequeños. Hay que considerar también el estado real de esos pisos existiendo un porcentaje importante que habría que considerar como de descarte.

Cuesta entender entonces el desprecio perpetrado hacia el edificio ya que por unos pocos pesos se perdió, en su totalidad, la pinotea del hotel que debió ser considerada en cualquier propuesta de puesta en valor que se hiciese y que hacía al acervo patrimonial del edificio.

Ahora bien, hablar de la pinotea como material proveniente de la demolición, del descarte de un monumento, sonaría extraño, contradictorio. A nadie se le ocurriría desguazar estos elementos en un edificio declarado como Monumento Histórico Municipal y menos venderla o regalarla para su reutilización como elemento decorativo de viviendas, como cerco de un terreno o como amoblamiento.

Desgraciadamente las circunstancias a veces llevan a situaciones donde la ignorancia, los silencios cómplices y la desidia contribuyen a que estos hechos se produzcan.

En este caso se han perdido valiosos testimonios constructivos que hacen al patrimonio de una comunidad que no pudo, no supo o no quiso detener el expolio de su mayor bien patrimonial.

Mi agradecimiento a la arquitecta María Elena Mazzantini.