Se ha hablado del triangulo mariano que abarca al territorio de nuestro país.
Sin olvidar otras devociones, como el caso de la Patagonia donde la devoción a María Auxiliadora ha animado durante un siglo y medio la vida cristiana en todas sus manifestaciones, es indudable que el triangulo que forman Lujan, Catamarca e Itati constituye una realidad de mucha significación. Y no reducimos “espiritual” a las dimensiones de la vida religiosa ya que siempre, particularmente para los que formamos la diócesis de Mar del Plata, resuena el eco profético del lema de nuestro primer obispo: “todo es de ustedes pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios” (1Gor,3,23). La devoción a la Virgen fue también motivo de una seria discusión en el Concilio Vaticano II. Allí se debatió y se llego a la conclusión de que debía integrarse al documento sobre la Iglesia y no dedicarle un documento aparte. Dos cardenales (el de Viena por un lado y el de Manila por otro) geopolíticamente diferenciados, fueron los abogados respectivos. Fue entonces muy decisivo el aspecto ecuménico sobre todo si miramos al mundo protestante ya que en el ortodoxo el lugar de la Virgen es muy destacado: se cuentan 400 los títulos con los que la honran
Los congresos marianos
Es un importante documento Pablo VI (“Marialia cultus”, 1974) puntualizo las características de la autentica devoción a la Virgen con un destacado relieve a los santuarios.
En Argentina se está preparando para abril de2020 la realización del IV Congreso Mariano Nacional en Catamarca. Se cumplen 400 años desde que indios calchaquíes comenzaron a honrar en la cueva de Choya la imagen a la cual se agradecía por los beneficios recibidos y le erigieron una capilla que, con el paso de los tiempos, se convirtió en la actual catedral.
Había ya sido sede, en 1954, del II Congreso mientras que el primero había tenido lugar en Lujan en 1974. Pasaron 26 años para la realización del tercero, esta vez en Mendoza (1980) a causa del Concilio y de los trances por las cuales paso nuestra Iglesia. Ahora, después de otros 40 años, se volverá a esa práctica. El lea elegido es una muestra del nuevo enfoque pastoral en consonancia con lo que las Conferencias de Puebla (1979) y, sobre todo, Aparecida (2007) pusieron en pantalla en este ida y vuelta que pasa por la elección del papa latinoamericano
Nuestra esperanza
Si prescindiéramos del magisterio del papa Francisco tal vez no se hubiera elegido llamar a la Virgen “mujer del pueblo”.
Pero sabemos que del himno oficial del Congreso tiene letra de una religiosa de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús así como la música es del maestro Fernando Gramajo y fue elegido, después de un exigente examen, por un teólogo, un folklorista y un productor musical. La canción presenta a María como mujer y discípula, madre de Cristo que nos trae la vida y nos invita a acercarnos al Evangelio de su Hijo en la vida y en la historia de esta tierra argentina.
Vemos allí definidos los objetivos de este encuentro mariano que vuelve así a tener lugar en el caminar de la Iglesia.
“Madre del pueblo, esperanza nuestra” nos la hace sentir cercana y nos remonta a aquella inspirada oración a Nuestra Señora de América que en los difíciles años 70 monseñor Eduardo Pironio había redactado y que era una pintura del papel que jugaba la devoción a la Virgen en lo que se llamaba “el continente de la esperanza” (“hoy te pedimos por América Latina, el continente que tu visitas con los pies descalzos, ofreciéndole la riqueza del Niño que aprieta en tus brazos. Un niño frágil que nos hace fuertes; un niño pobre que nos hace ricos; un niño esclavo que nos hace libres”…).
Giorgio La Pira, a quien nos referíamos la semana pasada, llamo la atención al mundo cuando, a su llegada a Moscú un 15 de agosto, lo primero que pregunto fue a qué hora se celebraba la misa de la Asunción de la Virgen. Eran los años de la cortina de hierro pero para el alcalde santo lo más importante era honrar a la Virgen en esa fecha litúrgica
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