Los que «hacen» al Papa

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

Padre Hugo Segovia

Dice un vaticanista que al terminar el Angelus del 25 de octubre el Papa Francisco sacó de su bolsillo dos hojas plegadas en cuatro. No era una lista que le habían preparado sino que él mismo había redactado y guardado celosamente para evitar filtraciones.

En efecto se trataba de la lista de aquellos que el 28 de noviembre serán investidos de la dignidad cardenalicia.

Mientras escuchaba al Papa anunciar la realización del séptimo Consistorio de su pontificado surgían nombres y lugares que hacían visible la intención de que el Colegio cardenalicio es una imagen viviente de toda la Iglesia de la cual es Senado.

Ninguna nación, ningún pueblo es extranjero para la Iglesia que pertenece a todos y a todos cuida con el mismo amor y la misma solicitud.

Representantes de la Iglesia en su catolicidad de extensión, provenientes de la variedad de oficios y experiencias pastorales en la diplomacia, las misiones y las curias.

Así estaba Washington (Wilson Gregory) cuyo arzobispo negro será cardenal en tiempos de tanto odio racial y adelantado en vísperas de elecciones junto a una casi desconocida Brunei (Cornelius Sin) donde la Iglesia es ínfima minoría junto a los musulmanes; Santiago de Chile (Celestino Abos) saliendo de una etapa conflictiva con Ruana (AntoineTambanda, arzobispo de Kigali) país africano pobre y castigado; Filipinas (JoseAdvincula, arzobispo de Capiz) nación católica de Asia junto con tres italianos (Augusto Logiudice, arzobispo de Siena y MarcelloSemeraro, desde hace poco Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos y Mauro Gambetti, custodio de Asís) acompañados de un maltés (Mario Grech, también reciente Secretario del Sinodo de los Obispos).

EL VINO, EL ACEITE, LAS MANOS

En una de las cuatro oportunidades que tuvo el cardenal Giuseppe Siri de participar de Conclaves, cuando le preguntaron sobre los candidatos al papado contestó: “dejemos que “hacer” al Papa le encargue el Espíritu Santo” lo cual es cierto pero no es ello obstáculo para que conozcamos a los que son instrumentos y que antes la grandeza de Roma los haga sentirse pequeños pero al mismo tiempo integrados a la Iglesia de Roma que preside en el amor.

Como el samaritano de la parábola que ahora el Papa nos ha presentado como la imagen de la Iglesia ante el drama de la pandemia en la encíclica “Fratellitutti”, sale a los caminos del mundo y, además de reconocer los méritos de los elegidos, hace visibles las heridas de los pueblos y quiere homenajear a esos pueblos de origen con el fin de establecer vínculos quebrados y reiterar el espíritu del Concilio muy necesario en los cinco continentes buscando lo específico de cada lugar y llegar a las periferias existenciales.

Estos cardenales que serán llamados los de la pandemia tendrán así una característica particular que, si bien tiene rasgos angustiosos, es una ocasión para que aporten no la figura de príncipes de la Iglesia como se los suele llamar sino la de pastores que salen a la calle y dejan todo el esplendor, se bajan del caballo y se inclinan sobre los lastimados para curarlos con el vino y el aceite pero, mejor aún, con el calor que brindan los padres y los hermanos.

ROGAR POR ELLOS

En uno de sus viajes el Papa, que no tiene dificultades en someterse a la ametralladora de los periodistas, respondía sobre la elección de los cardenales: “elegirlos un poco de todas partes porque la Iglesia está en todo el mundo”… “la lista es larga y las vacantes menos y hay que pensar en mantener el equilibrio”… “a mí me gusta que se vea cada vez más en el Colegio Cardenalicio la Universidad de la Iglesia, no solo el centro por decir “europeo” sino de todas las partes, si se puede de los cinco continentes”… “tengo que estudiar la lista”…

No olvidamos que, además de estos nueve cardenales que están en condiciones de ser electores del Papa, y como signo de reconocimiento por los importantes servicios pastorales el Papa ha nombrado a otros cuatro que es justo tenerlos en cuenta: Silvano Tomassi que ha sido Nuncio Apostólico; Enrico Feroci, párroco del Divino Amore; RanieroCantalamessa, predicador pontificio y muy reconocido por sus escritos y Felipe Arizmendi Esquivel, arzobispo emérito de San Cristóbal de las Casas de México, valiente defensor de los postergados. Echo de menos, una vez más, la ausencia de Paraguay de esta lista ya que es el único país de Sudamérica que no ha tenido cardenales.

Nada mejor en este momento que está viviendo la Iglesia que, pensando en los Cardenales y la misión que tienen en la cual se conjugan la pertenencia a la tierra natal con la romanidad, recordar lo que cuentan del cardenal Roncalli en los días previos al Conclave que lo elegiría como Juan XXIII: lo saludo un antiguo prelado que lo conocía mucho y le dijo “ad maiora” (expresión latina que significa “hacia arriba”). Le contesto: ”usted me conoce, sabe de mí, más allá del nombre, los títulos y los cargos me interesa la voluntad de Dios, Ruegue por mí”.