El Arq. Enrique Malbrán utilizó la denominada “Banca del Pueblo” para homenajear por el “130° Aniversario” de la llegada a nuestro país de aquellos inmigrantes que huyendo de Rusia y luego de un largo viaje colmado de vicisitudes, arribaron en enero de 1892 a Mar del Sud. EL ARGENTINO se contactó con Malbrán para que nos desarrolle sobre un tema muy interesante que marca la historia de nuestra comunidad.
El 15 de diciembre se cumplirán 130 años de la llegada al puerto de Buenos Aires del vapor Pampa perteneciente a la compañía francesa Chargeurs Reunis, que transportaba 818 inmigrantes judíos rusos que escapaban de las persecuciones y progroms antijudías producidos en Rusia a partir del asesinato del Zar Alejandro II, desde entonces y para siempre, conocidos como los “Pampistas”.
En enero del 2022 se cumplirán 130 años del arribo de aproximadamente 500 de ellos a la por entonces naciente villa Balnearia de Mar del Sur para alojarse por un poco más de tres meses en la deshabitadas instalaciones del Hotel Boulevard Atlántico. Los Alvaradenses y particularmente los marsureños debemos fortalecer nuestra memoria y homenajear esta parte de nuestra historia reconociendo que en su etapa fundacional, tiempo antes que Entre Ríos les abriera sus brazos a estos inmigrantes en “ese fresco abrazo de agua”, según la poética expresión de Carlos Mastronardi, cuando Miramar tenía recién tres años de fundado por un muy joven Fortunato de la Plaza en septiembre de 1888 y el partido de General Alvarado, llevaba escasos tres meses de separado del de General Pueyrredón, estas tierras se convirtieron en protagonistas y claro ejemplo de multiculturalismo y libertad religiosa. En Mar del Sud los “pampistas” recibieron la necesaria ayuda humanitaria que les permitió comenzar a dejar de sentirse “inmigrantes” desarraigados, humillados y perseguidos para lentamente integrarse como nuestros “gauchos judíos” que tan bien describe en su obraliteraria Alberto Gerchunoff.
LA ODISEA DE LOS PAMPISTAS:
Maximiliano Borches en “Capítulos de la historia judía – La odisea de los pampistas” dice que: “La historia judía registra en el año 1891 tres acontecimientos de enorme trascendencia: la profundización de las masacres y persecuciones antijudías en la Rusia zarista, la fundación de la Jewish Colonization Association (J.C.A), inspirada por Wilhelm Loewenthal y puesta en marcha por la generosidad del Barón Mauricio de Hirsch, y el arribo a Buenos Aires de los primeros núcleos de colonos reclutados por la J.C.A entre los inmigrantes judíos oriundos del imperio zarista”.
HUÍDA DE RUSIA A ESTAMBUL Y PALESTINA:
Desesperadas por la situación en que se encontraban, muchas familias judías emigraron de Rusia en el caótico año de 1891, para establecerse en Palestina. Varias de ellas no pudieron soportar la temperatura del lugar y otras no fueron aceptadas por el gobierno otomano. A raíz de este hecho se congregaron, unas y otras, en Constantinopla, planeando en un corto plazo volver a su país de origen, pero la escasez de recursos para pagarse el viaje los abandonó en Turquía, sumidos en una miseria atroz. El número de familias allí concentradas se estimaba entre 500 y 600, y viéndose poco menos que perdidos, los inmigrantes recurrieron a la ayuda de la comunidad local. Esta no tardó en dirigirse por carta al Barón de Hirsch, en París, para solicitarle que tomara bajo su protección a los judíos desamparados en Constantinopla y estudiara la posibilidad de enviarlos a Argentina. En respuesta, el Barón de Hirsch encomendó a M. Dalem, director de la Escuela de la “Alliance”*, para que sostuviera a los refugiados hasta tanto pudieran partir hacia Argentina. Tras una selección, quedaron 200 familias listas para embarcarse, primero hacia puerto de Marsella, donde la odisea iba a continuar en este pequeño primer viaje.
VIAJE A MARSELLA Y BURDEOS:
El 4 de noviembre de 1891 fueron embarcados en el vapor francés “Fresina”, eran 200 familias que conformaban un total de 818 personas, la comunidad judía de Constantinopla les obsequió el Séfer Torá que pertenecía a la sinagoga de los residentes austriacos. La colectividad, encabezada por sus principales figuras, se hizo presente en el puerto de la capital turca para darles el último adiós; según relatos de la época, la despedida había sido emocionante. El vapor francés era demasiado pequeño para albergar a todos los tripulantes, la mayoría realizó el viaje apretados sobre la cubierta. Al acercarse a las costas de Francia un temporal se desencadenó tan violentamente, que los tripulantes, arrimados unos a otros y con los salvavidas puestos, creyeron ver el fin. El capitán de la nave había ordenado que arrojaran al mar sus únicos bártulos para aliviar el peso del barco, la mayoría se había quedado “sólo con lo puesto”. En aquel instante una gigantesca ola quebró uno de los mástiles, que al caer sobre la cubierta mató a uno de los inmigrantes, de apellido Kaplan, y como si este acto de furia marítima hubiera calmado las iras del mar, las olas fueron disminuyendo y pocas horas después reinó la paz. El muerto fue arrojado al mar.
Los viajeros fueron recibidos en Marsella por las autoridades de la J.C.A, y al cabo de un breve descanso, fueron trasladados a un castillo de Burdeos el 13 de noviembre del mismo año. Tres días después llegó la orden de embarcarse, y camino al puerto, una torrencial lluvia los acompañó al vaporcito que debía trasladarlos al vapor “Pampa”, que los aguardaba fuera del puerto.
PLEGARIAS EN HEBREO, ESPAÑOL E ITALIANO
Los primeros días del viaje por el Atlántico fueron muy malos. El mar estaba revuelto, y era tan fuerte el oleaje levantado por los vientos invernales, que el “Pampa” se sacudía constantemente. Los pasajeros estaban afligidos y atemorizados, eran cerca de mil, porque antes de emprender viaje a Sudamérica, habían embarcado en los puertos de Génova y Barcelona a inmigrantes italianos y españoles. El coro de plegarias elevadas al cielo se decía en hebreo, español e italiano. Pero a medida que el barco se acercaba al Ecuador la calma volvía a reinar en las aguas y en los espíritus. La condición de promiscuidad y hacinamiento en que viajaban todos los inmigrantes no trajo, por suerte, ningún conflicto grave entre los pasajeros. Todos soñaban con la nueva tierra que les daría trabajo, abrigo y felicidad, ya que ellos, en su mayoría, provenían del odio.
Después de veintitantos días de navegación, el “Pampa” entró en el ancho estuario del Río de la Plata el 15 de diciembre de 1891. Al llegar a Buenos Aires, los “pampistas” se alojaron en el Hotel de los Inmigrantes.
Los funcionarios de la empresa del Barón de Hirsch en esta ciudad, los recibieron en el puerto. La J.C.A no había adquirido hasta entonces las tierras en Entre Ríos, resultando incierto el futuro de todas las familias. Un rumor, echado a correr por tratantes de blancas de la época, causó el pánico y la agitación de los inmigrantes ante las autoridades de la Congregación Israelita de Buenos Aires. Ellos creían que iban a ser vendidos como esclavos a unos terratenientes de la provincia del Chaco, cuando dicha Congregación les planteó que viajarían a Mar del Plata, hasta que se hiciera efectiva la compra de tierras en Entre Ríos. Luego de innumerables discusiones, en los primeros días de enero de 1892, los “pampistas” judíos se establecen en el hotel “Boulevard Atlantique”, ubicado en Mar del Sur. El 12 de enero de 1892, Mar del Sur se vio envuelta en una fuerte tormenta, precedida de inundaciones. El hotel “Boulevard Atlantique” sufrió serios daños, entre los que se contaron el derrumbe de una pared, resultando heridos varios inmigrantes que fueron trasladados rápidamente al hospital de Mar del Plata.
A pesar de todo, las angustias no terminarían allí. A los quince días de haberse originado el temporal, se produjo en la zona una fuerte epidemia de tifus, causando la muerte de algunos de los inmigrantes más pequeños.
José Liebermann en parte de su novela “Tierra Soñada” respecto del traslado de los pampistas desde Mar del Plata en 60 carretas hasta Mar del Sur, realiza una emocionante descripción que explica la enorme significación que tuvo en la vida de los pampistas esta muy pequeña población y su emblemático Hotel Boulevard Atlántico: “Cuando aquella impresionante caravana de sesenta carretas, guiada cada una por dos carreros y acompañada por una tropa de jinetes montados en caballos…..se detuvo frente al rojo edificio del “boulevard atlántico”, en la solitaria localidad atlántica de mar del sur, los inmigrantes, levantando sus miradas al cielo , agradecieron a dios por su misericordia para con ellos y con sus hijos mientras fluían lágrimas de alegría de sus ojos. aquello parecía más que una realidad, un sueño imposible, un sueño que les brindaba la nueva patria y que encendía en sus corazones nuevas esperanzas y los llenaba de agradecimientos…” “Todo era nuevo para ellos, desde aquellas carretas que en extraordinaria cantidad los habían conducido desde mar del plata hasta mar del sur en dos días de viaje, hasta los conductores, los bueyes y los caballos, las tierras atravesadas y las impresionantes rocas del mar. nunca habían visto campos tan inmensamente cubiertos por pastizales y en extensiones tan grandes….era su primer contacto con la pampa. fue una nueva aventura en sus viajes pero ahora estaban tranquilos, pues había en el mundo alguien que se interesaba por ellos y el futuro empezaba a perfilarse como seguro.” “En aquellas sesenta carretas, en un viaje tal vez único en la historia de la colonización argentina, venían los mil viajeros del “pampa” camino a Mar del Sur, el pueblo solitario a orillas del mar…” “Frente a las aguas turbulentas, en su brusco choque con la costa, acudieron en tropel los recuerdos del pasado, evocaron todos los tesoros humanos y los recuerdos imborrables que habían dejado en la patria vieja, los viejos cementerios donde nunca volverían a llorar a sus queridos muertos, las madres ancianas que no verían más…y a pesar de su alegría, todos lloraron, en aquella tarde milagrosa, en la elocuente soledad de Mar del Sur.”