Fueron cuatro los cuerpos de niños desaparecidos en el cementerio de Otamendi y en el cementerio de Miramar. Y a pesar de las denuncias, el clamor de las familias, los pedidos de amigos y familiares y el accionar de la Justicia nada ha podido esclarecerse.
Los últimos casos ocurridos en Miramar están en la más absoluta impunidad. Nadie sabe quién investiga. Si lo hace la Fiscalía y, en ese caso, en qué situación están las causas. Si ha habido avances, investigados, sospechosos que puedan permitir el esclarecimiento de semejantes hechos.
O si investiga el Juzgado de Paz, atento a que los robos de cuerpos no serían delitos sino contravenciones. Y en ese caso por aplicación del Código de Faltas el Juez de Paz local tendría que estar llevando adelante el proceso para dar con los responsables, identificarlos y castigarlos.
Todo hoy es una nebulosa. Todo es silencio. Nadie habla. Sólo los familiares que siguen luchando por saber donde están los cuerpitos de los niños robados.
Sólo hay un antecedente que fue el de Ciro Aranda de Otamendi. Una persona detenida, luego liberada y totalmente desvinculada de la causa ya que nada tenía que ver con el hecho. Ya había ocurrido con otro niño robado de Otamendi. Fue un chivo expiatorio, él y su familia que sufrieron grandes vejaciones por parte de la Justicia para luego ser definitivamente absuelto y en la causa contravencional sobresalido.
También todo quedo en la más absoluta nada. Pero no pueden esconderse estos hechos, como si no hubieren ocurrido. Para vivir en paz esas familias y la sociedad más tranquila hay que insistir en la investigación. Que todo no termine en un archivo, en un desinterés marcado. La sociedad no puede permitir que esto ocurra. Creemos que es necesario mantener vigente estas investigaciones porque a cualquiera puede ocurrirle. Miramar y Otamendi deben saber y conocer la realidad de lo que pasó.