Los bachilleres del IGA 1967

Cuando la convulsionada, cautivante y movilizadora década de 1960 tenía sólo tres añitos, un grupo de adolescentes ingresaba al primer año del Bachillerato del Instituto General Alvarado. En el mundo, transcurría uno de los períodos más trascendentes del sigo XX y los hábitos y estéticas creadas durante entonces, tuvieron tal gravitación, que incidieron hasta nuestros días.

En los Estados Unidos, John Kennedy era una esperanza que asesinarían; desde Inglaterra, Los Beatles revolucionaban la música popular; los pacifistas se rebelaban contra la guerra de Vietnam y los hippies rechazaban el sistema establecido. El movimiento gay, el Poder Negro y las Mujeres Liberadas juntaban fuerzas: muchas cosas tenían que cambiar.

En la Argentina, aquellos alumnos miramarenses se formaban y crecían al ritmo de una televisión pujante y creativa a la que Blackie se empeñaba en quitarle el almidón y hacerla coloquial; cantaban y bailaban con las figuras de un programa “nuevaolero” que haría historia y al que años después, Charly García evocaría en su canción: “…¿se acuerdan de `El Club del Clan´ y la sonrisa de Jolly Land?…”; soñaban y lloraban con las inolvidables historias de una trilogía de oro: Abel Santa Cruz, Nené Cascallar y Alberto Migré. Rácing se consagraba campeón con el famoso Equipo de José y Estudiantes de La Plata conquistaba el Primer Campeonato Metropolitano de la historia.

Pasó el tiempo y el mundo siguió girando. Todo cambió, salvo un pacto tan entrañable como tácito. Lo firmaron sin firmar aquellos jóvenes en 1967, al volver de Bariloche, tras graduarse de Bachilleres: una vez al año como mínimo, renovarían el encuentro afectuoso a través de una cena. Así lo hicieron sin interrupción -a veces con ausencias justificadas y a veces no- durante la friolera de 50 años. Cuando llegaron a esa cifra, se dieron cuenta de que ya estaban lo suficientemente grandes como para volver a pensar en otro viaje y comenzaron a acariciar el sueño.

Y el 26 de octubre de 2017 -el mismo día y casi a la misma hora de aquella travesía iniciática-, partieron, esta vez a Salta. Allí fueron Raúl Bermúdez, Carlos Hugo -Chicho- Esteban, Hilda Galantini, Mario Gallina, Matilde Lenzano, Agueda y Ercilia Monfort, Silvia Petromilli, Stella Ríos, Haydée Salmún, Susana Sánchez. En algún rincón del alma de cada uno de ellos fueron también, Osvaldo Castán, Héctor Nadale, Jorge Sikora, Jorge Raverot y otros que, apresuradamente, habían emprendido un recorrido hacia un plano distinto. No faltaron “los profes”: hay quienes dicen haber visto por allí a Nelly Acosta, Noelfa Ramos, Abel Gelemur, Atilio Bermúdez, Alicia Tomatti, Pablito De Martino.

Un viaje siempre despierta expectativas, temores, esperanzas. Todo eso sentían los “viejos-nuevos estudiantes” cuando el avión zarpó a “la linda”. Al volver, ya sabían que si bien lo habían emprendido con “la vara alta”, el balance arrojaba, incluso, MÁS de lo imaginado. Y ratificaron que, como lo expresó el Poeta “los años del Bachillerato fueron, son y serán los mejores de nuestra vida”. Por eso, volvieron a firmar un nuevo pacto, tan entrañable y tácito como el anterior: el encuentro se renovaría como siempre, invariablemente cada verano… pero ya no esperarían 50 años para un nuevo periplo.

Así fue que en 2018 volaron a Concordia (Entre Ríos). Y el 18 de octubre de 2019 emprendieron otro viaje de egresados, esta vez a Tanti (Córdoba). Habrá más en los años sucesivos. “Mientras el cuerpo aguante”, como decía Luis Sandrini, no piensan aflojar. Que así sea.