“Lo que somos es en gran parte lo que pensamos”

Diego Sebastián Rojo (39), psicólogo clínico especialista en trastornos de ansiedad y depresión, nació en Capital Federal, está radicado mitad del año en Miramar y la otra en Europa, pero trabaja vía online para todo el mundo.

Diego Sebastián Rojo: Matrícula Profesional Ministerio de Salud de la Nación: 54794.

Trata pacientes tanto de nuestra ciudad, como de Estados Unidos o de algún país remoto europeo. Para conseguir una psicoterapia efectiva, su orientación es integradora, ya que utiliza técnicas de diferentes corrientes, como son la Cognitivo Conductual y la Psicología Positiva.

-¿Por qué elegiste estudiar psicología?
En algún punto siempre me gustó la mente. Leía sobre libros de psicología sin saber que había una profesión detrás. En principio estudié Medicina, carrera que no terminé y luego de esa gran decepción, de no encontrarle del todo la parte humana a la carrera, vi que todos mis libros eran de psicología y le di una oportunidad a la facultad (UBA). Vivía a pocas cuadras de la facultad, así que no fue un esfuerzo geográfico intentarlo tampoco y ahí me conecté con lo que realmente me gustaba.
Lo que estaba buscando era entender la mente humana, por qué nuestro estado anímico fluctuaba, en ese momento, quizás, ni siquiera sabía decir estado anímico.

-Actualmente trabajas en la salud privada, pero… ¿trabajaste en la salud pública? ¿Cuál fue tu experiencia?
Trabajé en la salud pública. Empecé “ad honorem”, que es algo habitual en la carrera de psicología. En el Moyano, que es un neuropsiquiátrico de mujeres y estuve un año y medio haciendo una residencia. Mi experiencia a nivel profesional fue muy buena porque uno allí ve todo el abanico de cuadro psicológicos que luego por ahí no se encuentra en el consultorio. En este neuropsiquiátrico llegaban personas en situación de calle, y también vi los conflictos institucionales, es decir, las limitaciones que tiene que ver con trabajar para una institución del estado: falta de recursos: gas, frío, etc. Mi experiencia fue buena desde lo enriquecedor y fue dura desde el aspecto de ver que muchas veces lo que se limita no es el profesional sino los recursos.

-¿Nunca dudaste de tu profesión?
Realmente no, porque a mi siempre me gustó estudiar. Yo también soy profesor de música, y la psicología la encaré desde un lugar de puro apasionamiento por el saber. Seguí dando clases como profesor hasta que en algún punto la demanda como psicólogo fue grande y la música ya pasó a un plano personal y de hobby.

-¿Cómo llegaste a Miramar? ¿Sentiste un gran cambio al venir de Capital o te adaptaste fácilmente?
Sentí un cambio bastante importante. Llegué conectado por familia a Miramar, y además era un lugar de veraneo habitual. Era un lugar idílico para mí, yo pensaba que lindo sería vivir acá más adelante, hasta que hice un clic y lo elegí para vivir. Fue acostumbrarme de lugar distinto donde uno vive a mayor velocidad, a adaptarme a un lugar donde yo no sabía si iba a poder trabajar adecuadamente como profesional. Y estuve un año y medio viajando todas las semanas de Capital a Miramar.

Elegí la ciudad por el hecho de que las personas en algún punto somos un número en las grandes ciudades, no por la mala intención de la gente, sino porque se da ese efecto por la cantidad de habitantes. En Miramar, me encontré con que más allá de ser un psicólogo me cruzaba con un vecino y podía conversar, conectar con el otro. Siempre me gustó conectar con la persona más allá de la psicología. En Capital eso nunca lo encontré.

-¿Por qué elegiste la Terapia Cognitivo Conductual como tu principal herramienta? ¿En qué crees que se diferencia de otras terapias a grandes rasgos?
Mi formación inicial es psicoanalítica. Puede pasar que, en la UBA, si uno no investiga puede llegar a creer que el psicoanálisis es casi lo único que hay o lo más importante, ya que la carrera, por lo menos cuando yo estudiaba era dada por psicoanalistas. Cursando una materia optativa que se llama Terapia Cognitiva conocí a Eduardo Keegan, que es uno de los mentores de esta terapia y ahí tuve una ruptura de creencias, me di cuenta que había otro tipo de terapias que se estaban utilizando en el mundo ya hace tiempo.

Optar como principal herramienta por la Terapia Cognitivo Conductual fue una transición que demoró años. Y la elegí porque vi que esta terapia se basaba más en el método y que el método transcendía incluso de la idiosincrasia de la persona. La Terapia Cognitiva se basa en esquemas, es otra forma de ver la psicología, en algún punto lo que somos es en gran parte lo que pensamos y hay herramientas más amplias para poder ayudar a personas incluso, más que nada online, de otras culturas, ya que el psicoanálisis le da mucho peso a que uno debiera atender a pacientes que tengan por lo menos un recorrido cultural común. La Terapia Cognitiva no va por ese lado, asume que independientemente de nuestra cultura, religión, etc. tenemos modos de pensar que son comunes a todo. Estos perfilan de forma singular en cada individuo, pero las cosas que nos generan malestar, ansiedad o depresión son las mismas, estemos en cualquier parte del mundo. En los últimos 7 años trabajé con gente de todo el mundo.

-¿Por qué te especializaste en trastornos de ansiedad y depresión?
Me fui especializando por la demanda en sí. La mayoría de las consultas estaban relacionadas a estos temas y por eso me fui instruyendo cada vez más y haciendo posgrados porque la demanda me condicionó de buena forma. A mí me gusta mucho trabajar fobias, pero las consultas son bajas.

-¿Crees que cada vez crecen más los casos de ansiedad por la velocidad en la que vivimos el día a día o siempre existieron y eran un tema tabú en la sociedad?
La velocidad con la que vivimos, no en todos los sitios, pero si en las ciudades o en la vorágine de que todo tiene que ser ya y el estar interconectados tiene beneficios increíbles, pero también hace que nuestra mente esté siempre priorizando la inmediatez. En algún punto esto condiciona más a las personas que tienen predisposición a un trastorno de ansiedad. La ansiedad no es mala en sí, es una cuestión de grado, si yo tengo demasiada ansiedad voy a empezar a tener un padecimiento y si no tengo ningún nivel de ansiedad también es malo porque voy a dejarme estar, me va a dar lo mismo bañarme dentro de 3 días y es probable que caiga en una depresión, es un punto medio.

De todos modos, ir al psicólogo sigue siento un tabú, pero en ciertos rasgos etarios no es lo mismo en lo que es personas de menos de 40 o de 30, en la que es mucho más habitual ya exponerlo como un proceso de cambio. Uno sabe que puede ir al psicólogo para exponer metas personales, desarrollarse como persona, adquirir habilidades de liderazgo, pero tiene que ver con generaciones más nuevas.

En las generaciones anteriores todavía tienen asociado a ese estigma de la salud mental. Muchas personas creen aún que ir al psicólogo es validarse como que uno un poco loco está. Por suerte el tabú cada vez es menos.

¿A qué factores debemos prestarles atención para darnos cuenta que necesitamos o los que nos rodean necesitan ayuda psicológica?
Cuando el devenir de lo que nosotros consideramos la vida que veníamos llevando, con nuestros altos y bajos respecto a nuestro estado emocional termina generando mayor malestar que bienestar. Días malos, ansiosos, tristes tenemos todos. Pero si vemos que estamos teniendo semanas que se transforman en meses, lo ideal es consultar.

-¿Por qué elegiste trabajar de forma online? ¿Crees que las terapias dan los mismos resultados?
Al principio tuve mis dudas de si daba los mismos resultados y decidí no basarme sólo en mi experiencia sino por lo que son las investigaciones y los “Papers” de los últimos 2 o 3 años validan que da los mismos resultados y hasta mejores. Porque hay un contexto del encuadre (el espacio que uno comparte con el terapeuta) y en la terapia online no está sólo controlado por el terapeuta, como lo es su consultorio, en este caso esta controlado por el paciente, ya que elije donde va a hablar, en qué momento del día y en qué contexto. Esto reporta beneficios muy importantes a la hora de expresarse, porque el espacio en el que uno habla con un terapeuta es donde vierte intimidades que a veces uno no se lo permite decir ni a si mismo. Muchas veces eso permite una comunicación más profunda.

De todos modos, no es para todo el mundo, hay personas que necesitan la proximidad física: adicciones, un cuadro de agorafobia, etc. No todo se puede abordar de forma online.

-¿Crees que las personas son conscientes de que deben cuidar su salud mental tanto como la corporal?
Creo que son un poco más conscientes hoy en día, pero todavía hay un largo trecho. Se ha avanzado bastante y todos estamos más conscientes de nuestro estado anímico. Sucede a menudo que las personas se exponen y cuentan su experiencia, ya sea si fue mala o le hizo bien, eso puede ayudar mucho más que decir vos tenés que ir al psicólogo.
Lo ideal es predicar con el ejemplo positivo.