PADRE HUGO SEGOVIA
Cuando se cumplió un aniversario de la aparición de su disco “A todo pulmón”, Alejandro Lenner decía: “había sufrido tanto que al salir a cantar lo hice con una bronca o una irreverencia y con unas ganas de cambiar todas las cosas”. Esa expresión que da título al álbum me ha acompañado muchas veces.
A esta altura del año cuando vemos que todo conduce al final y nos pasa lo que Atahualpa decía tan elocuentemente “cada cual con su trabajo /con sus sueños cada cual/ con la esperanza delante/ con los sueños atrás”, van surgiendo esos recuerdos y tomando cuerpo esas esperanzas como nos cuesta mucho decir “a todo pulmón” para definir como hemos pasado el año que llega a su fin.
Veintinueve años atrás yo me estaba despidiendo de Miramar porque el 13 de diciembre se había establecido el día en que debía hacerme cargo de la parroquia San Carlos de Mar del Plata y quedaba atrás, aunque esto sea sólo un decir, dieciséis años que no encuentro palabras para definir porque solo mis zapatos podrían hacerlo por aquello de que solo ellos saben lo que los pasos del viajero sintieron.
Desde el mes de septiembre cuando monseñor Arancedo había llegado a Miramar como lo hacía seguido “a tomar unos mates”, sabía que el 13 de diciembre iba a ser el día señalado.
SOÑAR CON LOS OJOS ABIERTOS
Lo primero que me sugirió esa fecha fue pensar que es el día de Santa Lucía. Después, lo asocie a algo que había leído sobre Fernando Birri, nuestro gran cineasta, había dicho: “nuestro deber es soñar pero con los ojos abiertos”.
Fue una larga agonía la de esos días y lo encuentro reflejado en un cuaderno en el que los chicos del Instituto Parroquial San Andrés había escrito lo que sentía ellos.
¡Qué enorme sabiduría la de ellos! ¡Qué sintonía su había dado entre nosotros!.
Cito solo dos: una decía: ¡que los años que te esperan junto a otra gente sean tan buenos como los que pasaste en tu eterna casa, Miramar”. Llamar a Miramar “mi eterna casa” es todo lo que yo podía entonces, y todavía, decir.
Otro de los chicos escribía: “no te pongas triste, las despedidas son necesarias para los reencuentros, es seguro que los amigos se reencuentran… no te olvidaremos, espero que no nos olvides”.
Vuelven esos días y vuelve la imagen de Santa Lucía que en tantos pueblos tiene una óptica con su nombre. Ella le pedía poder poner en práctica, en el nuevo destino, algo que XXIII decía como lema: “verlo todo disimular mucho; corregir poco”.
PARA EMPEZAR DE NUEVO
Casi como a Lenner, sentimientos de cansancio asoman en los días del final de un año.
Reviviendo aquello de veintinueve años atrás, encuentro las palabras que el arzobispo de La Plata monseñor Víctor M. Fernández les decía a los sacerdotes que había ido en peregrinación a Lujan.
No es frecuente encontrar palabras capaces de hacer renacer lo que el paso del tiempo y los achaques de los años pueden adormecer.
Decía el arzobispo: “el pueblo de Dios espera mucho de nosotros y exige una perfección de la que n o somos capaces. Tendríamos que ser expertos en oratoria, en psicología, en asistencia social, y, para colmo. Vivimos en el mundo de la sospecha que se agrava por los errores y los pecados de la propia Iglesia pero, más aún, por acción de ciertos sectores que sienten un especial placer hiriendo a la Iglesia”… “no es comprensible que nos sintamos desbordados con la tentación de creernos mártires y así cumplimos con lo mínimo indispensable y luego huimos sabiendo que siempre está el recurso de comentar los errores de los otros para lavar la auto estima herida”… “es bueno mirar hacia los costados para ver que muchos están peor que nosotros”… “lo importante es reafirmar lo que un día nos hizo brillar los ojos de ilusión”… “se trata de convertirse una vez más, entregarse más, orar más como hicieron los santos que se sumergieron en los peores momentos de la historia y no se escondieron sino que le pusieron el pecho”… “le pedimos a la Virgen que no nos deje sumergirnos en la queja, el temor, la comodidad” … “estamos seguros de que la Madre no nos dejará con las manos vacías, que nos iremos de aquí mejor que cuando vinimos, para poder empezar de nuevo”-