PADRE HUGO SEGOVIA
Aquella mañana del 2 de abril de 1982 fue una experiencia única en varios sentidos.
Era viernes y yo que tenía clase en el Instituto Parroquial San Andrés a las 9.00 hs, me había quedado dormido. No había tampoco escuchado la radio y rápidamente, a las 8,45, salí corriendo hacia el Colegio.
La sorpresa fue grande porque encontré a mis alumnos de 4 año festejando “la toma de Malvinas”. Una mezcla de sentimientos se dio en mi pero predominó algo que en los tan lejanos años del bachillerato (1948) había experimentado con mis compañeros, enfrentados también políticamente por la Guerra del Paraguay. Allí ocupaban un lugar protagónico Ricardo Gutíerrez y a él le causa la misma impresión que a mí me causó el festejo de una guerra, “No levantes cuentos de victoria en el día triunfal de la victoria, por haber herido el frente. Era lo que sentía y me resultaba difícil entrar en comunión con el sentir de los chicos movilizados por una mentalidad guerrera y poco abierta a los reclamos de los “otros”.
DE AYER A HOY
En otra película, “Bajo bandera” otra de las interesantes expresiones que no accedieron a los grandes públicos (¡Cuánto bien habían hecho llevándoselos a las aulas) dos personajes ilustres, Luis Brandoni y Miguel Angel Sola se sacan chispas en dos personas enfrentados que viven esa realidad sin vueltas y asisten también de, paso, a un actor que ocupa el centro de la acción, Nicolás, que entró allí a gozar de los amines del público (¡Cuánto bien habían hecho llevándoselos a las aulas) dos personajes ilustres, Luis Brandoni y Miguel Angel Sola se secan chispas en dos personajes enfrentados que viven esa realidad sin vueltas y asisten también de, paso, a un actor que ocupa el centro de la acción, Nicolás, que entró allí a gozar de los amines del público.
La historia cambio, se fue ampliando o cerrando – pero aquellos chicos de 4 año de I.P.S.A., se parecían mucho a los de “La cuna vacía” ¿Por qué? Muchas razones, propagandas, enfrentamientos, poco o nulo sentido del prójimo, etiquetamientos justos e injustos.
Los chicos no me entendieron cuando hablé del “maldito golpe de la espada”.
Pero no se rompió lo que no era solo una relación maestro-discípulo, une algo más profundo (si lo hay) que es la de hermanos, amigos, compañeros. Yo nunca sentí disminuida lo que esa relación fue: la de alguien que aprendió tanto del sentido de la vida y del misterio de la historia.
Pasaron cuarenta años. Plenos de hechos, de episodios, de entretiempos, no tanto pero también de golpes y revoluciones. El sentido de la paz se fue ampliando, pero en este aniversario no me cuesta referirme a ellos con la esperanza de que la maldita mano de la espada hirió la frente del hermano. A ello hacía alusión Borges en su fenomenal poema y a esta guerra que se está gestando puede quedar como un recuerdo. Recuerdo y realidad que no es fácil reparar.