Bien sé que todo tiene su objeto y su motivo que he venido por algo y que para algo vivo que, hasta el más vil gusano su destino ya tiene que tu impulso palpita en todo lo que tiene y que si lo mandaste fue también con la idea de llenar un vacío por pequeño que sea, que hay un sentido oculto en la extraña de todo.
En la pluma, en la gorra, en la espuma, en el lodo, que tu obra es perfecta, oh, Todopoderoso Dios poderoso, Dios justiciero, Dios sabio, Dios amoroso.
El Dios de los mediocres, los malos y los buenos.
En tu obra no hay nada ni de más ni de meno
Pero no sé, Dios mío, me parece que a ti tu hubiera sido fácil pasar sin mí.
Recojo estos versos de una homilía que tuve oportunidad de conocer cuando en aquel lejano 1998, estuve en Cuba como integrante del jurado de la entidad que había sido creada en 1928 cuando el cine se estaba imponiendo en todo lo que fue dándose en la cultura.
Vale la pena que la O.C.I.C. (Organización Católica Internacional del Cine con sede en Bélgica había surgido como expresión de aquel principio que nos dice que nada de lo humano nos resulta ajeno como muchas veces se la acusa de no estar presente en las realidades sociales, culturales y políticas del mundo.
En Argentina estuvo trabajando activamente hasta que, en uno de los gobiernos de facto que sufrimos en el siglo XX terminó su misión que fue recomenzada en 1995 cuando se volvió a contar con el festival de Mar del Plata y cambió a principios del nuevo siglo para ser la actual “Signis” de acuerdo con los aportes que el mundo de la comunicación trajo aparejado, pero en la misma línea de participación respetuosa y puntual.
LA IGLESIA Y EL CINE
Me tocó volver a poner en marcha ese camino y es así como, desde el festival de Mar del Plata de 1995 empezó la actual etapa.
Juntos a personas expertas se constituyen los jurados de los numerosos festivales que se llevan a cabo en diversos y muy variados lugares.
Así como estuve integrando el jurado del festival Latinoamericano de La Habana en diciembre de 1948 junto con un presidente que era un señor belga cuyo recuerdo me hace valorar a OCIC, ahora Signis.
Otro sacerdote mejicano que fue muy presente en los festivales de Mar del Plata y dos jóvenes cubrimos, ambos menores de 30 años, pero cuya capacidad notable nos ayudó en los discusiones y comentarios sobre el festival cubano y la presencia de la Iglesia en ese 1998 que estaba siendo noticia ya que el Papa Juan Pablo II había anunciado que visitaría Cuba en 1999.
Yo que viajo el 30 de noviembre, me enteré en el avión llegando a La Habana que programada la visita del Papa para el mes de enero de 1999 al gobierno había decretado el feriado de Navidad que había sido abolido en los momentos de comienzo de gobierno cubano.
EL DIALOGO DE LOS RELOJES
De esos episodios hemos hablado en varias oportunidades y no es posible ignorar la famosa foto de enero de 1999 cuando el Papa está confrontando su reloj con Fidel Castro porque el viaje se había adelantado algunos minutos y los analistas hacían juzgarlo como una manera de poner en sintonía, dos posturas, aquello que en uno de los discursos del Papa polaco había pronunciado en La Habana: “que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”.
El Cardenal Etchegaray, encargado del Papa para difíciles momentos había hecho referencia a un encuentro que tuvo con el líder cubano, mostrando que, a pesar de las diferencias, la Iglesia ha procurado siempre esa apertura que tanta falta le hace al mundo convulsionado que nos toca afrontar.
Del poema con el comenzábamos hablaremos en la próxima columna, Dios mediante.