Llenar un vacio (II) Palabras del Padre Segovia

Con una poesía empezábamos a columna anterior porque la idea era hablar de una poetisa cubana, Dulce María Loynaz que había fallecido en el tiempo de mi viaje a Cuba para participar del jurado cinematográfico de La Habana.

Esta poetiza no es muy reconocida salvo en los cenáculos dedicados al cine pero yo en ese viaje que hice en aquel lejano 1998 pude tener contacto con personas de la cultura y entré en contacto con alguna personas e instituciones de la cultura.

Debo citar a varios de ellos y lo hacía al referirme al festival, sobre todo como miembro del jurado la impresión que me dejó la presencia en él de los jóvenes cineastas por su conocimiento del cine poco común entre jóvenes, más si nos ubicamos en esa Cuba cuya historia es uno de los temas de permanente actualidad no demás.

Esos dos jóvenes hacían lo posible para traer que no eran partidarios del régimen que llevaba entonces cuarenta años en el gobierno y en el crucialmente de la visita del Papa Juan Pablo II que era todo, un enigma junto con la audacia de un Papa viajero, dueño de una imaginación y una audacia singulares.

Hablaba de la primera impresión de aquel 1 de diciembre de 1999 en el avión cuando se informaba de la declaración de feriado de Navidad que, como adhesión a un viaje, se había decidido.

UNA MUJER DE LA CULTURA

Yo, acomodando libros y papales me había encontrado con una revista dedicada a esta Dulce María Loynaz que había fallecido meses atrás y en cuyos funerales el obispo del Pinar del Río, monseñor José Siro González Bacallao.

En su homilía el obispo destacaba no solo el alcance intelectual de esta mujer sino, de una manera muy elocuente, lo que podríamos llamar amistad en el amor de Dios pero con fuerte dosis de amor por la naturaleza.

La visita de Cuba estuvo plena de momentos de indudable intensidad dejando de lado lo que tenia que ver con la cuestión política para entender lo cual también había que tener una sensibilidad particular.

La figura de esta mujer estuvo en ese momento en el tapete pues falleció en ese mismo año y mi encuentro con ella se dio por mis amigos miembros de OCCIC y muy conectados con la cultura.

No puedo ignorar a la hora de hacer balances, al encuentro que el cardenal Jaime Ortiga y Alamino, arzobispo de La Habana efectuó con nosotros dándole mucha importancia a nuestra presencia en un acontecimiento de la categoría del festival del cine del cual participamos 400 en las distintas actividades programadas.

El cardenal fue muy sencillo y cordial al recibir a los miembros de O.C.I.C. cubana con los cinco miembros del jurado (un belga, un mejicano, dos cubanos y yo argentino).

PUENTE DE DIALOGO

Esta figura que había tenido una amistad familiar con Fidel Castro fue el que intuyó en aquel febrero de 2013 que el Cardenal Bergoglio sería elegido nuevo Papa, tema del cual he hablado en esta columna.

Pero este reencuentro tuvo mucho que ver con la figura de la mujer que inspiró ese entrañable recuerdo que de ella hizo el obispo Pinar del Río.

Dijo el obispo en los funerales de esta mujer: “convencido estoy que ella se une a nuestro cántico a Aquel que toca el arpa de la lluvia esta noche en que hemos dado gracias porque nos regaló en el tiempo a la que como agua transparente con sabor a milagro fue dulcemente penetrando la tierra generosa del corazón cubano para convertirse en manso orgullo en otra torrente impetuoso que no respeta riveras y arrastra y arrastra desde la hierba fácil y troncos soberbios. En esta cristiana noche contemple a este señor amable y leal tender las alas, tender de nuevo las alas de pensamiento”.