En la Vigilia Pascual la Iglesia declara su amor al Señor Resucitado.
Frente al Cirio Pascual canta: “alégrese la tierra, inundada de tanta luz, para que se vea libre de las tinieblas que cubren al mundo entero”. Es el pregón pascual que resuena por toda la tierra en esa noche “clara como el día e inundada de alegría”.
Ernesto Cardenal, uno de esos “contemplativos y profetas” a los que alude el Papa Francisco en la Exhortación postsinodal “Querida Amazonia”, partió “hacia la luz infinita” el 1 de marzo. Decía en su “Canto cósmico” que “es una constante en la naturaleza la belleza y de ahí la poesía, el canto y el encanto por todo lo que existe”.
La exhortación ha sido fechada el 2 de febrero cuando la liturgia repite, una y otra vez las palabras del anciano Simeón al descubrir, en brazos de María, a ese niño que es “la luz que alumbra a las naciones y la gloria del pueblo de Israel” y ora pidiendo que “Dios infunda en el corazón de los fieles la luz que no se extingue”. En la encíclica “Laudato sí” encontramos ecos del pregón pascual porque nos llama a “reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia la luz infinita” y pide a la Trinidad, que “nos enseñe a contemplarla en la belleza del universo donde todo nos habla de ella-2.
LUZ QUE NO SE EXTINGUE
Sigue contando la Iglesia en la noche pascual: “que este cirio continúe ardiendo para disipar la oscuridad de la noche y se asocie a los astros del cielo” y “aunque distribuye su luz no lo disminuye porque se alimenta de la cera que elaboraron las abejas para hacer está lámpara preciosa”.
Recordamos cómo en las liturgias de las Iglesias orientales se hace visible esa renovación pascual de todas las cosas: “Cristo de nuevo crucificado” la novela de Nikon Katzanzakis leemos que “Cristo resurge de cada terrón de tierra”.
Toda la exhortación es un pregón pascual y emociona la referencia que hace el papa de ese gran obispo y pastor, Pedro Casaldaliga, que unió la experiencia de Dios con la pasión por el pueblo amazónico: “flotan sombras de mí, maderas muertas./ Pero la estrella nace sin reproche/ sobre las manos de este niño, expertas./ que conquistan las aguas y la noche./ Me ha de bastar saber que Tú me sabe entero, desde antes de mis días”.
Sigue el Papa: “la relación con Jesucristo, Dios y hombre verdadero, liberador y redentor, no es enemiga de esta cosmovisión marcadamente cósmica que los caracteriza porque El también es el Resucitado que penetra todas las cosas”… “todas las criaturas del universo material encuentran su verdadero sentido en el Verbo encarnado porque el Hijo de Dios ha incorporado en su persona parte del universo material donde ha introducido un germen de transformación definitiva”.
EL SENTIDO DEL DON PASCUAL
La celebración de la Pascua nos muestra que Cristo, al asumir nuestra naturaleza, asumió todo el quehacer de los hombres y lo santificó.
Insiste el papa: ”El está presente, gloriosa misteriosamente en el río, en los árboles, en los peces, en el viento, como el Señor que reina en la creación sin perder sus heridas transfiguradas y en la eucaristía asume los elementos del mundo dando a cada uno el sentido del don pascual”.
No se trata solo de un a liberación personal sino de todo el universo. Santificó todas sus obras, estableció un reino de justicia y amor. Es lo que enseñaba San Pablo a los romanos: “la creación entera espera ansiosamente la revelación de los hijos de Dios”… “sabemos que sufre toda la creación dolores de parto y no solo ella sino también nosotros en la esperanza de ser liberados de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios”.
Desbordante de alegría la Iglesia no se cansa de cantar: “noche verdaderamente dichosa en que el cielo se une con la tierra y lo divino con lo humano”… “que este cirio continúe ardiendo para disipar la oscuridad de la noche”… “que lo encuentre encendido el lucero de la mañana, ése que no tiene ocaso: Jesucristo, tu Hijo que resucitó de entre los muertos brilla sereno para el género humano y vive y reina por todos los siglos”.