Las riquezas de la Iglesia

Padre Hugo Segovia
Por Padre Hugo Segovia.

PADRE HUGO SEGOVIA

Durante la persecución De Valeriano, en la Roma del siglo tercero, el diácono Lorenzo fue conminado a entregar las supuestas riquezas de los cristianos.

Con gran habilidad convoca a las autoridades a buscarlas, y reunida la cantidad de pobres que eran asistidos les dijo: “aquí están las riquezas de la Iglesia”. Ello le valió el martirio.

Ya desde entonces se habla de lo que tantas veces escuchamos sobre las riquezas del Vaticano.

Estamos en vísperas de la jornada mundial de los pobres que por iniciativa del Papa Francisco se lleva a cabo el penúltimo domingo del año litúrgico desde hace 5 años.

En el mensaje para esta jornada encontramos lo que el Papa llama “nueva lecciones para hacerse “pobres con los pobres” y descubrir así cual es la verdadera riqueza de la Iglesia.

Estas son las lecciones: 1) conocer a los pobres es traicionar a Jesús”;2) “los pobres son los primeros evangelizadores”; 3) “Damián de Molokai es el ejemplo a seguir por todos los cristianos”; 4) “un cambio de mentalidad: de la caridad al compartir”; 5) La pobreza también es una pandemia”: b) “muchas pobrezas de los ricos podrían curarse por la riqueza de los pobres”; 8) “es necesario luchar contra la cultura de la indiferencia”; 9) “hay que buscar nuevos signos del amor y la caridad cristiana”.

COMO TANTOS TESTIGOS

No puede quedar duda alguna no solo de la asiduidad de los mensajes del Papa Francisco sino tampoco de la riqueza de sus palabras, fruto de un estilo desbordante de incisividad.

Por ejemplo poner como modelo del comportamiento de los cristianos a la figura del Padre Damián, ese sacerdote que desarrolló su misión evangelizadora en la isla de Molokai junto a los leprosos. Ello, en el contexto de la pandemia que atormenta al mundo, quiere remarcar el testimonio de tantos hombres y mujeres que han participado en el sufrimiento de los millones de afectados, entre ellos sacerdotes y religiosas en todos los rincones del mundo.

El mensaje está basado en el texto del Evangelio que narra la escena de la mujer que unge con un frasco de perfume muy caro los pies de Jesús en Betania en los momentos previos a la última cena. Ello provoca la reacción de algunos que argumentan lo in justo de ese derroche ya que, dicen que el importe de esa unción podía haber sido destinado a las necesidades de los pobres. Jesús dice entonces que “en cualquier momento podrán ayudar a los pobres puesto que “siempre los hay entre ustedes” dando lugar a que se interprete ello como que no vale la pena trabajar por la promoción de los pobres cuando lo que nos quiere enseñar es la oportunidad de cada cosa. Y sobre todo cómo el texto quiere mostrar la diferencia entre el gesto de esta mujer y lo que Judas ejecuta después que es la entrega de Jesús a los sacerdotes.

CON EL OTRO FRANCISCO

No conforme con este mensaje el Papa Francisco quiere hacer un acto concreto de amor y servicio a los pobres viajando el 12 de este mes a Asís.

Quiere abrazar a 500 pobres de diversos lugares de Europa en ese lugar al cual llegará por quinta vez desde el 4 de octubre, fiesta de San Francisco, del año desde su elección.

En forma visible quiere estar junto con los pobres y expresar que n o es algo insignificante haber elegido ese nombre para “no olvidarse de los pobres” como le pidió el cardenal Humes cuando el conclave había manifestado que sería el obispo de Roma.

Allí también, el año pasado, firmó la encíclica “Fratelli tutti”.

Asís, es una de esas ciudades que ha quedado unida indisolublemente a Francisco: uno se imagina que en cualquier recodo tropezará con la imagen del pobre que lleva su nombre.
Como decía Herman Hesse cuando, después de haber estado allí, escribía: “lo sentí andar a mi lado, el alma colmada de amor insondable, saludando a cada ave y a cada fuente y cada ramo de rosas silvestres con gratitud y alegría”.